Archivos de la categoría ‘Némesis’

Curiosidades, notas y agradecimientos

Publicado: 2 junio, 2014 en Némesis

¡RECOMIENDO NO LEER ESTA PARTE SI NO SE HA LEÍDO EL RELATO COMPLETO!

Curiosidades

– Jack Tacker alias «Némesis», fue mi primer personaje y que interpreté «en serio» en unas partidas del Juego de Rol «Mutants & Masterminds (2ª Edición)». Su trasfondo no era tan profundo como el que he mostrado en este relato, pero sí era Investigador Privado de profesión y también había adquirido su «don» debido a un accidente con residuos químicos. Su identidad también era pública, y su sobrenombre de «superhéroe» venía del mismo nombre que tenía el poder de la lista de disponibles en la creación de personaje.

– Lorenzo Villalobos alias «El Vagabundo Errante», es el segundo personaje que interpreté en otras partidas del mismo JdR mencionado antes pero que no tenían nada que ver con las anteriores. Su trasfondo ya era más completo que el de Jack Tacker/Némesis debido a la trama de las propias partidas (el trasfondo de estas se desarrollaban en una España actual ficticia). En el concepto original dispone de más cosas para ayudarse en su carrera contra el crimen, pero aquí opté por darle un enfoque de «precuela», antes de lo que llegaría a convertirse después.

– Escribir el relato entero me ha costado unas 143 horas, pero solo en escritura de los capítulos. La mayoría de ratos empleados han sido las tardes de Lunes a Jueves entre las 17 y las 20 horas, más o menos. En mi cabeza la idea ya rondaba desde hace unos años, y el resumen de la trama llevaba escrito desde Navidades del 2012. Ya por verano del 2013 había trazado y perfilado a los personajes de manera definitiva.

– Cuando pensé por primera vez en escribir una historia, relato, o lo que fuese sobre Jack Tacker/Némesis, me venía a la cabeza lo que al final acabó siendo parte del Capítulo 12. Cuando imaginaba la escena de la «pelea» en el restaurante, lo hacía de manera que la acción transcurría en cámara lenta y de fondo sonaba la canción «Creep» de la banda británica «Radiohead» mientras saltaban balas, trozos de cosas, golpes por doquier y bastantes gotas de sangre. Jack iba viendo imágenes de su pasado con Susan y todo el entorno de ellos: sus amigos, sus familias, etc.

– El título «No habrá descanso para los malditos» del Capítulo 12 viene de la canción «Ain’t no rest for the wicked» del grupo estadounidense «Cage the Elephant». Obviamente la traducción fue libre y no literal.

– Cuando estaba creando a los personajes, Karen se llamaba Tania. Al final decidí cambiarlo para evitar relacionar de manera graciosa a una amiga mía con dicho personaje (y es que el nombre de Tania me gusta mucho). Lo mismo pasó con Steve, que en un principio iba a llamarse Roberto pero al final deseché la idea para que no se relacionara con uno de mis hermanos, aunque al final le otorgué el nombre de Robert al hermano de Karen que aparece en el Capítulo 11.

– El mayor número de visitas que tuvo el blog fueron 100, el día 16 de Febrero del 2014.

– Al principio pensé en escribir de manera que la historia se fuese desarrollando a través de distintos personajes con sus distintos puntos de vista. Salvando las distancias, quizá algo parecido a lo que hace «George R. R. Martin» en la saga de «Canción de Hielo y Fuego». Sin embargo al final deseché la idea porque la veía compleja para ser mi primer relato «en serio».

– Tuve muchas fuentes de inspiración que al final me llevaron a concebir «Némesis». Entre ellas cabe destacar: la novela gráfica «Watchmen», el libro «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», la trilogía de «Batman» (de C. Nolan), la serie «Breaking Bad», el videojuego «Max Payne 3» (aunque más bien toda la saga) y la ambientación del Juego de Rol de «Mundo de Tinieblas».

Notas

– El relato transcurre entre finales de Octubre y principios de Noviembre del 2009. La referencia que se hace al respecto es cuando Charles Smith habla sobre el nuevo Presidente de los Estados Unidos en el Capítulo 8, refiriéndose supuestamente a Barack Obama. Y es por eso que cuando Jack habla sobre Internet y las Redes Sociales en el Capítulo 13 al explicarle su historia a Vagabundo, podemos entender perfectamente que corría el año 1999 cuando el protagonista sufrió el accidente con los residuos químicos (Por ejemplo, Google fue fundada en el 1998 y YouTube en el 2005, y eso ya nos hace una idea de cómo era Internet la época a la que Jack se refiere).

– El Vagabundo Errante (Lorenzo Villalobos) no es Oriental. De hecho es un personaje ficticio Español, nacido en Toledo para ser exactos. Su nombre viene de mi primer apellido.

– Se supone que Vagabundo Errante habla de manera calmada, serena y con mucha educación (salvo cuando suelta algún insulto). Cuando dice «señor Jack», en realidad es como si estuviese diciendo «Jack-san», como diría un educado Japonés al dirigirse a otra persona. Siempre me imaginé que hablaría de una manera similar a la que lo hace «Itachi Uchiha», en su voz japonesa original.

– Hay varios significados para el color blanco en cuanto a los dragones de la Mitología China. Se decía que estos eran los más nobles y benévolos, y que por ello solían evitar los enfrentamientos. Sin embargo eran tenaces y extremadamente agresivos en caso de verse obligados a defenderse. No se sabía mucho con respecto al color negro debido a que eran la «raza» más extraña, pero había quién decía que se les asociaba con el silencio, el infinito y el misterio. Hay otro significado alrededor de ese color y alejado de los dragones que decía que nos impide cambiar y crecer como personas porque es un color que nos ayuda a aislarnos y escondernos del mundo. En China y Japón el dragón representa poder espiritual, un símbolo muy antiguo con poder terrenal y celestial de conocimiento y fuerza.

– El título de los Capítulos 9, 10 y 11 son metáforas sobre lo que le ocurre al protagonista.

– En el Epílogo se menciona a Amanda, que es la hermana de Alisa y una integrante del grupo «Fuerza de la Libertad». Este grupo está formado por el Vagabundo Errante (a quién ya conocemos, aunque luego conseguía un dispositivo que le permitía manipular la gravedad), Torre (un genio de la tecnología con su propia armadura de combate), Miura (el hombre fuerza-bruta del grupo), Artillera (una mujer con capacidad de absorber la energía y utilizarla como arma, a parte de volar y tener fuerza sobrehumana), Dynamo (otro genio de la tecnología del cual aún se tienen muchas incógnitas sobre él) y la antes mencionada Amanda (con capacidades telepáticas y telequinéticas). Estos personajes fueron interpretados por amigos míos.

– La indumentaria de Jack Tacker en teoría es muy semejante a la que porta el actor «Nikolaj Coster-Waldau» en su papel de «John Amsterdam», en la cancelada serie de «New Amsterdam».

– Cuando empecé a crear la historia, lo hice por el final. Es por eso que seguramente se note que las partes cercanas a lo último están mejor desarrolladas.

Agradecimientos

– A todos aquellos y aquellas que han invertido o malgastado su tiempo en leer la extraña historia de Jack Tacker, alias «Némesis». Ya sean las personas que conozco o las que no conozco pero que sé que han entrado por las estadísticas del blog. Doble agradecimiento para los que esperaron en vilo cada semana para ver como continuaba la historia, al estilo de una serie de televisión.

– A las personas que habéis comentado.

– A Thaïs, por regalarme años atrás un libro muy importante que me ayudaría a hacer de esto algo decente y por supuesto impulsarme definitivamente a ello.

– A mi hermano Javi, por quedarse despierto hasta tarde por mí, y repetirme en todo momento que por favor no dejara el relato sin acabar.

– A mi hermano Roberto, por leer hasta el Capítulo 3 y decir que prefería esperar a que estuviese acabado para leerlo entero, porque no quería «engancharse» y tener que esperar cada semana para leer un capítulo.

– A Tania y Anna B, por comentar por a través del móvil cada capítulo según iban saliendo, haciéndome reír con sus especulaciones de por dónde iba a seguir la trama cuando yo ya la tenía toda pensada y con el boceto escrito.

– A los que disfrutaron conmigo en aquellas distintas épocas en las que Némesis y Vagabundo Errante eran fichas encima de una mesa, y podíamos interpretar cada uno su papel en una partida de Rol.

 

Epílogo

Publicado: 28 mayo, 2014 en Némesis

Epílogo

Kate jugaba en el parque junto a otros niños mientras Jack la observaba, sentado en uno de los bancos que había cerca. Rosa, que ya se había hecho toda una mujer, estaba de pie y a pocos metros de la pequeña, incluso jugando con todos los niños que podía.

El Investigador las miraba con ternura y de vez en cuando no podía evitar sonreír a pesar de mostrarse serio en casi todo momento.

-¿Se puede? –le sorprendió un poco una voz masculina, pidiendo permiso para sentarse a su lado.

El hombre que había pedido permiso era mayor, seguramente ya habría pasado la sesentena. Iba vestido con un traje y se apoyaba levemente con un bastón, aunque no parecía que le fuese estrictamente necesario. Su cabello era escaso y lo llevaba corto, del color grisáceo típico por el paso de los años. Su piel era bastante clara y su complexión demostraba que tiempo atrás seguramente se había dedicado al trabajo físico. Le acompañaba una mujer, que si no había pasado la treintena seguramente estaría muy cerca. También iba vestida con traje pero con una falda en lugar de pantalones. Su piel era oscura, seguramente parte de una ascendencia afroamericana, y llevaba el pelo recogido en la coronilla de manera que le caía algún mechón por delante. No cabía ninguna duda de que era atractiva físicamente, y por alguna razón a Jack le resultaba familiar, como si ya la hubiese visto antes. Sostenía una carpeta con una de las manos.

-Por supuesto –respondió.

El Investigador miró de reojo a la pareja cuando el hombre tomó asiento, sin embargo la mujer se quedó de pie observando con tranquilidad los alrededores. Jack no le dio más importancia y continuó mirando a su pequeña como jugaba con los demás niños.

-Crecen muy deprisa –dijo el hombre sin apartar la vista de enfrente.
-La verdad es que sí.
-¿Quién es…?
-¿Mi hija? Esa de ahí –señaló vagamente-, la del cabello cobrizo. Se llama Kate, y hace poco cumplió los diez.
-¿Kate? Un nombre típico pero bonito, sin lugar a dudas.
-Gracias. Se lo pusimos por mi madre.
-¿Y la chica que hay al lado de la pequeña también es su hija?
-No, diablos… -sonrió Jack al oír la pregunta- Es la hija de un amigo mío, casi como si fuese mi sobrina de hecho.
-Vaya, disculpe mis modales… Soy el Coronel Leo Campbell –dijo antes de hacer ademán para estrecharse la mano con Jack.
-Un placer… -hizo lo propio mientras le estrechaba la mano al hombre para presentarse después- Soy Jack Tacker.
-Y ella es… la señorita Alisa –señaló levemente a la mujer con la palma de la mano para presentarla.
-Como usted ha dicho: un placer –dijo ella.

El Investigador asintió con la cabeza y luego volvió a fijar la mirada hacia Rosa y Kate.

-Y dígame, Jack. ¿No viene con su mujer? –volvió a preguntar Campbell.
-No, no. No tengo pareja. Su madre vive en Chicago y no estamos juntos… es solo que este fin de semana me tocaba cuidar de mi hija.
-Lo siento.
-No se preocupe, lo llevamos bastante bien. Está todo superado.
-Me alegra oírlo.

El sonido del viento agitando suavemente las ramas de los árboles creó una pausa entre ellos. Alisa se llevó las manos al vientre y cruzó los dedos entre ellos a la vez que apoyaba la carpeta en su cuerpo, mirando después fijamente a Jack.

-Quisiera hablar con usted, señor Tacker. Si es que de verdad usted es Jack Tacker, o más bien dicho: Némesis.
-Lo es –afirmó Alisa interrumpiendo-. Lleva impidiéndome que entre en su cabeza desde que nos hemos visto.
-No te ofendas mujer –dijo Jack algo a la defensiva-, pero en lo que respecta a meterse en mi cabeza debo decirte que es algo que no me gusta nada. Pero no te preocupes, es algo personal por experiencias de la vida. En cuanto a usted, Coronel –se dirigió a Campbell-, no sé qué es lo que quiere hablar pero ha de saber que el Ejército no me gusta nada y no quiero tener ninguna relación con él. Y todo esto si es que de verdad usted es Coronel, porque me extraña que no vaya mostrando sus medallas.
-Lo cierto es que no lo soy –dijo sonriente-, y si busca sobre mí encontrará que fui expulsado del Ejército con deshonor hará más de veinte años. Así que lo de Coronel tan solo es un mote.
-Mire, tienen de tiempo para decirme lo que quieran hasta que mi hija y mi sobrina, la cual le advierto que es policía, vuelvan aquí. Y tampoco le aseguro que vaya a escucharles.

Campbell hizo un gesto y Alisa le pasó la carpeta. Luego la abrió y sacó unos documentos impresos que después mostró al Investigador.

-Llevo mucho tiempo siguiéndole, Jack. Mucho más del que usted creería. Y su carrera habla por usted, con creces.
-¿Mi carrera? –preguntó algo escéptico antes de tomar las hojas y ojearlas por encima.
-Después de la caída de la banda de Charles Smith, según tengo entendido y gracias a la recopilación de toda la información que hemos estado recuperando… Usted estuvo ayudando oficialmente a la policía, ¿cierto?

Los papeles incluían noticias, testimonios, estadísticas, números… Un sinfín de cosas bien y ordenadamente recopiladas sobre las actuaciones de Némesis en los últimos años.

-Cierto –contestó Jack después de suspirar de manera pesada mientras aún ojeaba la documentación-. Estuve ayudando a mi amigo Steve en numerosas investigaciones. Aceptaron que mis cualidades podrían ser útiles para la lucha contra el crimen.
-Y tomaron la decisión correcta. Pues tengo entendido que con la caída de los criminales americanos esta ciudad se convirtió en un campo de batalla.
-Así es. La Mafia Italiana, la Irlandesa, la Triada, la Bratva… Para ellas la ciudad volvía a ser un pastel que repartirse tras haber quitado de en medio a Smith y sus lacayos más importantes.
-Todo está ahí –dijo Campbell tras tocar levemente con la punta del dedo en los papeles-. Y no me cabe duda de que hicieron un buen trabajo sabiendo que usted puede traer a su hija al parque sin ningún tipo de represalias. Sin embargo… solo he encontrado información sobre esto en un periodo de ocho años, y han pasado diez desde que todo aquello empezó. ¿Qué hay desde hace dos años hasta hoy?
-Quiere saber por qué lo dejé. ¿Verdad? ¿No lo pone aquí?
-Me gustaría escuchar la historia de verdad, señor Tacker.

Jack recogió todos los papeles y los junto con cuidado mientras su semblante se volvía algo sombrío. Al cabo de unos instantes alargó el brazo para darle los papeles a Alisa y luego miró al Coronel.

-Hace dos años Steve murió en una redada. Siempre teníamos todo perfectamente planificado y yo hacía de escudo, pero ese día… ese maldito día una de las balas que me dispararon rebotó en mi cuerpo y en vez de detenerse… le dio a él. Tuvo la mala suerte de que el metal le atravesó la garganta y a pesar de todos los intentos por salvarle no pudieron hacer nada por él.
-Siento lo de su amigo.
-Mire, quiero saber quién coño son y por qué están aquí –dijo Jack en un tono algo intimidatorio.

El hombre y la mujer se dirigieron unas miradas y este terminó asintiéndole a ella.

-No tenemos un trabajo normal. Verá, dirijo a un grupo de personas con cualidades especiales, poderes, aptitudes sobrenaturales, dones… como desee llamarlos. De hecho, la mujer que tiene aquí presente –volvió a señalar a Alisa con la palma de la mano-, es capaz de leer las mentes, controlarlas, volar con sus capacidades telequinéticas…
-¿Y?
-Que como bien sabrá, usted no es único. De hecho ya se ha encontrado a más personas con este tipo de poderes durante estos años y ha sabido enfrentarse a ellas.
-¿Y cuales son sus «cosas especiales», Coronel?
-No poseo –respondió directo-. Tan solo dirijo.
-¿Entonces qué quiere? Porque aún no me ha dicho a que se dedican.
-Nos dedicamos a ir un paso por delante de las personas que quieren perjudicar a este país. Asestamos los golpes antes de que puedan verlos llegar.
-Un atajo de patriotas.
-No, Jack –se dirigió a él por su nombre-. Si fuese un patriota estaría en el Ejército y no preocupado por lo que le pueda pasar a su hija y a todas las personas que hay ahora mismo jugando en ese parque.
-Lo siento, pero lo dejé. Ahora tan solo quiero ser el padre que mi hija necesita y no ese que la llama para disculparse por no tener tiempo para ir a verla. Contacte con el Vagabundo Errante si quiere ayuda de ese tipo.
-No me interesa la «Fuerza de la Libertad», Jack. Además, ya tengo lo mejor que hay en sus filas, pues Alisa es la hermana gemela de Amanda y sus aptitudes son exactamente las mismas.

El Investigador cayó entonces en por qué le sonaba la mujer, pues había visto varias veces a Amanda por la televisión cuando el grupo del Vagabundo Errante había sido noticia. «Fuerza de la Libertad» se llamaban, y habían conseguido todos los objetivos en su lucha para liberar aquel pequeño país del crimen y la corrupción política.

-De verdad, no puedo hacer esto. Búsquese a otro, Coronel.
-De acuerdo. Le demostraré entonces por qué vamos, y por qué debemos ir un paso por delante.

Campbell hizo otro gesto a su acompañante y esta sacó una foto de la carpeta para después pasársela a Jack. En ella se veía un primer plano de una mujer con media melena, de cabello oscuro y los ojos tapados por unas gafas de sol. Curiosamente, también le resultaba algo familiar.

-¿Quién es? –preguntó directo.
-Nos ha costado dar con ella. Hace años usaba mucho disfraz convencional, pero desde hace tiempo, y de algún modo, consiguió tecnología que la hace capaz de cambiar de apariencia engañando a quién se lo proponga.
-¿Pero…?
-Es la mujer que asesinó a su amigo, el señor Marcus Foreman.
-Por eso me sonaba de algo, no sé, ese mentón… Las únicas imágenes que había de una cámara de seguridad cerca del apartamento.
-Es una profesional, por eso ni siquiera le sirvió a la policía que Charles le diese una descripción o la manera en la que contactó con ella.
-Maldita sea… -maldijo Jack antes de suspirar- Mire… Todo eso está superado. Se detuvo a los implicados, y…

Le devolvió la foto antes de acabar la frase.

-No le culpo por su actitud –dijo Campbell-, todos queremos tener paz en nuestra vida. Sin embargo hay otra cosa que debería saber, continuando con el tema de ir un paso por delante.
-¿Y cual es?
-El Gobierno tiene un plan en marcha y pronto saldrán nuevas leyes para regular a las personas como usted.
-No me importa en absoluto lo que haga el Presidente.
-No creo que eso sea así. Porque es cierto que usted goza de una gran invulnerabilidad en ese sentido gracias a lo que su amigo consiguió, pero que me dice de… ¿su hija?

Jack apartó la vista del hombre para mirar a la pequeña. La imagen de que ella pudiese ser objetivo de cualquiera de los tejemanejes que estuviese planeando el Gobierno le hizo estremecerse. Justo en ese instante, Rosa cogió de la mano a Kate y ambas comenzaron a caminar de vuelta hacia el banco.

-Entonces… -comenzó a decir Jack antes de girarse a Campbell- ¿No trabajan para el Gobierno?
-No exactamente. El Presidente sabe de nosotros pero legalmente no existimos. Si pasa algo, no tenemos ningún amparo y él negaría todo conocimiento. Lo que a fin de cuentas, significa que, nos gestionamos nosotros mismos…
-¿Y entonces podrían ayudarme con esto?

El Coronel se levantó y acto seguido sacó una tarjeta de su bolsillo, que sin perder ni un momento se la acercó a Jack y este último la tomó.

-Podemos ayudarle, y usted puede ayudarnos a nosotros con la mujer de la foto. Verá, hace un rato usted me dijo que quería ser el padre que su hija necesita… Pues si de verdad quiere serlo, entonces será mejor que empiece a ir un paso por delante.

Campbell se encaró hacia Alisa y ella le tomó el brazo, como si fuese necesario su ayuda para que él pudiese caminar. Justo cuando iban a empezar a alejarse, él volvió a dirigirle unas palabras a Jack.

-En la tarjeta tiene mi número por si lo estima necesario. Buena suerte, señor Tacker… Y gracias por la charla -cabeceó de manera cortés al final.

El Investigador los miró marcharse y luego se levantó para recibir a Kate y Rosa, mientras tanto jugaba con la tarjeta entre los dedos de una mano, algo pensativo.

-¿Estás bien, tío Jack?
-Sí. Tranquila Rosa, no es nada… -respondió él tras mirarla y dedicarle una fugaz sonrisa.
-¿Es por ese hombre y esa mujer que estaban aquí? –volvió a preguntar- No estoy de servicio pero puedo llamar a la comisaría y…
-No, en serio, no te preocupes.

Después de las palabras cogió a su hija en brazos para mirarla a la cara.

-Bueno… ¿Y qué toca hoy?
-Papá… No me cojas así que ya no soy tan pequeña… -dijo ella tras taparse la cara con las dos manos.
-Oh, vamos… ¿Eso significa Pizza?
-¡Pizza! ¡Sí!
-Vale, pero ni una palabra a tu madre… Que luego siempre me echa bronca por teléfono y al final tendré que decirle que de tanto gritar le saldrán arrugas y se pondrá fea…
-¡Le diré esto que me acabas de decir! –exclamó Kate con el énfasis de la felicidad.

No pudo evitar sonreír y luego tomó una mano de la pequeña mientras Rosa tomaba la otra. Y justo antes de empezar a caminar, Jack echó un vistazo hacia atrás, observando brevemente como aquel hombre y aquella mujer se iban alejando…

Capítulo 13: Némesis

Publicado: 25 mayo, 2014 en Némesis

Capítulo 13: Némesis

Me sentía débil. Me concentré en Green y mi cuerpo cambió, incluso me dio algún tirón por la herida, provocándome algo más de dolor. Si a ella se le ocurría abrir fuego yo podía evitar que me abatiera, pero no sería capaz de defender a Vagabundo. Así que poco a poco las opciones que tenía se iban disipando y no tenía claro qué hacer.

-Es cierto que el señor Jack ha infringido la ley en varias ocasiones, detective –comenzó a decir el encapuchado-. Pero debemos dejar que llegue al final de su camino.
-¡No! –gritó ella- No puedo permitirme que hagan daño a mi familia.
-Podréis matarme, pero no conseguiréis detener al señor Jack. Y sois perfectamente consciente de ello.

Empecé a marearme un poco. Noté cómo Vagabundo se dio cuenta e hizo por cargar mi cuerpo un poco mejor. No dejaba de asombrarme las capacidades de aquel hombre, en todos los aspectos.

-Apártese de él. Es una orden –dijo ella.
-Si de verdad tenéis aprecio a vuestra familia entenderéis que para que todo esto se solucione, el señor Jack no ha de ir a comisaría.
-Green… -dije algo apagado- Te prometo que mañana lo solucionaré. Pero por favor, ayúdanos…
-Decidme, detective. ¿Cuan orgullosa estaría vuestra familia si de verdad supiese las cosas que habéis hecho? Estoy seguro de que la tienen por una excelente defensora de la ley y el orden.

Avanzó unos pasos más y entonces vimos claramente como quitó el seguro de la pistola con un leve «clic» entre el silencio. Yo ya lo veía todo perdido al darme cuenta también que mi cuerpo se iba relajando de nuevo. Pero algo nos sorprendió, pues la puerta de casa de Steve se abrió de repente y la pequeña Rosa salió corriendo hasta colocarse delante de mí y de Vagabundo.

-¡No le haréis daño al tío Jack ni a su amigo! –exclamó la pequeña antes de abrir sus brazos en cruz.
-¡Rosa! –exclamó su madre desde la puerta, aguantando además a la pequeña Lily para que tampoco saliese corriendo como su hermana mayor.
-¡No salga de casa, señora López! –volvió a ordenar Green.

Fueron segundos aunque a mí me parecieron minutos. Finalmente la detective bajó el arma y se dirigió sin duda alguna hasta nosotros. Una vez al lado, arrimó su hombro para ayudar a Vagabundo a cargar conmigo.

-Malditos seáis –dijo sin mirarnos-. Vamos a mi coche, en mi casa estaremos bien y podremos echar un vistazo a esa herida. No se preocupe por su marido –se giró un poco para dirigirse a Andrea-, solucionaremos esto.

Andrea recogió a sus hijas y se metieron rápidamente para casa. Vagabundo se puso en el asiento de atrás conmigo y me ayudó a taponar la herida todo lo que pudo. La detective no articuló palabra y finalmente llegamos a su apartamento. Allí entre ambos pudieron tratar la herida e incluso poner puntos, pero me fue imposible no caer rendido debido al cansancio y el castigo que le había dado a mi cuerpo en solo unas horas. Antes de dormirme pude escuchar cómo ellos conversaban en otra habitación, sin saber muy bien de qué.

Cuando abrí los ojos ya vi que era de día por la luz que entraba, aunque las nubes seguían tapando el cielo y no dejaba de llover. El encapuchado estaba sentado cerca de la ventana, como un felino que contemplaba el exterior esperando ver algún ave.

-Es la primera vez que te veo sentado… -dije antes de frotarme la cara e intentar sentarme en la cama.
-Eso no es cierto –dijo-. Me visteis en vuestro vehículo hace unos días, incluso hace unas horas en el del detective López.

No pude evitar sonreír ante lo que dijo. Él siempre tenía palabras para cualquier cosa, aunque no siempre las utilizara.

-¿Y Green? –pregunté.
-La señorita Rebecca descansa en otra habitación, le dije que fuese a descansar.
-¿Has dormido?
-No, tan solo he podido meditar un poco. He estado vigilando en todo momento.
-¿Por qué?
-Ella recibió órdenes sobre vuestra búsqueda y captura, esta vez por parte de la central de policía.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque dejasteis un rastro en el local del señor Smith y obviamente no se creyeron la historia del señor López. La señorita Rebecca os ha encubierto.
-Joder… -me froté el mentón antes de suspirar- ¿Y ahora qué?
-Que según lo que me explicasteis ayer, tan solo disponéis de dos horas para acudir a vuestro encuentro.

Poco a poco fui recordando todos los hechos hasta ahora, acabando al final en la conversación que había tenido por teléfono con Scott Lance. No dejaba de preguntarme por qué él había hecho todo eso, y yo sentía una rabia por dentro que no sabría si sería capaz de controlar. Susan y Marcus habían muerto por su culpa, e incluso Steve también estaba en problemas. Y aunque Karen había escapado de todo aquello, sabía por dentro de mí que la podía perder. Todo era una mierda enorme, pero tenía que verle para acabar con todo esto.

Intenté salir de la cama para terminar de comprobar mi estado y aunque la herida me tiraba un poco, no me encontré del todo mal. O ellos habían hecho un muy buen trabajo o yo me recuperaba favorablemente. De paso me di cuenta de que me habían cambiado de ropa por completo, y supuse que me habían vestido con cosas del marido de ella.

-¿Me vais a explicar por qué el señor Lance tiene esa obsesión con vuestra persona? –preguntó Vagabundo tras seguirme con la mirada.
-No lo tengo claro.
-Esa no es una respuesta que me sirva.
-Como si tú me dieses siempre las respuestas que yo quiero…
-Vamos señor Jack, no hemos intercambiado los papeles en ningún momento.
-Verás… Es cierto que no lo tengo claro –me dirigí hasta otra silla para tomar asiento, cerca de él-. Pero creo por algún motivo debe de estar enfadado.
-¿Tiene relación con vuestro don?
-Supongo, es la única relación que veo.
-Continuad.
-Tenemos que remontarnos a más o menos unos diez años atrás, cerca de once ya, cuando yo trabajaba en el almacén de la empresa Lance Chemicals. Mi faena era cargar y descargar camiones con residuos químicos, colocándolos en unos compartimientos especiales, como una especie de cajas fuertes para evitar accidentes. Pero un día no se revisó bien la seguridad de uno de ellos y a la hora de cargarlo me caí dentro de él, tumbando a la vez varios bidones que se abrieron y esparcieron varios líquidos dentro. El sistema de seguridad bloqueó aquello y yo quedé atrapado y sumergido durante un buen rato, aunque no sería capaz de decirte cuanto porque perdí el conocimiento.

Señalé una jarra con agua que había cerca y Vagabundo me la acercó. Eché un par de tragos tras llenar un vaso y luego le ofrecí, negándose con un gesto de la mano.

-Lo siguiente lo sé porque me lo explicaron, ya que estuve casi medio año en coma. Me tuvieron enchufado a una máquina y perdí mucho peso, me quedé casi en los huesos ya que la mezcla de residuos me había perjudicado mucho. Durante todo ese tiempo, Marcus cargó contra Lance Chemicals e incluso utilizó a la prensa para favorecerse. Scott Lance no se negó a pagar una indemnización por los daños y a hacerse cargo de toda la culpa, pero a mi amigo no le pareció suficiente y fue apretando más y más, incluyendo además el pago de todos los costes hospitalarios porque yo no tenía un Seguro. Al final Marcus consiguió lo que quería, una grandísima suma de dinero para que a mí y a Susan no nos faltara de nada durante muchos años.
-¿Y cómo es que estáis tan bien ahora?
-Casualmente me recuperé poco tiempo después de obtener el dinero. Mi cuerpo fue recuperando su forma física con el paso de los días y los médicos no daban crédito de ello. Los mismos residuos que me habían destrozado, después me ayudaron y cuando desperté me sentí mucho mejor.
-No creo que fuese tan fácil. Aunque me sorprende que la noticia no diese la vuelta al mundo entero.
-No lo fue. En seguida se presentaron agentes del gobierno para trasladarme a otro lugar, alegando que de alguna manera yo podría ser de «gran importancia» para la ciencia -gesticulé las comillas con los dedos de una mano-. Pero Marcus fue muy listo, y no tardó en echar mano a las Enmiendas de los Estados Unidos, haciendo público a través de la prensa las intenciones que tenían conmigo y lo que el propio Gobierno podría llegar a violar. Eso los alejó rápidamente y mi amigo incluso me consiguió algunas cláusulas especiales como ciudadano, haciendo que fuese penable el simple hecho de sacarme sangre sin mi consentimiento. La noticia hizo eco durante unas semanas pero al final todo el mundo volvió a mirar como si nada hacia otro lado, por la sencilla razón de que el hecho no llamó mucho más la atención.
-Le debíais mucho al señor Foreman, entonces.
-Aún le debo. Él tan solo quería asegurarse de que Susan y yo tendríamos una vida normal. Y en gran parte lo consiguió.
-¿Qué acabó pasando con la empresa?
-Scott Lance decidió cerrar antes de que todo fuese a mayores. Entonces pagó a sus trabajadores y luego se retiró a Miami con su familia.
-Quizá quiera vengarse por haberse visto obligado a perder su negocio.
-Pero si ni siquiera lo conozco en persona. Lance Chemicals era muy grande y él estaba con la gente de traje, por encima incluso de todos los científicos que tenía trabajando. Yo era un operario más en el almacén y ni siquiera tenía un cargo importante.
-Tendréis que verle para esclarecer todo esto.

No tenía claro si lo que quería era esclarecer todo esto o simplemente agarrarlo por el cuello hasta asfixiarlo. No dejaba de cuestionarme qué era lo que debía de hacer porque no tenía claro como acabaría si me tomaba la justicia por mi mano, aunque eso echara aún más tierra por encima a todo este asunto.

-Y si te dijese que… -comencé a decir y dejé unos segundos de pausa- ¿Quiero matarlo?

Vagabundo se giró para mirarme y de esa manera apartó su vista de la ventana.

-¿Habéis matado alguna vez, señor Jack? –preguntó directo.
-Supongo que indirectamente hice una buena escabechina la noche anterior… Aunque estaba totalmente descontrolado.
-No. Os estoy preguntando si habéis matado alguna vez, de manera intencionada. La forma en que luego os cambia la vida.
-Sí… Una vez. Fue poco después de salir del hospital, ya recuperado. Unos meses después conseguí volver a tener una vida normal, hasta que un día… un hombre nos atracó por la noche.
-¿Os referís al hecho que impulsó a Susan a romper vuestra relación?
-Exacto. Lo que pasó fue que nos asaltó un hombre con una pistola que no se contentó solo con llevarse todo lo que teníamos de valor, ya que también intentó abusar de Susan, y en el momento en que iba a enfrentarme a él me disparó varias veces. Mi cuerpo había cambiado antes de recibir los balazos porque sin darme cuenta me había centrado en él, y aunque me había tumbado, fui capaz de levantarme y luego machacarlo a golpes preso de la ira. A veces, aún tengo pesadillas recordando ese momento, escuchando sus huesos romperse como pequeñas ramas de un árbol…

Un par de imágenes me vinieron a la mente recordando aquel momento.

-Y… Susan acabó asustadísima. Incluso llegó a decirme que era un monstruo por lo que había hecho, y no la culpo por ello. Por suerte todo acabó bien dentro de lo que cabía, ya que él era un criminal reincidente, lo que me ayudó a salir casi ileso del problema en que me había metido. Y por supuesto y una vez más, Marcus hizo todo lo posible conmigo, incluso la propia Susan y Steve.
-¿Y esa vez tampoco se habló de la noticia?
-Poco, muy poco. En aquella época Internet no era lo que es ahora y las Redes Sociales prácticamente ni existían. También es cierto que no dejé que se diera mucha importancia al asunto porque me mostré bastante silencioso al respecto con la prensa.
-Entonces no os sentís bien por haber matado aquel hombre, aún así de todo lo que pasó y que quería hacer.
-La verdad es que no, pero lo hice –cerré los ojos al terminar la frase.

Vagabundo no dijo nada más sobre eso, pero al cabo de unos instantes de silencio decidió tomar la palabra de nuevo.

-Hay una cosa muy importante que he aprendido en todos mis viajes, señor Jack. Y me gustaría compartirla con usted.
-¿A qué te refieres? –pregunté tras abrir los ojos para mirarle.
-La única manera de cambiar este mundo es a través de los niños. El mundo es imposible de cambiar a través de la política, las guerras, o modificando los ideales a los adultos. Estuve en un lugar dónde a los niños desde muy pequeños, a una edad tan temprana que provocaba tristeza al verles, ya portaban armas. Ellos habían sido manipulados de manera inconsciente por sus mayores, haciéndoles que arrastraran un odio por otros semejantes que simplemente pensaban de manera distinta. Y esos niños, algún día crecerán y retransmitirán todo ese odio, esas ganas de matar, tan solo porque alguien les mostró ese único camino. El mundo sería un lugar mejor si a los niños se les enseñara que no hay colores, ni banderas, y que todos somos iguales aunque pensemos de manera distinta, porque ellos algún día crecerán y podrían retransmitirlo.
-¿Por qué me explicas todo esto?
-Estáis esperando un bebé, tal y cómo me dijisteis. Así que antes de tomar cualquier decisión, pensad bien qué es lo que le enseñaréis cuando crezca y llegue el momento de hacerlo.

Aunque entendí muy bien lo que trató de decirme, en aquel momento me fue imposible reflexionar nada. Luego le puse una mano en el hombro de manera afectiva y le asentí con la cabeza.

Me di una vuelta por la habitación hasta dar con un cuadro familiar. En él se veía a Green junto a su marido, y en medio de ellos había un crío. Todos se abrazaban y sonreían ampliamente.

-Mi marido, Flint. Y el de en medio es mi hijo, Matt –dijo Green tras aparecer por la puerta y ver que yo estaba observando la foto.
-Oye… Lamento haberte metido en esta situación y más después de que empezáramos con tan mal pie aquel día.
-No importa, Tacker. Por alguna razón que desconozco he decidido creer en ti, ciegamente, como siempre ha hecho el cabeza hueca de López.

No pude evitar sonreír levemente al escuchar ese comentario sobre Steve.

-Gracias por cobijarnos aquí, y por lo de la herida.
-Fue cosa de él –señaló a Vagabundo con un leve gesto en su dirección-, aunque yo también puse bastante de mi parte. Antes de entrar en el cuerpo de policía estuve de voluntaria en varios sitios de ayuda humanitaria, y allí tuve que aprender muchas cosas.
-¿Y dónde están ellos? –señalé la foto.
-Están de viaje por la Costa Oeste. Verás… Le diagnosticaron un cáncer a mi marido y no le dieron más de un año. Así que decidió aprovechar el resto de su vida disfrutando de su familia.
-Oh, vaya… lo siento.
-Es por eso que hice lo que hice, porque me era imposible pensar que los sicarios de Smith mataran a mi marido y entonces mi hijo no pudiese disfrutar sus últimos momentos con él. Y… es ahí dónde yo debo disculparme.
-Todos pagarán, Green. De una manera o de otra.
-Supongo –dijo tras asentir y secarse un poco los ojos con un pañuelo.

Vagabundo se puso de pie y se acercó a nosotros.

-Es hora de que me vaya. Iba a pedirte que vinieses pero no quiero echarlo todo a perder –le dije al encapuchado.
-Debo ir. Yo también tengo un círculo que cerrar y un viaje que debe llegar a su fin, pues si todo es como creemos Dragón Negro debe de estar con el señor Lance.
-Pero él me dijo que si iba acompañado…
-No me verá llegar –interrumpió decidido-, y si mi rival está allí sabrá de sobras que ha llegado el momento en que debamos enfrentarnos.
-Yo iré a comisaría –dijo Green-. Voy a ver qué puedo hacer por López y trataré de daros un poco más de tiempo desviando alguna que otra patrulla. Pero sabed que tarde o temprano tendremos que caer sobre vosotros.

Tras separarnos me dirigí a la antigua Lance Chemicals, aquel edificio en el que ya había estado días atrás y que seguía manteniéndose casi derruido, que parecía a punto de desplomarse por completo. Por suerte no me encontré con ninguna patrulla por el camino y la ropa del marido de Green me ayudó mucho a pasar desapercibido.

Y ahí estaba frente a aquel edificio que tantos recuerdos del pasado me traía. Tal y cómo Scott Lance dijo por teléfono, el lugar «dónde todo empezó». La lluvia caía y mucha de ella se filtraba por los agujeros del techo, que eran los mismos que hacían que entrara suficiente luz como para ver aunque no de manera generosa. No vi a nadie por la planta baja y entonces subí hasta arriba, el lugar de las oficinas y los laboratorios. Una vez por esa zona, me pareció ver una figura en lo que había sido una vez el despacho del director. Avancé con cautela y poco a poco iba viendo mejor a esa persona debido a que la puerta estaba abierta de par en par hacia dentro. Mi sorpresa fue encontrarme a Karl, que miraba distraídamente por una de las ventanas que daban al exterior y que curiosamente aún conservaban los cristales.

-¿Karl? ¿Qué diablos estás haciendo aquí? –pregunté muy extrañado.

El alemán se giró completamente y puso sus manos a la espalda, con gesto relajado.

-No sé, esperaba que usted me lo dijera, Jack… -dijo con su acento particular.
-¿Qué…? ¿Pero quién…?
-Eres más estúpido de lo que creía.

Su voz cambió por completo en esa última frase, su acento dejó de existir y sonó igual que el supuesto Scott Lance con el que había hablado por el teléfono la noche anterior. Entonces lo entendí. La documentación que Marcus quería darme y que me entregó Lisa en el funeral: era una prueba de esto.

-¡Tú! –lo señalé furioso.
-¿Ahora sí?
-¡Voy a destrozarte!
-Pensaba que habíamos quedado para hablar… -sonrió de forma malévola.
-Me da igual lo que digas, estás acabado.
-Lo sé, Jack. En realidad hace muchos años que acabaste conmigo.
-Nada de lo que digas te va a salvar, te lo aseguro. Y quiero saber por qué has hecho todo esto.
-¿Qué por qué? ¿En serio me lo estás preguntando?
-¡Sí!
-Porque destrozaste mi vida.
-¡Yo no hice nada!
-Oh, espera, ¿acaso tienes quince años? ¡Madura! ¡Todo esto es por tu culpa!
-¡Explícate de una puta vez maldito hijo de puta!

Karl, o Scott, quién quiera que fuese tomó asiento en la maltrecha silla y detrás de la mesa.

-La empresa podría haber continuado de haberme comportado de manera egoísta con los trabajadores, pero no lo hice –empezó a relatar-. Antes de verme sumergido en deudas que no podría pagar decidí liquidar todo lo que pude para evitar problemas mayores. ¿Pero qué pasó? Que tanto mi mujer como mis dos hijos vieron que de repente toda la vida de lujos que estaban llevando se les iba a pique. Ella no pudo soportarlo y decidió abandonarme, dejarme solo, divorciarse. Y en el estado que yo me encontraba el juez determinó que era incapaz de hacerme cargo de los niños. Hasta ahí todo bien, pues no podía sin más aceptar las repercusiones por haberme hecho cargo completamente de tu accidente y de haber dejado todo lo mejor posible.
-¿Y qué?
-Que te vi en las noticias, por la televisión. Estabas en perfecto estado y todo el mundo decía que te habías recuperado de manera milagrosa y hasta habías sido capaz de aguantar varios disparos de una pistola sin ni tan siquiera recibir un rasguño. ¿Qué era lo que yo te había pagado? ¿Una capacidad sobrehumana que muchos desearían tener?
-No fue del todo así. Lo pasé muy mal.
-¿Ah sí? Pobrecito. Dime Jack, ¿en algún momento se te pasó por esa cabecita llena de serrín el hecho de contactar conmigo para saber cual era mi estado tras haber perdido una empresa familiar que se traspasaba de generación en generación? ¿O simplemente preferiste mirar hacia otro lado al estar de fábula y no tener que trabajar en muchos años? Porque ni siquiera has invertido ese dinero en algo útil, eres tan tonto que se está pudriendo en cualquier banco.
-Decidí dejar todo de lado, olvidar el pasado.
-Gracias a ti muchos trabajadores se quedaron sin su puesto de trabajo y yo me vi metido en una gran montaña de mierda. Al principio me volví loco al ver que iba cuesta abajo y sin frenos, pero al final… al final vi claro lo que tenía que hacer. Desde ese preciso momento te convertiste en una retorcida obsesión, yo ya me sentí como un muerto viviente que no tenía nada que perder y por ello empecé a trabajar sobre cómo podía vengarme de ti.
-¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo llegaste a todo esto?
-Conseguí reunir todo el dinero y con ello empecé a invertirlo de manera fraudulenta. Alguien me daría más dinero del que obtendría a cambio, o ni tan siquiera llegaría a recibirlo, multiplicando de manera rápida todo mi capital y alejándolo todo lo posible de este país. Con esa bonita forma de dar a un lugar, recibir de otro, y con ello pagar, haciendo una bonita rueda que no se detiene y el dinero nunca se agota de manera temporal. Aunque legalmente mi persona estaba en Miami, la verdad es que yo me había marchado a Alemania, no sin antes haber cambiado mi aspecto por completo al ganar unos cincuenta quilos de más, dejarme la barba crecer, y ponerme estas patéticas gafas que no necesito. No me costó en absoluto perfeccionar el acento porque el idioma ya lo conocía bien, y como en todos los lugares no tuve problemas para hacerme una identidad nueva a cambio de una buena suma de dinero. Conseguí que mi hermano aplazara tres veces la subasta sobre Lance Chemicals y cuando estuve preparado fue cuando volví de nuevo a Estados Unidos.
-Lo tenías muy bien pensado…
-No fue lo único. Retomar la empresa no fue tarea difícil, y para que todo el mundo se llevara una buena imagen de mí decidí dar trabajo a antiguos operarios. Tampoco me fue difícil dar contigo al ver que te anunciabas en varios sitios ofreciendo servicios de investigador. Y fue entonces cuando ya me tomé mi tiempo para ejecutar el plan. Le ofrecí un puesto a Brandon Harper que no sería capaz de rechazar, y con el paso de los años establecimos un buen lazo de amistad, acercándome también de esa forma y de manera indirecta a Susan, tu querida Susan.
-Cabrón…
-Y entonces lo siguiente que hice fue pagar a ese niño del Crimen Organizado para que secuestrara a Brandon, forzando de esa manera a que Susan buscara a alguien para que le ayudara a encontrarle. Aprovechando la buena relación que yo tenía con él, insté a ella para que contratáramos un investigador privado, y cuando te vio en la lista que yo minuciosamente había preparado, ella se mostró algo dudosa. Pero entonces la manipulé para que te escogiese a ti, apoyándola en la decisión y alejando entonces cualquier duda que tuviese. Lo que nos llevó a aquel bonito día donde nos vimos por primera vez. ¿Recuerdas?
-Me acuerdo perfectamente.
-No habrías encontrado a Brandon si yo no lo hubiese querido así, pero era parte del plan para que pudiesen matar a Susan. Y fue tremendamente fácil que ese Irlandés diese contigo, al fin y al cabo tú me habías dado tu dirección y tu número de teléfono para hacerte entrega de unos papeles que no servían para absolutamente nada.
-¿Por qué la mataste solo a ella y no a los dos?
-¿Para qué iba a querer matarlo? Ella murió y el sobrevivió. ¿Te gustó ver cómo ese tipo tan perfecto que ahora estaba con tu exnovia había salido ileso de allí y ella no? Estoy seguro que te dolió más que si él hubiese muerto…

No dije nada para evitar darle la razón a ese bastardo.

-Me encantó ver tu actuación en el funeral y tu patético intento por encontrar algo que no ibas a lograr. Discutiendo de esa forma con Brandon, con la familia Lee y hasta peleándote con uno de tus mejores amigos. Poco a poco iba viendo como te ibas consumiendo cada vez más y más, y todo salía como yo quería.
-¿Por qué mataste a Marcus? ¿También fue por venganza?
-No. Fue algo que no esperaba que pasaría, pero tuve que tomar una rápida decisión. Ese maldito abogado empezaba a ser mi «Tendón de Aquiles» otra vez, y sus contactos me pisaban los talones. No podía dejar que me viese porque era el único que podría haberme llegado a reconocer por los tratos que tuvimos años atrás, y me fue perfecto que llegara tarde en el funeral de Susan para darme tiempo a huir, ya que él se había puesto en contacto varias veces con mi secretaria para vernos y yo conseguía evitarle. Simplemente tuve que quitarlo de en medio y de manera precipitada.
-Ahí cometiste un error.
-¿De verdad lo crees así, Jack? Te lanzaste de cabeza a por ese crío y su banda, quitándolos de en medio y de esa manera hasta ahorrándome cualquier lazo que me quedara con ellos. Diría que hasta me has hecho un favor.
-Así que, todo… ¿por esto? Has hecho que murieran dos personas inocentes, que Steve seguramente pierda su trabajo y quizá su familia, y que Karen se haya marchado de mi lado.
-¿Crees que me das pena? ¿Crees que no sé lo que he hecho? ¿Estás intentando darme alguna lección de moral? Todo lo que dices simplemente me satisface más al ver lo mal que lo has estado pasando y lo que lo vas a pasar. Sinceramente, Jack, has recogido lo que sembraste porque te convertiste en mi enemigo número uno, en mi «Némesis» particular.

Me acerqué hasta la mesa y puse ambas manos encima, apoyando el peso de mi cuerpo.

-Voy a matarte –dije claro, harto de todo-, tu plan ha surgido efecto y ya no tengo nada que perder.
-Diría entonces que en este punto tú yo estamos igualados.

Abrió un cajón de la mesa y cogió un revólver de dentro, luego se puso de pie y me apuntó con él.

-Eso no va a detenerme, es como si fuese de juguete –dije tras alzar el mentón.
-Tendrás que elegir, o él o yo –hizo un gesto con la misma mano del arma, señalando detrás de mí.

Me giré un poco y vi a Dragón Negro. Seguramente había estado ahí plantado, de pie y medio escondido, esperando pacientemente a que Scott y yo acabáramos de hablar.

-Se me olvidó decirte que utilicé algo de dinero para obtener un seguro de vida –dijo tras encogerse levemente de hombros.
-Yo no necesito dinero para conseguir un seguro de vida, con un amigo me basta –dije antes de dedicarle una media sonrisa.

Uno de los cristales se rompió y Vagabundo entró en escena, tal y como habíamos planeado. Se notó que su rival ya lo esperaba y ambos empezaron a repartirse golpes a una velocidad que sorprendería a cualquiera. Scott aprovechó la sorpresa para dispararme y yo me cubrí de manera instintiva, dándole de esa manera tiempo para salir corriendo.

-¡Va a escapar! –exclamó el encapuchado mientras seguía su pelea.
-¡Y una mierda! –dije.

Salí corriendo detrás del gordo y me sorprendió la velocidad con la que había descendido por las escaleras a pesar de su gran envergadura. Me centré en él y noté como mis piernas se volvieron más fuertes, pero algo distinto a la sensación de siempre. Cuando empecé a bajar me di cuenta de que lo hice a una velocidad por encima de la mía habitual y me caí rodando.

-¡Joder!

Aprovechó para abrir fuego varias veces más mientras huía, pero tampoco consiguió acertarme, que fue entonces cuando me levanté algo dolorido por la caída. Me sorprendió ver que Vagabundo y Dragón Negro estaban peleando entre las vigas de metal medio caídas del techo, algo más sorprendente todavía de todo lo que había visto de ellos hasta el momento. Sin mucho tiempo que perder me giré hasta Scott y volví a correr detrás de él, alcanzándolo en pocos segundos gracias al cambio que había hecho mi cuerpo. Debido a que no pude controlar bien la frenada fallé al intentar agarrarlo, pero lo embestí y ambos caímos al suelo.

-Fin del juego –dije tras levantarme.

Empezó a toser y se quedó a gatas, momento en el cual yo aproveché para recoger su revólver del suelo y que se le había caído cuando chocamos.

-Ponte de rodillas –le ordené.

Rió.

-¡Ponte de rodillas hijo de puta! –le ordené otra vez, antes de apuntarle.

Volví a echar un vistazo hacia el techo y ellos aún seguían peleando. El encapuchado parecía tener un brazo inutilizado pero poco a poco le iba ganando el terreno al chino, sus movimientos ya parecían más lentos por el cansancio tras la explosión de adrenalina inicial. Scott se puso de rodillas y continuó riendo hasta que vio que me acerqué todo lo que pude a él.

El cañón del revólver apretaba su sien, y me resultaba fácil mantener dicha arma apoyada en su cabeza porque él estaba de rodillas. Desde mi posición pude ver como intentó disimular el gesto de dolor que le debió provocar el metal aún caliente por el último disparo.

Todo me había traído hasta aquí. Los últimos días habían sido un maldito infierno del cual aún no tenía la certeza de que iba a conseguir salir. Había perdido la noción del tiempo entre tanta tensión, whiskey, y comida rápida. Ahora le tenía aquí delante, y tan solo me hacía falta apretar el gatillo para que todo acabara. ¿Era lo que quería? ¿Era lo que estaba buscando? A estas alturas suponía que ambas preguntas servían tanto para mí como para él.

Empecé a escuchar unos apresurados pasos que venían en nuestra dirección, y aunque ni siquiera hice ademán de girarme para mirar, ya sabía con toda certeza de quién se trataba.

-No lo hagas, Jack –dijo Vagabundo que acababa de llegar, deteniéndose a unos metros detrás de mí.
-Hazlo, Jack –dijo Scott.

Este último perfiló una sonrisa y yo apreté los dientes a la vez que le clavaba aún más el cañón del arma, algo que no evitó que continuara sonriendo.

Todo parecía nauseabundo en este delicado momento, en el cual era difícil ver la diferencia entre justicia y venganza. Él había ganado. ¿Pero yo tenía alguna opción para girar la situación? ¿A estas alturas me era posible? Los recuerdos golpeaban fuerte en mi cabeza, y eso tan solo indicaba lo que iba a hacer para poder encontrar la respuesta a las preguntas.

Amartillé el arma con el dedo pulgar, y un instante después: apreté el gatillo.

A pesar de que la lluvia golpeaba con fuerza, el revólver sonó para indicar que ya no le quedaba munición. Entonces Scott empezó a reír como un poseso.

-¡Tu estupidez no tiene límites, Jack Tacker! –exclamó.
-Es un revólver de cinco balas –dije mientras él continuaba riendo-, he contado todos tus disparos, imbécil, sabía que estaba vacío.

Vagabundo se acercó y le propinó una patada en toda la boca, dejándolo inconsciente de manera directa y a mí totalmente sorprendido con ello.

-¿Qué…? –pregunté sin entender.
-Lo siento, su risa era demasiado molesta.

El encapuchado se agarraba un brazo y cojeaba levemente. También había perdido la prenda que le tapaba la mitad de su rostro, aunque no pude verle bien porque aún conservaba la capucha y tenía restos de sangre por la cara.

-¿Estás bien? –pregunté.
-Sí. Se ha cerrado el círculo –señaló con la cabeza al techo-, mi viaje termina.

Miré hacia arriba para ver que Dragón Negro había acabado empalado en uno de los hierros punzantes que sobresalían de las estropeadas vigas, incluso caían gotas de sangre hasta el suelo. Parpadeé varias veces ante la imagen.

-¿Y el brazo? –le pregunté.
-Me lo dislocó, tendrás que ayudarme. Por la pierna no te preocupes.
-Eh, ¿por qué me estás tuteando? Y no has dicho «señor Jack».
-Bueno. Es por el simple hecho de que dijiste que soy tu amigo.

Vagabundo no tardó en desaparecer, y la policía llego encabezada por Green que estaba entre los agentes. Acabé en comisaría junto con Scott Lance y Charles Smith, y pasaron varias semanas hasta que todo el entuerto se arregló gracias a las confesiones por su parte. Me libraron de todos los cargos y ellos acabaron en prisión, junto a muchos miembros de la banda, incluyendo a Irlandés y por supuesto a los detectives que habían estado recibiendo sobornos por el tema de la desaparición de Brandon. Steve no perdió su placa y en lugar de ello fue ascendido, otorgándole entonces un grupo para sus investigaciones y acatando nuevas responsabilidades más importantes, quedando como superior directo de Green y por lo tanto aún siguiendo trabajando juntos. Lance Chemicals comenzó a ser intervenida debido a los sucesos y poco se sabía de qué le depararía en el futuro. Karen permaneció por el momento en Chicago, con la noticia de que por lo menos el embarazo evolucionaba correctamente.

Y ahí estaba yo. En un día totalmente soleado delante de las lápidas de Susan y Marcus, vagando entre mis pensamientos y deseando por dentro de mí que hubiesen alcanzado la paz tras haber conseguido llegar al final de toda la trama.

-Él quiere saber si estarás bien –me preguntó alguien por detrás e interrumpiendo mis pensamientos.

Me giré y vi a un hombre de pie, con los brazos cruzados. Este iba vestido con una chaqueta de cuero gastado, blanca, con una sudadera con capucha debajo. También llevaba unos tejanos y unas botas militares. Su pelo era corto aunque se le podía apreciar su color castaño, incluso una barba de tres días. Su piel era un poco bronceada, y en su mirada había algo que me resultaba familiar.

-¿Quién…? –pregunté.
-Soy un amigo del Vagabundo Errante –contestó.

Entonces caí, no me hizo falta hacer ninguna deducción más. Y por supuesto sonreí abiertamente al darme cuenta de que era él, con su «disfraz».

-Soy Jack Tacker –dije a al vez que hacía ademán de estrecharle la mano.
-Un placer –dijo antes de estrecharnos la mano-. Soy Lorenzo Villalobos.
-La última vez que vi a Vagabundo fue hace semanas, ¿está bien?
-Sí, pronto llegará a su hogar para su lucha personal. Y no te preocupes tío –hizo un gesto con la mano para restar importancia-, ese loco es un hueso duro de roer.
-Desde luego.
-Estoy aquí porque me dijo que te dijera algo.
-¿Ah sí?
-Sí. Me dijo que te dijera que el revólver de Scott Lance no era de cinco balas, era de seis.
-Lo sé… -dije tras agachar levemente la cabeza.
-Vagabundo cree que algo te dio otra oportunidad, y quiere que no la eches a perder. Porque quiere que sepas que no estaríamos teniendo esta conversación en el caso de que hubiese quedado la última bala en ese arma.

Alcé la vista para mirarle a los ojos.

-Entiendo, y dile que no se preocupe.
-¿Has pensado ya que harás a partir de ahora?
-Sí.
-Ajá. ¿Y qué será?
-Si todo va bien, las noticias y la prensa hablarán de mí. Así que entonces no tendréis problema para saberlo.
-Vale –dijo tras medio sonreír.

Entonces se dio la vuelta y empezó a caminar.

-Eh, espera. Dile que… que no tuve tiempo para darle las gracias por todo lo que hizo por mí.

Se detuvo y se giró levemente.

-Estoy seguro de que te diría que no hace falta que se las des –hizo una pausa-. Cuídate, Jack Tacker.

Lo perdí entre las lapidas y los árboles y yo me dirigí hasta el puente más grande de la ciudad. Allí quería reafirmar el inicio de mi nueva vida, una vida de sacrificio que daría esperanza a muchos, con la intención de hacer viable la justicia para todos aquellos que no podían obtenerla. Iba a ser alguien inamovible, infranqueable, imbatible. Yo, Jack Tacker, seré el enemigo de todos aquellos que quieran hacer el mal en esta ciudad y aprovecharse de los inocentes.

Seré: Némesis.

– Esto no ha acabado. Continúa en el: Epílogo

Capítulo 12: No habrá descanso para los malditos

No había ni un alma en la calle. Steve detuvo el coche a una distancia de unos cincuenta metros más o menos de la entrada del restaurante.

-Ahí es –dijo tras señalar hacia la puerta del edificio-. Ese es el local dónde Charles suele reunirse con todos sus amigotes. En la comisaría estamos casi seguros de que la mayoría de gente que vive en esta manzana debe de ser amigos o conocidos, personas que reciben dinero para no llamar a la policía por cualquier alboroto.
-Perfecto –dije antes de intentar salir del coche, ya que él me detuvo.
-Jack… ¿Estás seguro de esto?
-Sí. Mira, Steve… No quiero cagarla contigo como la he cagado con Marcus. ¿Vale? Ya he perdido a uno de mis mejores amigos y no quiero perder al único que me queda. Así que coge el coche y márchate a casa, porque al final voy a costarte el divorcio.
-Estoy de acuerdo en que al final vas a costarme el divorcio, pero… no pienso dejarte solo, hermano.
-Escúchame, lo que voy a hacer es visceral. Ni siquiera tengo un plan completo, es simplemente algo impulsivo medio planeado y que ni siquiera sé cómo va a salir. ¿Lo entiendes? No puedes venir conmigo porque si ese tío doblega tu voluntad y hace que nos enfrentemos…
-Mi deber es velar por ti.
-Pues si quieres velar por mí, quédate aquí y pase lo que pase no entres. Si consigo salir…

El ruido del motor fue lo único que se escuchó en ese momento. Luego le di una palmada en el hombro a mi amigo antes de salir del coche.

Caminé tranquilamente por la solitaria calle hasta que llegué a la puerta. Levanté la cabeza para mirar mejor el edificio y a simple vista parecía tener dos plantas, pues no sabía si podía tener alguna más bajo el suelo. Los cristales tintados no dejaban ver bien el interior, aunque claramente se podía apreciar luces encendidas en ambos pisos. Intenté abrir la puerta por mi propio pie pero claramente estaba cerrada, así que me decidí a llamar golpeando con los nudillos. En menos de un minuto un hombre trajeado abrió y tras mirarme por encima me dejó pasar.

La primera planta parecía ser la zona Pub. Había una gran barra a un lado con un montón de botellas en estanterías, listas para servir. Por lo que sería el centro se encontraban varios hombres jugando al billar, en una de las dos mesas que había para ello. Al fondo se podía ver una señal que indicaba las escaleras para subir. Y ya en el otro extremo del lugar, algunos tomaban copas en unas mesas o incluso de pie. Era imposible negar la calidad y el dinero que habría invertido el Charles o su padre en su momento, haciendo del lugar un sitio lujoso que pocos se podrían permitir pisar. Me dio tiempo a contar unas quince personas en total, distribuidas por esa planta. Se podía escuchar algo de Jazz como hilo musical de fondo, a un volumen que permitía a la gente conversar sin problemas.

Avancé hasta la barra y me senté en uno de los taburetes. El camarero, un hombre bastante corpulento y que obviamente vestía distinto al resto de presentes, se acercó hasta mí y puso ambos puños en la barra para inclinarse y poder mirarme más de cerca.

-Aún no hemos abierto –dijo con una voz grave.
-Pues… -comencé a decir antes de girarme un poco para mirar a los demás y luego volver a él- Yo veo que hay bastante gente.
-Bueno, haremos una excepción ya que ha venido hasta aquí.
-Un detalle por su parte, se lo agradezco.
-¿Y bien? ¿Qué va a tomar el señor?
-Whiskey. Doble. Sin hielo.

El camarero se irguió y tomó la botella de whiskey que tenía más a mano. Luego puso un vaso frente a mí y yo le enseñé la palma de la mano justo cuando él iba a verter el líquido dentro. Se detuvo y alzó el mentón un poco, algo extrañado.

-Por favor. Póngame whiskey americano, Bourbon de Kentucky. No la primera basura que vea entre esas botellas…

Dejó la botella a un lado y cogió la que yo le pedí. Después llenó el vaso y yo me lo bebí de un trago, haciendo al final que el vaso golpeara sonoramente con la madera de la barra. Escuché como un par de hombres se acercaron por mi espalda, aunque mantuvieron la distancia.

-Deje la botella –dije.
-¿Va a pagar ahora? –preguntó él tras dejar la botella cerca de mi vaso y después bajar los dos brazos hasta quedar ocultos tras la barra- Le advierto que es bastante cara.

Me centré en él y mi cuerpo empezó a cambiar. Las manos me empezaron a temblar al notar como la fuerza de mis músculos empezaba a incrementarse y la piel se me endurecía mucho.

-Depende.
-¿De qué depende si va a pagar o no? Si puede saberse.

Uno de los que se había acercado me puso una mano en el hombro.

-Pues depende de si va a utilizar o no el arma ese que tiene bajo la barra y que ahora mismo está sujetando.

Sin dudar ni un segundo estampé la botella de whiskey en el matón que no tenía su mano en mi hombro y luego agarré al otro con todas mis fuerzas para no dejarlo escapar. El camarero mostró el arma que estaba ocultando y me apuntó con una escopeta recortada.

-¡Te voy a meter la escopeta por el culo, gordo de mierda! –exclamé.

Abrió fuego y yo puse de por medio al pobre que aún tenía agarrado, y eso hizo entonces que ambos cayésemos de espaldas por el impacto a bocajarro del arma de fuego. Lo aparté rápidamente sin muchos problemas y me levanté bastante manchado de sangre. Observé el lugar de lado a lado y la mayoría ya habían sacado sus armas. Había pistolas, alguna barra de metal, incluso alguno tomó uno de los palos del billar. El camarero seguía apuntándome desde detrás de la barra aunque su pulso parecía temblarle un poco.

-Venga hijos de puta, ¿queréis matarme? Mirad atentamente –dije tras tirar de un lado de la gabardina para mostrarla bien-, ni una gota de esta sangre es mía. Cuando esto acabe no va a quedar nada de vosotros…

Todos se quedaron quietos. Algunos se miraban, otros susurraban entre sí. Pero al final se decidieron, y los primeros valientes fueron los que llevaban las armas cuerpo a cuerpo mientras el resto no dejaba de apuntar con el dedo en el gatillo.

Sentí que perdí el control. No era como un baile o una pelea coreografiada de una película. Era más bien como si fuese una bestia acorralada tratando de ser sobrepasada por varios cazadores, luchando por su propia supervivencia. Toda la ira acumulada fluía dentro de mí y no dejaba de sentir los golpes en mi cuerpo mientras yo les hacía gritar de dolor y sangrar junto el sonido de los huesos rotos.

En el momento que el último acabó en el suelo fue cuándo empezó la fiesta de los disparos. Eso hizo que me cabreara aún más, y aunque era constantemente frenado por los impactos de bala no había nada que pudiese detenerme. Incluso les lancé mesas, sillas y otros objetos, culminando con una de las mesas de billar totalmente tumbada. Con eso y con sus propios disparos que a veces se acertaban entre ellos debido a mis movimientos por golpearles, todos fueron cayendo hasta que solo quedó el camarero, que no dejaba de seguir apretando el gatillo a pesar de que llevaba un buen rato sin balas.

Me acerqué a él y tomé la escopeta con mucha tranquilidad. Luego la doblé delante de sus narices y se la dejé encima de la barra. El sudor por los nervios le estaba haciendo empapar la camisa y se quedó prácticamente inmovilizado.

-¿Sigue haciendo falta que pague, cabrón? Porque puedo girarte con dos dedos y meterte esto sin problemas –dije esto último con una mano encima del arma doblada.

Escuché como alguien bajaba por las escaleras a toda prisa y cuando me giré eran un par de tipos que no dudaron en abrir fuego y cargarse al camarero de manera colateral. Me abalancé sobre ellos y agarré a uno con las dos manos, para lanzarlo después hasta la cristalera de la entrada, saliendo hacia fuera a través de esta. El otro intentó volver hacia arriba pero le hice la zancadilla con fuerza, lo que provocó que cayera hacia adelante y perdiera el sentido por el golpe en la cabeza.

Intenté recuperar el aliento antes de subir por las escaleras y eché un vistazo al estropicio que había creado. No sabía decir quien estaba muerto o inconsciente de entre tantos cuerpos en el suelo. Al menos la primera parte del plan había salido tal y como había esperado y me faltaba lo siguiente. Empecé a dar los pasos hacia arriba y nada más llegar a la segunda planta pude ver la zona de restaurante.

Seguía siendo un lugar lujoso que pocos se podrían permitir, aunque ya lo que me imaginaba es que todo estaba hecho a posta precisamente para evitar cierta clientela y que Charles y sus secuaces pudiesen hacer y deshacer con las personas que trajeran aquí dentro. Al fondo de la sala me esperaba el crío, prácticamente vestido como la otra vez que lo había visto. Sin embargo esta vez sí pude defenderme de él, y en cuanto me concentré en su persona mi cuerpo empezó a cambiar. Sentí como si mi mente se escudara por una especie de muro de piedra y alguien estuviese intentando hacer un enorme agujero a base de golpes.

-¿Me buscabas? –dijo él.
-Sí. Y esta vez no vas a poder conmigo.
-¿En serio?

Fui sorprendido por el Irlandés. Este había estado oculto en la pared opuesta de las escaleras, hasta esperar el mejor momento para atacarme. Aprovechó mi obsesión y que esta me cegó lo suficiente como para no estar atento a los alrededores. Sentí como me clavó un arma blanca en el estomago mientras me aguantaba por el hombro con la otra mano. Sus ojos y los míos se cruzaron y yo tan solo pude aguantar el dolor, jurándome a mí mismo que no iba a gritar.

-Hola Investigador –dijo mientras me mantenía la mirada-. ¿Sabes una cosa? En realidad me encantan las navajas, y lamenté mucho no haber podido utilizar una con tu amiguita. Me supo tan mal tener que dispararle a sangre fría… porque siempre he preferido algo más personal como esto que tienes ahora dentro.
-Cabrón…

Si quería evitar que Charles entrara en mi cabeza tenía que aguantar centrado en él, y por lo tanto debía deshacerme del pelirrojo por mi propia cuenta. Lo más ingenioso que se me ocurrió en ese momento fue agarrar bien la mano con la que me había clavado la navaja y me tiré hacia atrás. Ambos caímos por las escaleras como un par de barriles desbocados y por suerte me libré del arma clavada en mi cuerpo. Saqué las fuerzas de donde pude para mantener la concentración tras los golpes en la caída y me alejé un poco como pude hacia la mesa de billar, con la mano en el estómago. Él se levantó casi a la misma vez que yo pero miró la navaja sorprendido.

-¿Sangras? –preguntó de manera retórica antes de girarse para mirarme- Es perfecto… Cómo voy a disfrutar contigo, Investigador…

Se escucharon pasos que bajaban por las escaleras y el crío apareció por estas y se quedó al margen, mirando. Irlandés se crujió el cuello y luego empezó a acercarse. Cogí un taco que había caído al suelo en el tiroteo del principio tras volcar la mesa de billar e intenté golpearle varias veces.

-¡Uy! ¡Cuidado! –exclamó de manera burlesca tras esquivar todos los intentos por golpearle- ¡No te vayas a hacer daño!

Tuve tan mala suerte que al retroceder un poco tropecé con un cuerpo y me caí de espaldas, dándole el momento perfecto para que saltara encima mío. Tras haber perdido el taco por la caída, tan solo pude aguantar como pude la mano que intentaba apuñalarme directo al corazón.

No iba a negar que él era más fuerte que yo y poco a poco veía que la pequeña hoja de la navaja se iba acercando a mi cuerpo.

-Voy a apuñalarte hasta que me canse… -dijo entre dientes.
-Que te jodan, pelirrojo de mierda –dije con dificultad por el esfuerzo que estaba haciendo para evitar lo que él quería.

Cada vez estaba más cerca pero aún no me rendía. Notaba como si algo tratara de golpear mi cabeza desde la distancia para abrirla y meterse dentro de ella, pero aún podía mantener la concentración para que eso no ocurriera.

-¡Andy mátalo ya! –exclamó Charles- ¡No puedo entrar en su mente!
-¡¿Crees que es tan fácil?!
-¡Joder! ¡¿Para qué coño te pago?! ¡Hazlo!

El pelirrojo se giró levemente hacia Charles para seguir gritándole.

-¡Cállate maldito crío de mierda!

Aproveché ese momento para revolverme y él perdió un poco de fuerza. Entonces liberé una de mis manos y estiré el brazo hasta poder coger una bola de billar de las que había en el suelo. Acto seguido él se giró sorprendido pero no le dio tiempo de reaccionar antes de que la bola le hiciera saltar un par de dientes cuando fue golpeado por ella. Cayó a un lado por el impacto y luego quedó inconsciente.

-¡No! ¡No! –exclamó el crío.

Charles subió corriendo por las escaleras y eso me dio tiempo a recobrar el aliento, no sin antes apartar el cuerpo del Irlandés con mi pierna.

-Eso por Susan, cabrón –dije tras escupirle.

De nuevo me vi subiendo los escalones, aunque esta vez iba bastante dolorido por todo lo que había aguantado y el navajazo en la barriga. Si antes ya había estado cegado por dar con Charles en aquel momento iba más todavía. Ya una vez arriba busqué un pasillo que llevaba a la zona privada y di con la puerta de un pequeño despacho. La abrí de una patada y allí estaba el crío, sentado detrás de una gran mesa con algún papel, un teléfono móvil y un paquete de tabaco junto a un cenicero lleno de colillas. Él parecía estar concentrado en mí, como si estuviese haciendo fuerza de alguna manera. Me miraba fijamente, como si intentara atravesarme mientras yo notaba que sus intentos por entrar en mi mente eran completamente rechazados por algo que me protegía de ello, debido a mi don.

Tomé asiento en una de las sillas que tenía para los invitados y así quedamos prácticamente cara a cara. Agarré un cigarrillo del paquete y luego lo encendí con un mechero que había por la mesa, echando el aire después. Debía de tener un aspecto horrible con toda la ropa rota y las manchas de sangre repartidas por mi cuerpo.

-Vaya… -comencé a decir con tranquilidad- Llevaba años sin fumar uno de estos.

Él continuaba intentándolo, sin decir nada más.

-Al probar de nuevo este cigarro… hay algo de lo que me he dado cuenta. ¿Quieres que te lo cuente? –hice una pausa mientras lo observaba con detenimiento esperando una respuesta- Bueno, pues… creo que el tabaco y las mujeres son bastante parecidas. Siempre queda algo de ellas dentro de nosotros… -esbocé una media sonrisa tras decir esto último y le mostré el cigarro.

Le empezó a salir sangre por un agujero de la nariz.

-Vaya… ¿Qué pasa? –me acerqué un poco para que nuestras caras quedaran más cerca, y luego me di dos toquecitos en la sien- ¿Acaso no puedes pensar con claridad? El pobre niño malcriado y que siempre ha hecho lo que le place, resulta que ahora no puede hacerlo…
-¡Hijo de puta! –exclamó él cuando se dio cuenta de que no podía más al notar que le sangraban hasta los oídos- ¡¿Por qué no puedo doblegar tu mente?!

Me levanté con el cigarro en la boca y lo agarré de los pelos, arrastrándolo luego fuera de la silla. Después lo cogí por la pechera y lo levanté para estamparlo contra la pared. Dejé de tener la sensación de que mi mente estaba protegida dentro de un búnker y supuse que él ya no era capaz de hacer lo que hacía.

-Seguro que ahora estás lamentando que todos tus vecinos no tengan que llamar a la policía cuando hay problemas aquí. ¿Verdad?

Le golpeé en el abdomen y gritó de dolor.

-¡Para, joder!
-¡No voy a parar! ¡Dime quién te pagó para que mataras a Susan!
-¡Déjame! ¡No pienso decírtelo!

No sé por qué pero me vino a la mente una de las enseñanzas de Vagabundo, recordando un momento de la primera vez que nos vimos. Así que tumbé a Charles encima de la mesa y puse la mayor parte de mi cuerpo encima de él para inmovilizarlo. Luego me quité el cigarro de la boca y empecé a acercarlo hacia su cara.

-¡¿Quién fue?!
-¡Tío estás loco! ¡No vas a hacer eso!

El cigarro estaba muy cerca de su ojo y notaba como él se revolvía sin éxito, pero al final bajé un poco y empecé a quemarle un pómulo.

-¡Hijo de la gran puta…! –exclamó después de gritar muy fuerte por el dolor.
-¡A la próxima te quedas sin ojo, niñato!
-¡Vale! ¡Vale! ¡Para! ¡Hablaré!

Tiré la colilla a un lado y luego lo senté en la silla.

-Quién. Ya –dije tras sentarme de lado encima de la mesa y mirarle fíjamente.
-Fue Lance… -dijo mientras se tapaba la quemadura.
-¿Lance? ¿Qué Lance?
-Scott Lance.

Oír ese nombre de la boca de Charles fue como coger un martillo y romper un cristal, con el mismo sonido estridente chirriando dentro de mí.

-¿Qué…? ¡¿Por qué?! ¡Scott Lance está en Miami!
-¡Y yo que sé! ¡Se puso en contacto conmigo y me pagó por transferencia!
-¡¿Lo viste?!
-¡No! ¡Fue todo por teléfono!
-¡¿Él también te pagó para que matarais a Marcus?
-¡Sí!
-¡¿Y qué hay del chino?!
-¡Es cosa de él también!

Cogí sin vacilar el móvil que había encima de la mesa y se lo lancé para que lo atrapara al vuelo.

-Llámalo, y en cuanto lo coja me lo pasas.
-No pienso hacerlo.
-Queda medio paquete de tabaco y tú solo tienes dos ojos. ¿Quieres tentar a la suerte? Porque con lo que me has dicho aún estoy más cabreado, te lo puedo asegurar.

Pulsó varias teclas y luego se llevó el teléfono a la oreja. Mientras yo no dejaba de preguntarme en qué maldita locura me habían metido, o más bien yo me había metido. No sabía qué pintaba Scott Lance ahora, a estas alturas y después de tantos años. No sabía si era algún tipo de venganza que se le había ido de las manos al matar a dos personas.

Charles alargó el brazo para pasarme el móvil y yo lo cogí con rapidez, casi arrancándoselo de las manos.

-Te dije que bajo ningún concepto contactaras conmigo a este número –dijo la voz al otro lado-. ¿Qué es lo que quieres?
-Voy a matarte, cabrón.
-¿Jack?
-Señor Jack Tacker para ti.
-Vaya Jack… Qué sorpresa. Cuánto tiempo, ¿no?
-Dime dónde estás para que pueda ir a sacarte las tripas con mis propias manos.
-Eh, tranquilo. Si de verdad quieres que nos veamos espero que sea para hablar.
-¡¿Dónde?!
-Mañana a las diez de la mañana en la antigua Lance Chemicals. ¿Recuerdas bien dónde está? Ahí es el lugar donde empezaste todo. Si se te ocurre la genial idea de venir acompañado no encontrarás más que escombros.
-Si no apareces buscaré por todos los rincones de este país hasta dar contigo…
-Tranquilo, no faltaré. Y por favor, no te molestes en intentar rastrear este número porque ahora mismo voy a deshacerme de él. Buenas noches.

El sonido de final de llamada fue lo último que escuché. Acto seguido lancé el móvil contra la pared y se hizo añicos. Golpeé la mesa con todas mis fuerzas preso del dolor y la impotencia por no poder hacer nada en ese preciso momento.

-Déjame ir… Por favor… -dijo el crío.
-Ni en tus mejores sueños. Hoy se va a hacer justicia.

Salí por la puerta principal del restaurante mientras iba empujando a Charles para que viniese conmigo. Steve se acercó corriendo con la pistola en la mano.

-Joder… -dijo sorprendido- Escuché disparos y no sabía si entrar o no.
-Hiciste bien de no entrar –dije-. Te traigo un regalo.

Empujé a Charles para que quedara en manos de Steve y las sirenas de la policía empezaron a escucharse de fondo.

-¿Confesará? –preguntó Steve.
-Sí –contesté-. No querrá perder sus ojos…
-Entonces ya está, esto es el fin.
-No, no lo es. El que encargó los asesinatos de Susan y Marcus fue Scott Lance.
-¿Qué? ¿Cómo?
-Sí. Scott Lance, el dueño de Lance Chemicals antes que el gordo alemán de ahora.
-Mañana tengo que verlo, si la policía me coge no podré verle y todo esto habrá sido en vano. Joder, además… -me llevé una mano a la zona de la puñalada.
-Estás herido.
-Sí… Ese pelirrojo cabrón.
-Mira Jack, márchate.
-¿Qué?
-Coge mi coche y ves a mi casa para que Andrea te ayude. Explícale lo que ha pasado, yo me quedaré aquí.
-Pero la policía…
-¡Qué más da, hermano! Les diré que he sido yo el que ha hecho todo esto y por lo menos los entretendré todo lo que pueda.
-No sé si voy a poder conducir…

Nos sorprendió un ruido de algo cayendo encima de un coche.

-¿Les echo una mano? –preguntó Vagabundo tras hacer su peculiar entrada en escena.
-¡Vamos! ¡Coged mi coche! –exclamó Steve tras lanzarle sus llaves al encapuchado.

Me tumbé en la parte trasera del vehículo para intentar descansar algo. Iba guiando a Vagabundo de la mejor manera que podía porque ya casi no podía sentarme, incluso en algún momento pensé que iba a perder la conciencia.

Tras un buen rato llegamos a casa de mi amigo. Vagabundo me ayudó a moverme a pesar de que yo dejaba todo el peso encima de él. Una vez en la puerta, golpeó con energía y al cabo de unos segundos Andrea abrió tapada con su batín, llevándose una mano a la boca por la sorpresa.

-Andrea… Ayúdame… -dije antes de que ella pudiese articular palabra.
-Lo siento Jack, pero voy a llamar a la policía y decirles que estás aquí.
-Joder… Andrea…
-¡Me han llamado hace quince minutos desde la comisaría para decirme que han arrestado a Steve!
-Lo siento…
-¡¿No estabas contento con la muerte de Susan y Marcus que además has tenido que implicar a mi marido para que pierda el trabajo?!
-Andrea por favor…
-¡Marchaos de aquí los dos!

La puerta se abrió más y la pequeña Rosa nos interrumpió.

-¡Rosa! –exclamó su madre intentando apartarla hacia adentro- ¡Vuelve dentro!
-Pero mamá… ¿Qué pasa? ¿Por qué no dejas que el tío Jack entre?
-¡Que pases hacia dentro!
-Pero el tío Jack está herido…
-¡Policía! ¡Quietos ahí! –exclamó alguien desde el flanco derecho- ¡Métase en casa señora López! ¡Yo me encargo!

Vagabundo se giró y con ello también a mí, haciendo de esa manera que ambos pudiésemos ver a la detective Green como nos apuntaba con la pistola reglamentaria. Andrea aprovechó el momento para cerrar la puerta rápidamente, haciendo caso a la mujer.

-Sabía que si seguía a López, daría con vosotros.
-Green… ¿Qué coño haces…? –pregunté.
-Estáis arrestados.
-¿Qué…? ¿Por qué?
-Por lo del restaurante. ¡Tú! ¡Suelta a Tacker y muestra tu rostro! –ordenó.
-¡Me cago en la puta, Green! ¡Me estoy muriendo! –exclamé.

Vagabundo ni se inmutó y seguía manteniéndome en pie, ignorando claramente la orden. Algo me decía que estaba analizando la situación.

-Ella sabe sobre todo esto –dijo el encapuchado-. Nos ha seguido porque estaba al corriente y esperaba encontrar el mejor momento para detenernos. Y creo… que su motivo no tiene nada que ver con su trabajo. De ser así… ¿no hubiese venido acompañada de una patrulla?
-¡Calla! –dijo ella- ¡No puedo permitir que él no se salga con la suya!
-¿Él? –preguntó Vagabundo- Está claro que no os referís al señor Jack.
-Ese bastardo amenazó con matar a mi marido y mi hijo si no le ayudaba… Necesito que…

Entonces lo entendí. La vez que Charles me hizo morder el polvo dijo que alguien le «había hecho los deberes», así que de alguna manera alguien le había informado al respecto. Green estuvo en el momento que Steve, Marcus y yo miramos las fichas tanto del jefe del Crimen Organizado como la de su secuaz el Irlandés. Además, la primera noche que conocí a la detective, Steve se vio obligado a explicarle sobre mi poder al ver que dos balas me impactaron y no me mataron. Ella no era otra más que estaba siendo manipulada por todos esos cabrones.

-¡Escúchame Green! ¡Ese mismo bastardo del que hablas va a ir a la cárcel y hay más gente implicada en esto! ¡Si nos llevas a comisaría no habrá nada que pueda detenerles y tu marido e hijo seguirán peligrando!
-¡No! ¡No! ¡Irán a por ellos!
-¡Maldita seas, zorra estúpida! ¡¿Crees que tu marido y tu hijo se sentirán alguna vez orgullosos de lo que estás haciendo?! ¡Eres una agente de la ley y el orden!

De sus ojos brotaron dos lágrimas y le recorrieron las mejillas. Su pulso empezó a temblarle pero luego volvió a sostener el arma con firmeza.

-No puedo… Mi hijo solo tiene ocho años…

Avanzó unos pasos y luego puso el dedo en el gatillo, lista para abrir fuego.

Capítulo 11: Renacimiento

Publicado: 11 mayo, 2014 en Némesis

Capítulo 11: Renacimiento

Steve no había pronunciado ninguna palabra desde que me había saludado en la entrada. El trayecto del ascensor nunca se me había hecho tan largo, tanto que parecía no acabarse. El silencio nunca se me había hecho tan incomodo y me era imposible saber qué le rondaba por la cabeza a mi amigo.

Había varios agentes de policía en el pasillo y la puerta del apartamento de Marcus estaba abierta de par en par. Nos dejaron pasar y pronto nos vimos en el dormitorio. Aún estaban tomando pruebas, y un escalofrío me recorrió el cuerpo al ver el cuerpo del abogado ahí tirado, con una manta encima que tapaba su cuerpo desnudo. Las manos me temblaron y tragué saliva, intentando por todos los medios que la mierda de «shawarma» que había tomado de camino a allí no quisiera salir directamente de mi estómago por la boca.

Me salí al salón sin pensármelo dos veces y apoyé mi cabeza en una de las paredes. No podía dejar de pensar en mi actuación del funeral de Susan y como traté a Marcus.

-Lo siento, Tacker –dijo alguien a mi espalda.

Reconocí la voz de la detective Green, que seguramente había venido con su compañero al enterarse de la funesta noticia.

-Gracias…

Steve apareció y se dirigió directamente a su compañera.

-Green… ¿Nos dejas un rato a solas?
-Sí, claro…

Apoyé la espalda en la pared y alcé levemente el mentón, mirando fijamente a los ojos de mi amigo.

-¿Qué mierda ha pasado, Steve?
-Están teniendo mucho cuidado. El forense ha dicho que el cuerpo no tiene signos de violencia y que por lo tanto no descartan que la muerte haya sido por alguna sustancia ingerida.
-Que absurdo…
-¿Qué quieres decir?
-Continúa.
-Los testigos, por así decirlo, dicen que vieron llegar a Marcus con una chica más o menos sobre las doce de la noche.
-¿Y quién es esa chica?
-Estatura media, pelo negro, vestía elegantemente…
-Vamos, una ciudadana más de esta ciudad y ninguna seña que la pueda identificar.
-Exacto. El portero dijo que la vio salir hará unas cuatro horas más o menos…

Era casi poético: Uno de los hombres que mejor sabía tratar a las mujeres de este estado, había muerto a manos de una de ellas.

-¿Y qué hay de Harris?
-Está allí sentado –señaló hacia otro lugar del salón, del cual yo ni siquiera me había percatado-, hablando con una psicóloga de la comisaría. ¿Quieres que le diga a ella que venga a hablar contigo?
-Paso de esa mierda. Y no sé por qué te estás comportando conmigo como si no fueses uno de mis mejores amigos, y sí como un agente de la calle.
-Jack…

Dejé a Steve con la palabra en la boca y me dirigí a Harris. Estaba claro que el detective me iba a seguir pero no era algo que me preocupara.

-Hola Harris.
-Señor… Señor Tacker –dijo después de levantar la cabeza para mirarme-. Hola, y lamento que tengamos que vernos en estas circunstancias.
-Créeme, yo también lo lamento.

Steve hizo un gesto a la psicóloga y esta se marchó tras asentir con la cabeza.

-Esto es culpa mía… -dijo Harris con la mirada algo perdida- No debería haber dejado que el señor Foreman me mandara a casa esta noche… Y… Y cuando llegué esta mañana… Lo encontré ahí… Y… -se llevó una mano a la cara para frotarse los ojos.
-No es culpa tuya, Harris –dije para tratar de calmarlo-. Esta ciudad está podrida desde las entrañas y Marcus ha sido presa de la mala suerte. Pero no te preocupes, la policía dará con esa mujer y se hará justicia.

El detective me miró de manera fulminante.

-Hasta pronto, tengo que irme –me despedí.

Salí apresuradamente del apartamento mientras Steve me perseguía e iba pronunciando mi nombre.

Una vez llegados a la puerta del ascensor, él me dio la vuelta para que pudiéramos quedar cara a cara.

-¿Qué no me oyes? –preguntó algo alterado.
-No.
-¿Qué coño te pasa, hermano?
-Se lo han cargado por mi culpa, Steve.
-¿Pero por qué dices eso?
-¿Para qué quieres que te lo explique? Si cada vez que hablo del tema todos hacéis como si estuviese loco.
-Escucha, Jack…
-No, escucha tú –dije tras darle un toque en el hombro-. Esos hijos de puta van a por mí. No iban a por Susan o a por Marcus, van a por mí.
-¿De qué estás hablando?
-Me están haciendo salir. Por algún motivo quieren que salga de mi maldita cueva… y ya lo han conseguido.
-Eso no tiene sentido, te tuvieron a su merced.
-Porque no querrían hacerlo allí, por lo que fuese.
-Jack…
-Si vas a decirme alguna gilipollez sobre que debo de ir a un loquero, ahórratelo. Pero si lo que vas a decir es algo que me pueda ayudar, entonces te escucho.

Esperé a que mi amigo me dijese algo, pero tan solo obtuve silencio y un resoplido por su parte. Justamente en ese instante la puerta del ascensor se abrió y yo hice ademán de entrar, pero él me detuvo tras cogerme por un brazo.

-¿Qué vas a hacer? –preguntó mientras me agarraba con fuerza.
-No lo sé. Algo haré.
-Te van a matar.
-Intentaré que no sea así. Pero no pienso quedarme más de brazos cruzados. Porque si esto sigue así nada me asegura que tu vida o la de Karen no corra peligro.

Estuvo a punto de decirme algo pero en el fondo supe que él me entendía perfectamente, así que se limitó a bufar antes de frotarse las sienes.

-Es posible que necesite tu ayuda -dije.
-Tengo al Comisario encima desde mi actuación en los muelles…
-Lo tendré en cuenta.

Le di un par de palmadas en el hombro en señal de despedida y luego abandoné el edificio.

Al llegar a casa me encontré con que Karen no estaba. Dadas las circunstancias me tiré en la cama para intentar dormir y al final lo conseguí. A medio día me levanté hecho polvo y al ver que ella no había vuelto comí lo primero que encontré en la nevera.

Puse la televisión y tal y como había imaginado los medios ya habían hecho eco de la noticia sobre la muerte de Marcus. Lo peor de todo es que hundieron su reputación con falsas acusaciones sobre consumo y tráfico de drogas, sacando además trapos sucios sobre él y algunas de sus citas, con varias mentiras sobre un posible vínculo con la prostitución. Todo ello me llenó de ira. Mi amigo no había tomado drogas nunca, ni siquiera cuando íbamos al instituto, y a pesar de que era un mujeriego nunca había tratado mal a una mujer y siempre había sido muy cuidadoso con esos temas. Joder, era un abogado que luchaba por la ley y el orden, por el bien común.

Lo siguiente que hice fue volcar la mesita del salón, preso de la rabia por la impotencia de no poder hacer nada. Karen entró en ese mismo momento y traía los ojos rojos, aún vidriosos. Puse los brazos en jarras y miré al techo para intentar calmarme. Ella se acercó y dejó el bolso en el sofá.

-¿Qué está pasando, Jack?
-No lo sé.
-Lo siento… lo siento tanto… Marcus…

Apoyó su cuerpo en mí y me rodeó por la cintura con sus brazos.

-Ve a descansar.
-¿Qué? –preguntó ella algo sorprendida.
-Que vayas a descansar. No pienses en ello.
-¿Cómo quieres que…?

Froté su mejilla cariñosamente y luego me separé.

El resto del día lo pasamos frente al televisor viendo todas y cada una de las mierdas que dieron sobre mi difunto amigo. Llegó un momento en el cual era incapaz de pensar por todas las chorradas que fueron capaces de decir. Steve me llamó un par de veces para comentar las cosas pero no consiguió sacarme de casa. Fue otra noche más que no pude pegar ojo. Estaba tan desquiciado que incluso a veces me costaba reaccionar y empezaba a tener problemas de falta de atención.

El funeral de Marcus fue rápido. No era un tipo religioso y toda su familia vivía en la ciudad. Habían ido muchas mujeres al evento, algo que dio de qué hablar a los periodistas. La prensa estuvo allí para molestar y me enfrenté a varios Cámaras para que nos dejaran en paz. No me importó en absoluto salir en alguna grabación pero estaba harto de que hiciesen leña del árbol caído. Uno de mis mejores amigos había muerto, y por lo tanto ya habíamos dejado de ser «Los tres Mosqueteros», que era como nos llamaban en el instituto. La promesa de que siempre estaríamos juntos se esfumó de la noche al día y yo solo podía sentirme mal por cómo me había comportado con él en el último momento que lo vi en vida.

Justo cuando estábamos a punto de marcharnos, una chica llamó mi atención. Para mí había pasado desapercibida entre la multitud, pero que al girarme me di cuenta de que me sonaba de algo. A parte, llevaba una carpeta bajo uno de sus brazos.

-Hola señor Tacker –me saludó a la vez que me estrechaba la mano.
-Hola… ¿Nos conocemos?
-No y lamento que tengamos que conocernos así… Mi nombre es Lisa, y nos vimos hace relativamente poco. Usted iba hacia el apartamento del profesor Foreman y yo salía de él, nos dimos de bruces en la puerta del ascensor. No sé se acordará…

Me acordé perfectamente. Era la chica con la que me había cruzado el día que fui a ver a Marcus para preguntarle si sabía algo sobre Brandon Harper, y de paso pedirle el favor de que me buscara información sobre Lance Chemicals.

-Sí, lo recuerdo. ¿Y…?
-Se dejó esto en mi casa, y creo que le pertenece a usted.

Ella extendió el brazo para ofrecerme la carpeta que llevaba encima y yo la cogí. En uno de los laterales ponía: «Jack Tacker».

-¿Qué es? –pregunté tras ojear por encima la carpeta y sin abrirla.
-No lo sé, no la he abierto. No hubiese sido correcto por mi parte.
-¿Y cómo es que se le olvidó? Marcus nunca fue descuidado.
-Verá… Él estaba trabajando para mí. Bueno, más bien me estaba ayudando en algo, y es que tengo un problema con mi hermano mayor sobre una herencia, así que le pedí ayuda. Estábamos analizando el problema en mi casa cuando mi hermano apareció por sorpresa, entonces se puso violento y… Marcus… -esta vez lo llamó por su nombre- se puso en medio, recibiendo un puñetazo que iba directo a mí. Después se calmaron los ánimos pero me dijo que tenía mucha prisa porque iba a llegar tarde a un funeral. Entonces…
-Se dejó la carpeta.
-Sí, encima de la mesa. La verdad es que salió muy deprisa…
-Joder, Marcus… -maldije tras llevarme ambas manos a la cara- Era por eso por lo que llegaste tarde… -susurré al final.
-¿Está bien? –preguntó ella sorprendida por mi reacción.
-Sí, tranquila. Oye… Gracias por traerlo y explicarme esto.
-No hay de qué. La verdad… es que lamento mucho su pérdida. Y todas esas cosas que están diciendo de él… -se mordió levemente el labio inferior al terminar la frase.
-Créeme, Lisa. Yo también lo lamento. Y no hagas caso a lo que están diciendo…
-Lo haré. Hasta otra, señor Tacker.

Cuando todo el mundo decidió volver a casa, yo me fui a ver el agua del río mientras bebía una botella de whiskey como otro borracho más de la ciudad. Los mejores recuerdos de nuestra vida pasaron por mi mente y al final acabé llorando como un maldito crío, desconsolado, sin nada en qué cobijarme. Pronto esos recuerdos se volvieron pesadillas en forma de ese Irlandés y el niñato de su jefe. Después miré la botella que tenía entre las manos y la lancé todo lo lejos que pude. No importaba lo que tuviese que hacer, me daba igual. Iba a hacerles pagar por lo que habían hecho, primero por lo de Susan, y luego por lo de Marcus.

Eché un vistazo a la carpeta y esta contenía bastantes papeles. Eran más bien bocetos y anotaciones que mi amigo había estado tomando, con fechas y algún que otro papel oficial fotocopiado. Al final, había una nota que resumía más o menos todo y parecía aclarar algo. El papel indicaba que la subasta de la empresa Lance Chemicals había sido detenida varias veces por un hombre llamado Malcolm, el hermano de Scott, hasta el instante en el cual Karlheinz Ulrich llegó a comprarla. La verdad es que en ese mismo momento ya todo eso me importaba más bien poco, así que guardé todo en la carpeta dejándolo tal y como estaba.

Volví a casa tras darme cuenta de que habían pasado unas cuantas horas, y lo que me sorprendió fue ver al hermano de Karen apoyado en su furgoneta, que estaba aparcada en la misma calle. Lo saludé con un discreto gesto de la mano y luego entré por la puerta.

La pelirroja estaba apoyada en la pared y miraba al techo algo distraída, después se enderezó al verme entrar y yo me di cuenta de que ella parecía estar lista para marcharse.

-¿Estamos de mudanza y no me has avisado? –pregunté tras señalar hacia fuera con el pulgar.
-No, no es eso… -respondió tras acercarse.
-¿Entonces? –me crucé de brazos.
-No puedo con esto, Jack. Lo siento, pero me marcho de vuelta a Chicago, a casa de mis padres.
-¿Por qué? Mira, si es por lo de antes de ayer, yo…
-No. Es por todo. Míranos…
-Lo arreglaremos.
-Al principio creí que podríamos arreglarlo. Pero luego entendí que yo no tengo nada que arreglar.
-¿Vas a empezar a decir que la culpa es mía?
-No quiero discutir, la decisión está tomada y todas mis cosas están en la furgoneta de Robert.
-¿Qué sabe tu hermano de todo esto?
-Poco, no he querido explicar cosas que mejor que no se sepan y que quedarán entre tú y yo. Le he dicho que tengo que tomarme un tiempo para tranquilizarme por el tema del embarazo.
-No puedes irte, Kar, te necesito.
-No te engañes a ti mismo. Porque a mí ya no puedes engañarme, ni hacerme creer cosas que no son. Todo se ha ido a la mierda desde que te pusiste a investigar el caso de cierta persona.
-Necesito tu apoyo.
-¿Qué apoyo? Si apenas hablamos.
-Pero estás aquí, y…

Ella miró a otro lado e intentó evitar que le cayeran un par de lágrimas.

-Olvídalo, Jack. Me marcho.

Karen cruzó la puerta hacia el exterior y caminó con decisión hasta la furgoneta de su hermano. Yo la seguí y Robert se puso en medio justo cuando iba a alcanzarla. Él era un hombre alto, fuerte, corpulento debido a sus horas de gimnasio día tras día. Su pelo era pelirrojo como el de su hermana pero lo llevaba bien corto, a lo militar.

-Aparta.
-Lo siento Jack, pero tienes que dejarla en paz.
-He dicho que te apartes…

Karen se acercó y se puso entre nosotros.

-Jack, escúchame por favor –dijo ella tras cogerme del brazo con cuidado-. No eches a perder el buen hombre que eres, más de lo que lo has hecho. En lugar de ello, en lugar de ello, coge eso que te está perturbando y soluciónalo. Pero por favor, no te eches más a perder…

Esa vez no fue capaz de ocultar sus lágrimas e incluso me dedicó una última caricia en la mano del mismo brazo que me había cogido.

-Vámonos, Robert.

Ambos se metieron en la furgoneta y luego me acerqué hasta la ventanilla.

-¿Y qué hay del bebé? –pregunté bastante nervioso.
-Tendrás noticias mías.

La furgoneta arrancó y pronto los perdí por el horizonte de la calle mientras me había quedado ahí parado sin poder apartar la vista de ellos. Luego me metí dentro de casa y me senté en uno de los sillones del salón. No dejaba de darle vueltas a la cabeza intentando buscar una manera de poder hacer frente a Charles Smith y su imperio del crimen. No me importaba en absoluto ir a por él solo, pero ya había visto lo que él era capaz de hacer y no le encontraba ninguna manera de hacerle frente. Llegué a la conclusión de que quizá debía dejar de lado la idea de intentar ir de héroe que se tomaba la justicia por su mano.

Al final me quedé dormido por culpa de no haber pegado ojo la noche anterior, pero solo hasta que me despertó el sonido de unos nudillos golpeando en la cristalera principal. Aparté la cortina tras darme cuenta de que ya era de noche y vi a Vagabundo en el porche. Le hice un gesto para que entrara y enseguida se reunió conmigo dentro. No dudé en dejar caer mi cuerpo encima del sillón otra vez.

-Lamento lo de la señorita Susan y lo de su amigo el señor Foreman.
-Gracias… supongo… -agradecí acompañado de un gesto de la mano para restar importancia. ¿Estabas allí?

Empezó a dar vueltas por el salón, mirando todas y cada una de las cosas que había con mucha atención.

-En ambos funerales, señor Jack. Y no pensé que os gustara tanto llamar la atención.
-Cosas que pasan. Y por cierto, no te vi.
-No fui vestido así, como es obvio.
-¿Y dónde has estado estos días?
-Tratando de dar con Dragón Negro.
-¿Y bien?
-Tras habernos enfrentarnos cara a cara, él ya es consciente de que le estoy buscando y eso me complica la tarea de encontrarle.
-Pues ve a Chinatown. Seguro que estará por allí… -dije tratando de hacer una broma.

Se giró de repente para mirarme fijamente.

-¿Qué? –pregunté.
-Que me extraña vuestro absurdo sentido del humor en estos momentos.
-¿Y qué esperas que haga? Llevo horas pensando en cómo dar caza a ese niñato y al pelirrojo.

Continuó dando vueltas por la sala y se detuvo frente a una estantería que tenía varios libros y algún que otro objeto de decoración.

-¿Tenéis la certeza de que ellos también han matado a vuestro amigo?
-Totalmente. No sé el por qué, pero creo que lo que quieren es hacerme salir.
-Es una teoría muy a la ligera. ¿Qué es lo que habéis pensado?
-Un lío –respondí tras frotarme la cara-. No sé bien como ir a por él, no le encuentro ninguna debilidad. No veo ningún punto débil al que atacarle sin que me pase lo de la otra vez.

No dijo nada al respecto y entonces di por sentado que él no podía o no quería ayudarme.

-¿Qué hay de vuestra chica? –preguntó.
-Se ha ido. Ella estaba embarazada, ¿sabes?
-Lo siento entonces, pero puedo entenderos, señor Jack. Aunque a decir verdad, quizá mejor así para ambos porque la mujer se ha apartado de todo esto y eso os hace libre y además ella estará a salvo.
-Es un buen punto de vista. Sin embargo no pareces del tipo de hombre que sepa lo que es perder a la mujer que ama.
-Estáis equivocado. ¿Por qué no debería saberlo? –se giró- He conocido el amor en cada país de todos los que he estado, salvo este.
-Me sorprendes. Oye, ¿por qué no me explicas tu historia y todo ese rollo del hombre que estás buscando?
-¿Y ese interés repentino por mi vida, señor Jack?
-Necesito dejar de pensar por un buen rato, y quizá logres ayudarme…

Vagabundo avanzó unos pasos y apoyó su espalda en la pared más cercana a mi sillón. Me giré un poco para poder verle mejor ya que me había cogido de perfil.

-Abandoné mi hogar al llegar a la mayoría de edad, hace ya diecisiete años, casi dieciocho. Me deshice de la mayoría de bienes materiales que había heredado por la muerte de mis padres y emprendí un viaje que no sabría bien cuando llegaría a acabarlo. Estuve en Inglaterra, en Alemania, en Rusia, en China, en Japón, y estuve en Brasil antes de venir aquí. Durante todo este tiempo me he dedicado a aprender todo lo que podía sobre la cultura, estilo de vida, el idioma y las artes marciales de esos lugares.
-¿Por eso me dijiste aquellos nombres tan raros cuando nos conocimos?
-En efecto. Fui nombrado de muchas maneras por los diversos profesores y maestros que tuve, cada uno a su modo.
-Recuerdo que me dijiste «Dragón Blanco»… ¿Entonces tiene relación directa con el chino?
-Así es –asintió tras afirmar-. Wen Kuo era Dragón Verde antes de que yo llegara a ser Dragón Blanco. Él era uno de los mejores estudiantes del monasterio en el que estábamos recluidos, pero su problema era que cada vez quería obtener más poder, hacerse más fuerte. Mostró claro desacuerdo el día en que nuestro Maestro decidió nombrarme Dragón Blanco. Estuvo tan cegado por su ambición que una noche decidió acabar con la vida del Maestro y luego desapareció. Desde ese día el monasterio lo declaró enemigo y pasó a ser el Dragón Negro.
-Ya veo. Entonces te alzaste en nombre de la venganza. Qué típico…
-No, señor Jack. Quizá para vosotros todo esto les pueda parecer una simple cuestión de venganza, pero para la gente más abierta de mente, es otro tipo de cosa.
-Ya estamos… ¿Qué cosa?
-Desde el momento en que cometió ese crimen mi deber es acabar con él para cerrar el círculo. Es mi tarea como Dragón Blanco, título que se me despojará en cuanto todo esto acabe.
-¿Por qué?
-Porque forma parte del equilibrio. Estoy seguro que mi Maestro me nombró de esa forma porque sabía que Wen Kuo pasaría a ser quien es ahora. Cuando ya no haya Dragón Negro, Dragón Blanco tampoco será necesario.
-No sé si ha sido una buena idea decirte que me explicaras todo esto… -dije tras bufar lentamente- ¿Y cuanto llevas tras él?
-Años. Fue antes de pasar por Japón y Brasil. Iba encontrando y perdiendo su rastro, hasta que al final di con él aquí.
-¿Y qué harás cuando acabes con esto? Si es que acabas.
-Acabaré, estoy seguro, y entonces volveré a mi país. Me marché de allí porque quería encontrar un sentido a mi vida, y a pesar de haberlo encontrado, me he dado cuenta que he dejado de lado aquel lugar. La corrupción política y el crimen se están haciendo con el poder, y siento que debo volver para hacer todo lo posible por ayudar a los inocentes que están pagando por lo que no deben.
-Ya veo… Es un gesto muy noble por tu parte…

No dijo nada más y nos quedamos unos segundos en silencio. Lo suficiente como para que yo pudiera darle vueltas a la cabeza y darme cuenta de que realmente mi vida no había sido nada comparada con la del desconocido que tenía delante, en el caso de que no me hubiese engañado.

-Ojala yo pudiese hacer algo similar –susurré tras mirar al suelo.
-Veréis señor Jack, quizá le haya gustado la parte bonita de mi historia, pero tenéis que saber que no todo ha sido un camino de rosas.
-Me lo imagino.
-Ser extranjero no es nada fácil, da igual lo que diga la hipocresía del mundo. En todos los lugares que he estado he tenido problemas de una manera u de otra. He sido golpeado, humillado, maltratado, torturado… Pero de todo se aprende. Y ahora que me fijo bien en usted, me hago una pregunta que espero que seáis capaz de responderla.
-¿Qué pregunta?
-La de qué tipo de hombre sois. ¿Sois ese tipo de persona que se queda sentado esperando a que la vida pase por delante sin hacer nada? ¿O si sois de ese tipo de persona que… lo que pretende es dejar huella en esta vida? Esto último, es algo que considero que todo el mundo debería de hacer.

Las palabras de Vagabundo sonaron como un tambor dentro de mi cabeza.

-Quiero. Quiero hacer algo –respondí con decisión.
-En ese caso levantaos para ir a encontrar las respuestas que estáis buscando –dijo él tras cruzarse de brazos.
-¿Pero cómo?
-En Japón, una vez mi «Sensei» me dijo: «Cuando te enfrentas a un rival, nunca hay que cegarse en la búsqueda de sus debilidades. Lo que hay que hacer, es tener una visión clara de las nuestras propias.»

Su frase vació mi mente de todos los pensamientos que había tenido hasta ahora. No sé por qué le encontré tanto sentido a sus palabras que por fin di con lo que quería, con la manera en que podría intentar llegar hasta Charles y no caer en el intento. Iba a ser una locura y una vez más tendría que implicar a Steve, pero si conseguía llevarlo a cabo todo esto acabaría de una maldita vez.

-Lo tengo –dije antes de levantarme.
-¿Qué?
-Gracias.
-No hay de qué, señor Jack.
-Voy a llamar a Steve.
-No deberíais implicar a vuestro amigo en esto.
-Solo será en parte. No pondré en peligro su vida porque lo último que querría es que ese niñato le destrozara la mente o lo pusiera en mi contra. Por eso tampoco te voy a pedir que vengas conmigo.

Vagabundo se separó de la pared y observó como cogía el teléfono para llamar a Steve. El tono sonó un par de veces antes de que él respondiera desde el otro lado.

-Residencia López, habla con Steve.
-Soy yo.
-¿Jack?
-Sí. Necesito que vengas a mi casa, trae tu coche.
-¿Qué pasa?
-Te dije que igual te necesitaría, y es exactamente eso.
-Pero…
-Te lo explicaré cuando vengas.

Colgué con rapidez y luego miré al encapuchado.

-Suerte, señor Jack.

Alcé un pulgar hacia él a modo de despedida y agradecimiento. Luego lo seguí con la mirada hasta que salió por la puerta principal.

Capítulo 10: El funeral

Publicado: 30 abril, 2014 en Némesis

Capítulo 10: El funeral

Todo era tan absurdo, tan surrealista. Escapaba de mi capacidad de razonamiento o de encontrar cualquier lógica a los hechos. Me era imposible. Ni siquiera habiendo bebido una botella entera de whiskey, como si de ello fuese a obtener una iluminación divina con capacidad de explicarme algo con sentido.

Tan solo habían pasado tres días desde la muerte de Susan y el funeral se había atrasado porque sus padres tuvieron que volver de China de manera precipitada. Durante esos días me sentí como si se hubiesen estado riendo en mi cara mientras me tenían atado de pies y manos. Los detectives que me tomaron declaración y que según ellos habían estado al cargo del caso de la desaparición de Brandon, al final se pusieron en contacto conmigo para decirme que habían interrogado a Charles Smith, y este tenía más de veinte testigos que le situaban aquella noche en una fiesta privada en una de sus casas. Eso hizo que entonces yo pasara a ser un sospechoso principal sobre la muerte de mi exnovia, que «por suerte» no había sido detenido por falta de pruebas. Del taxista no se sabía nada, la matricula que Karen había conseguido fue comprobada y no existía. Y de las llamadas de teléfono ni rastro. Steve había conseguido el informe balístico de lo poco que se pudo recuperar tras el incendio, y la bala había sido disparada por un arma con el cañón limado, haciéndola irrastreable. El señor Harper declaró que no se acordaba de nada y que le habían tenido encerrado durante todos esos días, con los ojos vendados, aunque alimentado después de todo. Del chino no se sabía nada, como si hubiese desaparecido, tal y como Vagabundo nos había advertido.

Perdí la noción del tiempo. No sabía cuanto había dormido en total y todo lo que hacía me separaba poco a poco de la pelirroja. Intentábamos hablar, pero nos hacíamos daño. Ella trataba de empatizar conmigo pero yo intentaba alejarla, algo que terminaba consiguiendo debido a mi estado de irritación y en ocasiones algo pasado por la bebida. No era lo que quería, pero no me sentía bien, y conociendo a Karen sabía que aguantaría mucho pero al final terminaría explotando. ¿Pero qué iba a hacer? La bofetada de la realidad me había dado tan fuerte que aún no me había recuperado. Todas esas cosas que uno cree que no pasaban y que solo ocurrían en las películas, al final, eran cosas de verdad.

Era la segunda vez que había tenido que ir a un funeral. Recordé perfectamente cuando mi madre murió, cuando yo tan solo tenía diez años. Fue uno de esos casos en que la Leucemia es terminal, y no tardó en apartarla de nuestro lado. Mi padre perdió rápidamente la cabeza y se obsesionó con el campo y las tierras, alejándolo lentamente de la sociedad hasta quedarse solo. Yo tuve dos opciones en aquel momento, o quedarme con él y ver cómo se consumía lentamente, o mudarme a la ciudad para vivir con un hermano de mi difunta madre. Tras elegir la segunda opción mi vida cambió, y pronto dejé de ser un «paleto» de Kentucky tras adaptarme a los cambios. Abandoné a mi padre pero no quería correr su misma mala suerte, así que si los dos íbamos a desperdiciar nuestra vida preferí ser valiente y darme a mí mismo una oportunidad.

Y ahí estaba. Las nubes oscuras tapaban el cielo y parecían tener ganas de descargar tormenta. Por suerte para los presentes, la lluvia que caía era débil y pocos decidieron traer paraguas. Brandon y su familia estaban cerca del ataúd, justo al lado de los padres de Susan. Había venido Steve con Andrea y las niñas, Karen me acompañaba e iba cogida a mi brazo a pesar de las circunstancias que estábamos pasando y también estaba Karl con dos de sus guardaespaldas aunque algo alejados de la mayoría de gente. Pero Marcus no había venido, el abogado aún no había llegado y yo no dejaba de preguntarme dónde demonios se había metido. El resto de personas eran conocidos, antiguos colegas de instituto, compañeros de trabajo del viudo, etc. El reverendo acabó con sus palabras y la caja fue entrando poco a poco en el agujero entre lágrimas de varios de los presentes. La gente empezó a dispersarse y entonces me separé de Karen para poder ir a hablar con los padres de Susan.

La edad ya se les empezaba a notar y a pesar del momento ambos me dedicaron una sonrisa a modo de saludo. No pude evitar abrazarles en un intento de darles mi apoyo. Chen parecía estar más bajito que en la última vez que nos habíamos visto, y cada vez costaba más verle los ojos debido a las arrugas y sus rasgos naturales. Sarah seguía siendo una mujer guapa para su edad, aunque el mal momento que estaba pasando no le hacía justicia.

-Cuanto tiempo… -dijo ella- Y qué raro te veo con esa barba…
-Mucho… -dije tras asentir- Y lamento que no nos hayamos podido ver antes. Supongo… que todo ha sido muy precipitado.
-La verdad es que sí, Jack –dijo él, acompañado del acento característico de su país-. Todo esto se nos escapa, somos incapaces de entender lo sucedido.
-Créanme que yo tampoco soy capaz de entenderlo.
-La policía nos dijo que tú estuviste con ella en el momento de su muerte.
-Es cierto, y sé quienes son los culpables. Pero no sé qué versión les habrá contado la policía, y por ello antes de nada les pido disculpas por si creen que…
-No, Jack –interrumpió él-. A pesar del tiempo que ha pasado, mi mujer y yo sabemos que tú siempre has sido un buen hombre y por eso no nos importa lo que la policía nos pueda decir malo de ti. Sé que tú jamás le hubieses hecho daño a mi hija, y es por eso por lo que queremos saber qué ocurrió.
-Susan me había contratado para ayudarle a encontrar a Brandon. Al final nos tendieron una trampa bajo amenaza de muerte de mi actual pareja y nos obligaron a ir a un lugar, allí dispararon a su hija y no pude hacer nada por ella.
-Pero si sabes quienes son los culpables… ¿Por qué la policía sigue investigando? –preguntó ella.
-Los detectives no me creyeron debido a que los culpables tienen una coartada perfecta, con una veintena de testigos que aseguran haber estado con ellos aquella noche y muy lejos del lugar de los hechos.
-¿Por qué alguien querría matar a mi hija? ¿Por qué? –preguntó Chen algo alterado.
-No lo sé, no lo sé. Escúchenme, ¿les suena el nombre de Wen Kuo?

Ellos se miraron.

-No nos suena de nada –contestó él algo extrañado-. Bueno, el apellido es bastante común en mi país, pero… la verdad es que nada más.
-Wen Kuo es un hombre de origen chino, y al que llaman Dragón Negro. Es un mercenario, y estaba allí también en el lugar de los hechos. ¿Ustedes saben si…?
-¿Qué estás insinuando? –preguntó Sarah tras cruzarse de brazos.
-Tan solo quería saber si…
-¿Estás insinuando que mi marido puede tener algo que ver con todo esto?
-No, por favor. Simplemente que quizá haya algo que no sabemos y la implicación de ese sujeto tenga algo que ver con vuestra familia.

Chen no dejó de mirarme fijamente a los ojos desde el primer momento en que decidí continuar con el tema. Cogió aire y luego lo expulsó lentamente antes de pronunciarse.

-Toda mi familia ha trabajado la tierra durante muchas generaciones, siendo pionera también en el tipo de medicina que aquí conocéis como alternativa. No sé quién es ese hombre pero si estaba allí y tiene que ver algo con el asesinato de mi hija, es porque debe de ser un maldito perro que no conoce el honor. Jamás en mi vida he tenido tratos con gente de ese tipo, ni tan siquiera con las Triadas, algo con lo que a los de nuestro país nos suelen relacionar. Así que tan solo con el simple hecho de que creas que puede haber alguna relación, ya estás consiguiendo que me sienta ofendido por ello.
-Señor Lee, mis más sinceras disculpas. Trato de ayudar e intento esclarecer los hechos.
-Debemos de habernos equivocado contigo entonces, Jack –dijo ella tras cogerse del brazo de su marido-. A pesar de todo este tiempo que ha pasado nosotros hemos tenido la certeza de que seguías igual, pero… ¿y tú? Si nos conoces bien deberías saber a ciencia cierta de que mi marido o su familia jamás estaría implicada en la muerte de mi hija.
-Te deseo lo mejor, Jack –arqueó levemente el cuerpo Chen, de manera cortés-. Y no te preocupes, la policía terminará solucionando todo esto. Aún así… gracias por tu interés, pero mi mujer y yo necesitamos algo de tranquilidad.

No había escogido las palabras ni el momento adecuado, pero tenía que intentarlo. Me miré las manos y me temblaban por la tensión. Al alzar la cabeza pude ver a Brandon, un poco más libre y algo alejado de la muchedumbre que le había estado atosigando. Fue entonces el momento en el que decidí acercarme a él para hablar por fin cara a cara. El hombre parecía estar aguantando estoicamente la situación, denotando de nuevo parte de su «perfección».

-Brandon Harper.
-¿Jack Tacker?
-El mismo. Lamento que tengamos que conocernos en estas circunstancias. Te acompaño en el sentimiento.
-Yo también lo lamento, y gracias –dijo antes de tragar saliva.
-Sé que no es un buen momento ni lugar, pero me gustaría hablar contigo.
-Los detectives me dijeron que tú habías estado trabajando de manera privada en mi desaparición. Sabes… me siento raro al decirte esto, aunque supongo que es por la situación, pero ella nunca tuvo malas palabras cuando hablaba sobre ti.
-Susan no tenía malas palabras para nadie.
-Supongo… -apretó los labios para forzar una sonrisa por un instante, antes de continuar- que sí.
-Quiero llegar al final de esto, Brandon, y necesito tu ayuda.
-¿Mi ayuda? No te sigo, Jack…
-Necesito que me expliques cualquier cosa que me pueda servir. Detalles, señales, cosas que creas que podrían aportarnos algún dato importante.
-Le dije a la policía todo lo que sé. ¿Quieres que te lo explique?
-No, no. Ya lo sé. Quiero que me digas algo revelador, algo importante. Algo que pueda conectar con todo esto. El señor Ulrich me dijo que estabas trabajando en un proyecto aún sin clasificar, ¿de qué se trata? ¿Te interrogaron cuando estuviste encerrado? ¿Crees que alguien de la competencia…?
-¿Esperas que te de información profesional y que podría acarrearme un despido así tal cual? –preguntó él sin responder a mis preguntas, y frunciendo el ceño.
-Tu mujer ha muerto –dije claro-. Despierta, Brandon. Intento ayudar.
-Exacto, Jack. Es mi mujer la que ha muerto, no la…

No me había dado cuenta de que Karl se había acercado hasta nosotros y en aquel momento no le importó cortar nuestra conversación.

-Lamento interrumpirles, caballeros –dijo a modo de saludo-. Y mi más sincero pésame dadas las circunstancias.
-Gracias, «K» –agradeció Brandon tras suspirar, demostrando claramente la confianza que tenía con su jefe.
-No pasa nada… -dije.
-Le hago saber, Jack, que por mi parte me doy satisfecho con su trabajo y mañana sin falta recibirá el dinero del pago por sus servicios.
-No hace falta, Karl… Brandon me encontró a mí y no al revés.
-Sí, sí hace falta. Es más, añadiré la parte que debía de pagarle la señorita Harper, ya que estoy seguro de que ella estaría de acuerdo conmigo.
-He dicho que no hace falta.
-Y yo debo insistir.

No tenía ninguna gana de discutir y menos por dinero. No sabía como decirle a Karl y de manera no ofensiva que sus billetes no me iban a servir para nada. Así que me limité a mantener la boca cerrada.

-Tenemos muchas cosas de las que hablar, amigo mío –se dirigió a Brandon-. Te esperaré en el coche, y cuando acabes… -pareció mirar por encima de mi hombro, como si mirara a la lejanía tras de mí, pero volvió a dirigirse a él antes de continuar- te invitaré a comer.
-Gracias, gracias otra vez –agradeció acompañado de un gesto con la cabeza-. Justo ahora mismo acababa de terminar con el señor Tacker así que en breve nos vemos.

Karl se alejó y de nuevo nos quedamos Brandon y yo cara a cara.

-Brandon… -dije tratando de captar su atención- Escucha.
-Lo siento Jack, tengo que irme. Espero que todo te vaya muy bien.

No me dejó hablar más con él y decidió marcharse. Me maldije a mí mismo y empecé ver como la gente empezaba a disgregarse. Enseguida me encontré que mis compañeros se habían acercado hasta mí y que Marcus por fin había llegado.

-Hola Jack, lamento el retraso –se disculpó el abogado.

Lo que llamaba la atención no era verle vestido con uno de sus trajes, como siempre, sino más bien que llevaba unas gafas de sol a pesar de que estaba lloviendo y las nubes tapaban todo el cielo.

-¿Dónde estabas, Marcus? –pregunté serio.
-Lo siento, me ha surgido un imprevisto y… -trató de excusarse.
-No. ¿Dónde coño estabas?
-Pues en el despacho, y…
-Te necesitaba aquí, ¿eres consciente de ello?

Todos se sorprendieron ante mi actitud, pero yo estaba muy dolido porque mi amigo no había estado aquí junto al resto. Karen se acercó a cogerme del brazo para intentar calmarme.

-Sí, y lo siento, como ya he dicho –dijo tras acercarse para ponerme una mano en el hombro antes de continuar-. Mira, sé cómo te sientes…
-No creo que te hagas una mínima idea –dije tras apartarle la mano de manera abrupta-.
-Jack, tranquilo… -dijo Karen.
-Eh, ¿estás bien? –preguntó Marcus.
-¿Estabas perdiendo el tiempo con alguna de tus zorras?
-¡Jack! –exclamó la pelirroja a la vez que Steve, mientras que Andrea le tapaba los oídos a su hija más pequeña y sin poder tapárselos también a la otra.

El abogado levantó una mano en señal de paz para los presentes, intentando hacerles entender de esa forma que no pasaba nada. Yo seguía estando furioso.

-Escúchame, Jacky, tan solo ha sido un imprevisto y ya está. Estoy aquí para lo que sea. ¿No lo ves?
-¿Ah sí? Explícanos entonces ese maldito imprevisto y averigüemos si era más importante que este funeral.

Marcus miró a los presentes uno a uno antes de volver a hablar.

-No puedo… Es cosa del trabajo –dijo simplemente.
-¿Sabes qué? Que te jodan –dije tras tocarle con el dedo índice en el pecho.

Acto seguido lo empujé y trastabilló hacia atrás debido a que no se lo esperaba. Eso hizo que chocara con Steve y este lo cogió sin problemas, sin embargo se le movieron las gafas de sol lo suficiente como para poder verle los ojos, que fue cuando todos pudimos darnos cuenta de que tenía uno de ellos morado por seguramente algún tipo de golpe. No dijo nada, y tras separarse del detective y susurrarle un «Gracias» se volvió a colocar las gafas.

-Esto sí que no me lo esperaba –dije-, ¿algún marido te ha dado una lección por tocar lo que no debes?
-Está bien, Jack. Tú ganas…

Marcus se dio media vuelta y empezó a marcharse sin despedirse. Karen me empujó con fuerza y me puso frente a ella.

-¡¿Es que estás perdiendo el juicio?! ¡Es tu amigo!
-¿Qué pasa, hermano? –preguntó Steve.
-Steve, voy al coche… -dijo Andrea mientras trataba evitar de alguna manera que las pequeñas presenciaran más.
-Me voy a casa –dije tras negar con un gesto de la mano-. Estoy harto de todo esto…

Karen se pasó todo el trayecto en taxi hasta casa intentando ahogar las lágrimas. De vez en cuando se le escapaban y se las secaba rápidamente. Intentó no hablar para que yo no me diese cuenta de que le temblaba la voz, aún así, fue algo que no pudo evitar.

Una vez en casa y ya a medio día, ella decidió hacer algo de comer. Al principio decidí dejarla tranquila pero luego pensé en otra cosa, así que me puse a observarla a un par de metros de distancia mientras ella cortaba unas verduras encima de la tabla, cuchillo en mano. La música de la radio sonaba de fondo aunque muchas veces apenas se oía por el sonido de los utensilios. Me miré las manos y me temblaban, y era porque una parte de mí realmente estaba sintiendo como iba perdiendo el juicio poco a poco. Había sido sobrepasado por todos los hechos y estaba a punto de cometer una locura.

Caminé lentamente hasta su espalda y ella se giró un tanto sorprendida por mi seriedad.

-¿Qué…? ¿Quieres…? –me mostró el cuchillo, invitándome a cortar verduras.
-Agarra el cuchillo con todas tus fuerzas y pase lo que pase no lo sueltes –dije.

Me centré en ella. Mi cuerpo empezó a cambiar y pronto noté el vigor en mis músculos, así como la piel endurecerse.

-¿Cómo? –preguntó totalmente sorprendida.

Directamente llevé mis labios hasta su cuello y empecé a morder con suavidad. Ella intentó apartarme pero no podía a causa de mi cambio.

-No, Jack… Te aseguro que no estoy de humor así que es mejor que…

La levanté sin tener que hacer apenas esfuerzo y la tumbé encima de la mesa.

-¡¿Pero qué estás…?!

Sus ojos se pusieron vidriosos y rasgué la mayor parte de su ropa como si fuesen hojas de papel, haciendo lo mismo con las mías que me estorbaban.

-No Jack, por favor… -rogó antes de que yo le separase las piernas- ¡Ah! –gimió al empezar a notar mi ímpetu.
-¿Qué pasa? ¿Ahora no te gusta que sea malo? –susurré.

Notaba como lo bueno de mí iba abandonando mi cuerpo a la vez que sentía el éxtasis y el placer por el descontrol de poder hacer lo que estaba haciendo. Karen intentó aguantarse y se mordía un dedo para evitar gritar, pero al final fue tan presa como yo y no pudo evitar gemir como nunca la había oído. Todo fue muy intenso y seguramente corto, porque no fui capaz de tener ningún control del momento hasta que todo acabó. El ruido que provocó el cuchillo al chocar con el suelo fue muy estridente, como una especie de punto y final a la locura que nos había absorbido.

Ella se encogió mientras le caían lágrimas por el rostro, abrazándose a sí misma y aún encima de la mesa. Yo me apoyé en la pared intentando recuperar el aliento y mis manos temblaban aún más, notando después que mi cuerpo iba volviendo a su estado natural e incluso se me adormecía alguna extremidad.

-Ja… Jack… -dijo ella entre sollozos- ¿Qué te está pasando?
-Karen…
-¿Qué…? ¿Qué te ha ocurrido?
-Yo…

La pobre se levantó lentamente y se tapó como pudo con los restos de la ropa. Acto seguido se tambaleó un poco e incluso chocó con una pared, desapareciendo después tras la puerta del dormitorio que cerró torpemente. Me froté mi brazo izquierdo porque sentí que había perdido la fuerza en este y quise hacerlo «despertar». Luego golpeé la puerta del dormitorio con cuidado para atraer su atención.

-¿Karen?

No contestó.

-¡¿Karen?!
-Por favor, no tires la puerta abajo… -contestó por fin- Te lo suplico…
-No… No lo haré. Tan solo quiero saber si estás bien…
-¡No! Quiero decir… ¡Sí! ¡No entres!

Se la oía llorar. Estuve tentado en abrir la puerta, pero el poco raciocinio que aún podía mantener me decía que la dejara en paz. Así que caminé hasta el sofá, cogiendo por el camino la botella de whiskey, y una vez allí me tiré de espaldas para quedar mirando al techo.

La bebida me sabía a gloria y supuse que también me hacía sentir como si esta fuese una especie de placebo, que me ayudaba a eludir por momentos el hecho de que todo se me caía encima. Me venían recuerdos de todos los tipos mediante pasaban las horas, inmerso en una especie de inconsciencia agradable y que cada vez hacía que deseara menos volver a la realidad. Ni siquiera me di cuenta de si Karen había salido de la habitación o ni tan siquiera si aún seguía en casa. La lluvia chocaba en las vidrieras y eso en parte también aumentaba aún más mi estado de relajación, hasta el punto en que empecé a ser presa del sueño y la botella de alcohol no dio más de sí.

Lo que me despertó horas más tarde fue el teléfono móvil de la pelirroja que sonó varias veces, tanto que al principio pensé que era parte de lo que estaba soñando, pero al final me di cuenta de que debía ser alguien muy insistente. Caminé arrastrando los pies hasta la entrada y saqué el maldito cacharro de dentro del bolso, con la intención de colgar, pero entonces vi que aparecía el nombre de Steve en la pantalla. Descolgué tras suspirar y me lo llevé al oído.

-Gracias a dios… -dijo- Karen, necesito que me pases con Jack, es urgente.
-Joder Steve… Me ha parecido ver que no eran ni las seis de la mañana…
-¿Jack? ¡Jack! Oye, escucha hermano –él parecía algo alterado.
-¿Pero qué coño pasa?
-Ven aquí inmediatamente…

El teléfono se me escapó de las manos y golpeó contra el suelo, mientras tanto seguía escuchando a Steve como preguntaba por mí. Me apoyé en la pared y poco a poco me fui deslizando hasta quedar sentado. No me había hecho la pregunta de cuando la realidad volvería a darme tan fuerte que haría que despertara de golpe. Y ahí fue, en ese preciso momento y tras las palabras de mi amigo, el instante en que tras llevarme las manos a la cabeza volví a sentir en el pozo en el que me había metido yo solo.

 

Capítulo 9: La muerte

Publicado: 13 abril, 2014 en Némesis

Capítulo 9: La muerte

El disparo resonó con fuerza. Noté como la sangre me salpicó en el rostro y abrí los ojos como acto reflejo, al notar que aún seguía vivo. La bala había hecho que Susan se golpeara contra unas cajas y luego cayera hacia delante, desplomándose como un peso muerto y justamente con el rostro hacia mí. El cabrón le había perforado el pecho, tras cambiar de objetivo en el último momento.

-¡No! –grité- ¡No! ¡No! ¡No!

Arañé el suelo desesperadamente en un intento de aproximarme hacia ella. Sus ojos se habían quedado completamente abiertos, como si hubiese muerto de un susto. Tosió sangre un par de veces, y poco a poco se iba formando un charco debajo de su cuerpo. El pelirrojo cogió el casquillo que había salido de su arma y se lo fue pasando de mano en mano hasta que pudo cogerlo bien, soplándolo después.

-Ya te dije que si tenías que decirle algo, era el momento –dijo.
-Te mataré, cabrón. Te lo juro…

Uno de los matones iba a echarme gasolina pero Andy lo hizo retroceder con un gesto de la mano.

-Vas a tener que hacer un gran esfuerzo si aún quieres salvar al viudo.
-¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡Hijo de puta dime porqué!
-Cállate ya.

Guardó la pistola y luego hizo un gesto para que sus hombres encendieran el combustible.

-Hasta nunca, investigador –se despidió antes de salir por la puerta con sus hombres.

Las llamas se avivaban lentamente porque ellos habían preferido esparcir el combustible antes que acumularlo, aunque no tardarían mucho en llegar hasta nosotros. Me sentía completamente hundido, agotado mentalmente, sin fuerzas. No sabía si Susan aún estaba viva, o si era verdad que Brandon estaba dormido y no muerto. Pero no podía hacer nada salvo destrozarme los dedos arañando el suelo.

-¡Susan! ¡Susan! ¡Joder, no me dejes!

Tosí un par de veces.

-¡Brandon! ¡Despierta maldito hijo de puta perfecto! ¡Tu mujer se está muriendo!

Mis gritos hacían algo de eco, y entonces me di cuenta de que no estaba solo a pesar de que los matones de Charles se habían marchado. El oriental apareció en mi campo de visión y entonces lo miré desde los pies hasta la cabeza. Él me observaba con detenimiento, sin inmutarse, como aquel que espera el fin de alguna cosa a sabiendas de que no hay solución para impedir que llegue ese momento.

-Si no estás con los americanos… te pido por favor que saques de aquí al hombre y a la mujer.

Giró lentamente la cabeza hasta mirar a Brandon y a Susan, luego me volvió a mirar.

-Te lo suplico… Por favor, Wen Kuo… ¡Te pagaré lo que quieras, pero sácalos!

Frunció el ceño ante mis palabras y entonces colocó una rodilla en tierra para quedar casi cara a cara conmigo.

-Sabes demasiado… -dijo con un acento bastante marcado.

Acto seguido juntó lentamente los dedos de una mano y recogió el pulgar. Justo cuando estaba a punto de terminar su movimiento con la intención de golpearme, se rompió una de las ventanas del piso superior y Vagabundo entró en escena. El encapuchado bajó hasta la planta baja con un par de saltos acrobáticos y empezó a caminar hacia nosotros. El chino se puso en pie y adoptó una postura defensiva propia de un artista marcial.

-¡¿Dónde coño estabas?! –le pregunté exaltado.
-Le ruego que me disculpe, señor Jack. Pero seguir un vehículo a pie es bastante complicado en esta urbe.
-¡Susan se está muriendo! ¡Haz algo, joder!
-Tranquilícese. Voy a hacerlo lo mejor que pueda.

Quedó frente al supuesto Dragón Negro tras sus palabras. Se dijeron algo en otro idioma que no conocía y justo después empezaron a intercambiarse golpes. Eran todo un espectáculo visual gracias a la luz que proyectaba el fuego, parecía una coreografía preparada, pero la magia se rompía al ver que se golpeaban de verdad. Puñetazos, patadas, bloqueos, proyecciones, todo en décimas de segundo. Debido a la mala posición en que me encontraba, muchas veces hasta me era complicado seguirles.

-¡Dejad de hacer el gilipollas! ¡Vamos a arder todos si no paráis! –exclamé al reaccionar y ver que las llamas seguían ardiendo.

Un disparo al aire nos alertó a todos y los luchadores se pararon en seco, quedando frente a frente.

-Que nadie se mueva. ¡Las manos sobre la cabeza! ¡Ya! –la voz de Steve provenía desde la puerta.
-¡Steve! ¡Gracias a Dios! ¡Rápido!

No conseguí ver a mi amigo hasta que se acercó a la pareja encapuchada. Este mantenía el arma firme y apuntaba al mercenario, a la vez que caminaba en su dirección.

-Le recomiendo que no se acerque más a él, detective –dijo Vagabundo.
-Cierra el pico y levanta las manos –ordenó Steve mientras fruncía el ceño-. Y tú –dirigiéndose al otro-, haz lo mismo, ¡ya!

Dragón Negro levantó las manos y mi amigo se llevó una grata sorpresa cuando acortó la distancia para poder ponerle las esposas. El oriental desarmó al detective con tres movimientos, y al final le golpeó la nuez con la punta de los dedos. Steve cayó automáticamente al suelo mientras intentaba coger aire para no ahogarse.

-Se lo dije –comentó Vagabundo.

Intentó golpear a su enemigo tras el comentario, pero este último lo esquivo y corrió hacia las cajas, saltando por ellas hasta llegar a la misma ventana por la que el encapuchado entró.

-Me cago en… -maldijo Steve tras reincorporarse, toser, y luego recoger su arma del suelo- ¡Me cago en todo!
-¡Necesito ayuda aquí, detective! Dese prisa porque no tenemos más tiempo.

El encapuchado, que se había movido rápidamente hasta mi lado, me cogió como a un saco de patatas. Steve se apresuró para tomar el pulso a Brandon y luego hacer lo mismo con Susan.

-¡Esperad! ¡No! ¡Sacad a Susan primero!
-Dios… -dijo Steve antes de llevarse las manos a la cara- Harper está bien, pero Susan… ya no está entre nosotros.

Conocía a Steve, quizá más que su propia mujer o hasta sus padres. Sabía cuando era capaz de hacer una broma, de la misma manera que sabía diferenciar el momento en el que podía hablar con la más absoluta seriedad. Nada pudo quitarme la punzada que sentí en el corazón, ahogándolo como si le costara bombear, un dolor inexplicable que solo pocos conocen.

-Señor Jack, escúcheme… –dijo Vagabundo- Tenemos que salir de aquí.
-¡No! ¡Joder Steve, sacadla de aquí!
-Tenemos que poneros a salvo a ti y a Harper, hermano. Hay que priorizar –dijo esto último mientras levantaba el cuerpo de Brandon y luego se lo apoyaba en el hombro.
-¡No me hagáis esto!

El fuego se incrementó rápidamente y le faltó poco para alcanzarnos. Una vez fuera, el humo negro ya era demasiado evidente para cualquiera que mirara desde la lejanía se diese cuenta y por ello las sirenas se empezaron a oír. Me sentí ausente, con una furia por dentro incapaz de controlar, pero era tan inútil con el cuerpo paralizado que solo pude gritar de dolor por la perdida de Susan.

Steve dejó a Brandon en el suelo y luego intentó volver a entrar al edificio, sin embargo le fue imposible porque las llamas ya eran demasiado grandes.

-¡Mierda! –exclamó.

Luego se acercó a nosotros tras echar aire por la nariz..

-Necesito que me ayude otra vez, detective –dijo Vagabundo antes de ponerme de pie y pasarme a los brazos de Steve.
-¿Qué haces? –le preguntó él.
-El señor Jack ha sido herido por una técnica capaz de paralizarle el cuerpo, pero para su fortuna, esta es reversible.
-¿De qué estás hablando?
-Manténgalo todo lo vertical que pueda, de espaldas a mí.

El detective hizo caso del encapuchado y este último golpeó rápidamente la parte inferior de mi columna, repitió la acción más de una vez por varios lugares de la zona. Una vez acabó, se separó de nosotros y se dio media vuelta.

-¡Eh! ¡Quieto ahí! –ordenó mi amigo tras sacar otra vez la pistola y apuntar a Vagabundo, sosteniendo el arma a una mano para evitar tener que soltarme- ¡Tú te vienes a comisaría!
-Me temo que eso no va a ser posible, detective.
-Si no te detienes te juro que te dispararé.
-No va a hacerlo, detective. Se estima más la vida de su amigo que la mía. Así que protéjalo hasta que se recupere. El señor Jack se pondrá bien gracias a lo que le he hecho, solo necesita descansar.
-Maldito seas… ¡Vete antes de que cambie de idea!

Llegaron dos coches de policía y un camión de bomberos justo cuando el encapuchado desapareció por los edificios más cercanos.

-Aguanta, hermano… -me susurró Steve.

Mis ojos no veían más que el suelo, aunque era un decir porque tenía la vista totalmente perdida. Sentía como poco a poco iba perdiendo la consciencia mientras mi amigo me gritaba para evitar eso, y también pude escuchar la voz de la detective Green a lo lejos.

Lo siguiente que recuerdo fue despertar en una cama de hospital. La luz de los fluorescentes me obligó a entrecerrar los ojos para poder acostumbrarme al cambio. Karen estaba a mi lado y me cogía de la mano, sin embargo parecía estar abstraída mirando a la pared, sumida en sus pensamientos. Aunque estaba dolorido, sentí que podía mover los dedos de los pies y también las piernas, poco a poco me di cuenta de que había recuperado toda la movilidad. La pelirroja se sobresaltó al ver lo que hice y eso provocó que se girara para mirarme.

-¿Jack?
-Kar…
-Oh, gracias a Dios…

Ella me abrazó torpemente y noté como varias lágrimas suyas tocaron mi piel.

-Tranquila, estoy bien…
-A este paso vas a matarme de un disgusto…
-No, pensaba que yo había muerto y que tú eras un ángel…
-Al final yo seré yo la que te mate como no pares… Mira, has conseguido que haga una broma de mal gusto.

Sonreí débilmente y ella me besó. A pesar de la estúpida broma que había hecho y que seguramente no iba con el momento, por dentro aún me sentía destrozado.

-He estado a punto de llamar a tu padre para explicarle lo sucedido.
-Diablos… Deja en paz a ese pobre viejo, que bastante tendrá con aguantarse él solo. ¿Qué me ha pasado?
-Llevas inconsciente varias horas.
-¿Qué hora es?
-Casi las cuatro.
-¿Fuiste tú la que avisaste a Steve?
-Sí… -se secó las lágrimas- Tu móvil comunicaba y a lo único que di fue a llamar a Steve, estaba muy nerviosa.
-Creo que él estaba más nervioso que tú. El muy loco vino solo, y me imagino que consiguió que le triangularan mi posición…
-Fue mi culpa, no supe bien como explicarle. Pero da igual, lo importante es que estés bien.
-Estoy hambriento. Muchísimo.
-Luego miraré a ver si te puedo traer algo…

Entró una enfermera tras llamar a la puerta.

-¿Ya ha despertado? –preguntó.
-Sí… -respondí- Estoy bien.
-¿Puede moverse?
-No sabe lo seguro que estoy de ello, es lo primero que he comprobado.

La mujer empezó a examinarme a la vez que iba tomando notas. No le dio tiempo a mucho más cuando la puerta se abrió de golpe y Marcus la cruzó. El abogado llevaba cogida una bolsa de papel con su mano izquierda.

-¡Eh! ¡Eh! ¡Ni se le ocurra tocar a ese hombre! –señaló a la enfermera- ¿Estás bien, Jack? ¿Te han tocado? –preguntó al final sin mirarme.
-Sí, Marcus… Me han tocado.
-¿Sangre? ¿Te han sacado sangre? –me preguntó antes de dirigirse cara a cara a la enfermera- ¿Le han sacado sangre?
-No, señor Foreman. No le hemos sacado sangre a su amigo –comenzó a explicar la enfermera-. El señor Tacker está bien y tan solo se encontraba inconsciente. Algo que creo que le han repetido mis compañeras varias veces mientras esperaba fuera.
-En ese caso y si está bien, déjenlo tranquilo –señaló con el pulgar hacia la puerta.

La mujer resopló y se marchó sin apenas hacer ruido. Karen parpadeó sorprendida ante la situación y yo me llevé una mano a la cara.

-Marcus, para ya…
-Oye Jack, solo me preocupo por ti. No pueden sacarte sangre de manera legal sin nuestro consentimiento, así que me preocupo para que cumplan con lo que toca. Da igual –hizo un gesto con la mano para restar importancia-, ¿estás bien?
-Supongo.
-Pues vaya susto nos has dado –suspiró al final-. Toma –me acercó la bolsa de papel-, hamburguesa doble con queso, patatas grandes, y cola para los que están a dieta.
-¿Me has leído el pensamiento?
-Son muchos años juntos.
-Me cuidas mejor que mi novia…
-Te puedes ir con él cuando quieras… –me dijo Karen antes cruzarse de brazos y soplarse un mechón que le caía por la frente.

Ajusté la cama para quedar sentado y luego empecé a comer algo. Justo en ese instante entró Steve con Andrea y las dos niñas. La mujer del detective era de raíces similares a él. Su piel era bronceada y tenía el pelo de color negro, con una melena larga y rizada. Sus curvas eran generosas y quizá demasiado grandes para mi gusto. Al lado de su madre estaba la pequeña Rosa, de unos doce años, que nos miraba de manera analítica con sus ojos grandes y expresivos. La pequeña Lily iba cogida de la mano de su hermana mayor, en un intento de sentirse cobijada, pues aunque tenía ocho años parecía estar algo incómoda con el ambiente de la habitación.

-Vine corriendo y no tuve con quién dejar a las niñas… -se excusó Andrea- Lo siento.

Todos hicimos algún gesto para demostrarle que no tenía importancia y que no le hacía falta disculparse.

-¿Estás bien? –me preguntó Steve tras acercarse.
-Diría que sí, mira –moví las piernas debajo de la sabana para que él lo viese.
-Menos mal –suspiró de alivio-. Oye… Ahí fuera están los detectives que llevaban el caso de Harper, y son los encargados de tomarte declaración. Me he cobrado un favor y he conseguido algo de tiempo para charlar contigo antes, a pesar de que casi me meten un expediente por actuar solo. ¿Qué tal si…?

Karen se acercó a Andrea y las niñas.

-¿Nos vamos fuera a por unas chocolatinas y algún refresco? –le preguntó a las niñas- Estoy un poco agobiada con tanto hombre…
-¡Sí, tía Karen! –exclamaron al unísono contentas.
-Volveremos en un rato –dijo Andrea antes de que las cuatro se marcharan.

Se hizo el silencio en la habitación y mis amigos empezaron a mirarse el uno al otro.

-Soltadlo –dije claro tras pegar un sorbo a la bebida.
-¿De verdad que estás bien? –preguntó Marcus, serio.
-Qué pesados. Susan. Decidme qué ha sido de ella.
-Su cuerpo tenía quemaduras de segundo grado cuando consiguieron sacarla. Aún así, ya te dije que yo no le noté el pulso. No se ha podido hacer nada por ella.

Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Estaba hundido por dentro.

-No fue culpa tuya, hermano.
-Sí lo fue, Steve. Fui temerario, inconsciente, impulsivo –dije tras reincorporarme.
-Harper está bien, se recupera favorablemente por aquí cerca –dijo el detective tras señalar con el dedo a una de las paredes.
-¿Creéis que eso me consuela? Brandon me importaba una mierda. Si quería encontrarlo era por ayudar a Susan.
-No debes estar diciendo eso en serio, Jack. Tú no eres así –comentó Marcus.
-Ella no se merecía esto, si pudiera cambiaría su vida por la de ese «hombre perfecto».
-¿Qué pasó allí? –preguntó Steve tras apoyar sus manos en la baranda de los pies de la cama, mirándome fijamente.

Escuchamos un ruido justo en el momento en que cogí aire para empezar a relatar. Los tres nos sorprendimos cuando vimos la ventana abrirse y luego a Vagabundo entrar por ella.

-Buenas noches –saludó.
-Tú… -le señaló el detective y luego sacó la pistola- ¿Cómo te atreves?
-Tranquilícese –alzó las manos en señal de paz-, he venido a ver cómo se encontraba el señor Jack. Además, usted ya sabe que no soy de los malos.
-¿Ah, sí? Pues si no eres de los malos no sé por qué vas con el rostro tapado.
-Resulta curioso que me diga eso, detective. Más que nada porque ambos sabemos que en esta ciudad, a los malos no les hace falta ocultarse el rostro para campar a sus anchas. ¿Me equivoco?
-Steve, déjalo. Me ha ayudado dos veces y estabas delante en la última.

Mi amigo refunfuñó y guardó el arma.

-¿Cómo está, señor Jack?
-No estoy seguro… -suspiré- Iba a relatarles lo sucedido.
-Me quedaré con ustedes si no les importa.
-No, tranquilo… Empiezo a pensar que todo esto es a causa de mi falta de sueño… Más que nada que estamos en un séptimo piso… -dijo Marcus con tono despreocupado y dedicándole una sonrisa.
-Me fui directamente a casa cuando salí de tu despacho –señalé a Steve con el vaso de la bebida-. Me llamó un desconocido justo cuando llegué a mi casa, este me amenazó diciendo que mataría a Karen si no cogía el taxi que me estaba esperando. Así que… una vez dentro me dijo que no colgara el teléfono y el coche me llevó hasta casa de Susan. Tras explicarle por encima lo que pasaba, ella aceptó subir por miedo de que le ocurriera algo a mi pelirroja. Al final nos dejaron en el puerto, en un almacén con muelle propio. Allí nos esperaba el puto Irlandés ese, con varios de sus secuaces…
-No me jodas…
-Pues te jodo.

Bebí un trago antes de continuar.

-Pero resulta que la cosa no acababa ahí. También estaba el niñato, el jefe. ¿Y sabéis qué? Que también tiene un don, un poder, es «rarito», o como queráis llamarlo. Se dedicó a impedir que yo pudiese pensar o concentrarme bien.
-Espera, espera… -interrumpió Marcus- ¿Cómo dices?
-Todos nos preguntábamos como consiguió la madre engatusar al jefe anterior, ¿verdad? Pues fácil, resulta que seguramente utilizó eso mismo para manipularle con facilidad. Y para más inri, es algo que el pequeño Charles también posee y por supuesto está utilizando para mantener su imperio.
-Estoy intentando asimilar lo que estás diciendo –dijo Steve antes de desabrocharse un poco la corbata-. Es un sin sentido que da sentido.
-Tíos, no soy el único. Había algo dentro de mí que me decía que algún día me encontraría con algo o alguien que también podría hacer cosas raras. Él es la prueba.
-Pero lo tuyo fue a causa de un accidente.
-Lo sé. Y según él, lo suyo fue heredado de su madre. O al menos es lo que me dijo, aunque podría ser mentira… -me golpeé los muslos- No sé qué coño estoy diciendo si no tengo ni idea…
-Bueno, tranquilízate. ¿Qué pasó después?
-Apareció el chino, que seguramente estaría oculto como una comadreja esperando el momento para asestarme un golpe. No sé qué hizo pero sentí como si me hubiese apuñalado, aunque es cierto que no noté si me salía sangre. En unos segundos me encontré con casi todo el cuerpo paralizado.
-¿Qué le hizo? –preguntó Steve a Vagabundo- ¿Y quién es ese hombre?
-Su nombre es Wen Kuo. Más conocido como Dragón Negro dentro del mundo del mercenariado. Y lo que le hizo, no fue más que una técnica que anula algunas partes del cuerpo, como si las durmiese. Como ya vio y le dije, detective, dicha técnica era algo reversible.
-No sé si debo preguntar cómo es que sabes eso, pero me da igual. Encontraré a ese tío y pronto estará en comisaría, porque a él sí lo vi, y además me golpeó.
-No pretendo dudar de sus aptitudes, detective, pero tengo la certeza de que no va a lograr dar con él. Es un hombre que está entrenado en muchas artes, incluyendo aquellas que tienen que ver con el engaño y el sigilo. Seguramente utilizó un pasaporte falso para entrar en este país. De todas maneras, Dragón Negro es asunto mío.
-Ya lo veremos. Continúa, Jack.
-Intenté hacer todo lo posible por negociar con Charles pero no llegué a nada. Creo que me dio a entender que alguien le había pagado para hacer eso, y que no iba a cambiar sus planes. Cuando pensé que me iban a matar, lo que hizo ese perro pelirrojo fue disparar a Susan. Después se marcharon y poco después apareció Vagabundo para ayudarme –señalé a este último con la palma de la mano-. El resto ya lo sabes.
-Creíamos que toda esta historia era por ti… -dijo Marcus mientras se frotaba el mentón- ¿Y en realidad era por Susan?
-Y yo que sé, Marcus… -me froté los ojos- No sé por qué la mataron a ella y dejaron a su marido vivo después de secuestrarlo. Mejor dicho, no sé por qué no me mataron a mí directamente.
-Creo que lo que querían era que lo vieseis, señor Jack. Y os utilizaron para atraerla hasta allí, al fin y al cabo estabais investigando sobre la desaparición de su marido.
-Mira, estoy de acuerdo con el de la capucha –dijo Steve tras mostrar una media sonrisa.
-Escuchad, me da igual. ¿Vale? Steve, Marcus, quiero que paguen por lo que han hecho.

Se miraron el uno al otro, y la puerta volvió a abrirse en ese preciso momento. Karen entró cabizbaja y cerró la puerta, luego retrocedió unos pasos algo asustada cuando vio al encapuchado. Todos hicimos un gesto para que se tranquilizara y además se quedara en silencio. Al final se quedó al lado de la puerta, observándonos expectante.

-¿Qué pretendes que hagamos, Jack? –preguntó Marcus- No tenemos nada.
-¿Acaso lo que yo diga no tiene validez?
-¿Tu palabra contra la suya? ¿De verdad lo crees? Abre los ojos, amigo mío, llevo años metido en esto y sé la clase de personas que defienden a esos bastardos.
-Pero la policía encontrará pruebas. ¡Joder! ¡No puede ser tan sencillo para ellos!
-Lo es, según se mire. Encontrar algo puede ser largo y tedioso, a parte, no es un caso que yo lleve –comentó Steve-. Podríamos intentar dar con el chino e interrogarle.
-Ya le he dicho que eso no será posible –añadió Vagabundo.
-Podrías poner un poco de tu parte, ¿no crees? –le replicó el detective.
-¡Me da igual! –exclamé- ¡Me da igual como sea pero quiero que esos hijos de puta paguen! ¿Tan difícil es de entender?
-Baja la voz o nos escucharán desde fuera –dijo Marcus.
-Lo siento –suspiré.

Karen avanzó con decisión hasta la cama y luego señaló a Marcus antes pronunciarse.

-Tú, búscate a alguna mujer de tu inacabable agenda con la que pasar el resto de la noche. Tú –señaló a Steve-, vete fuera y márchate a casa con tu mujer e hijas, que en algún momento necesitarán un marido y un padre. Y tú… -se giró para señalar al encapuchado- Tú… No sé de qué agujero has salido pero vuelve a meterte en él y no te vuelvas a acercar a mi novio.

Las palabras de la pelirroja fueron como un punto y final a toda la conversación, nadie objetó nada. Vagabundo salió por la ventana y acto seguido, Marcus y Steve abandonaron la habitación.

-¿Qué haces? –le pregunté tras cruzarme de brazos.
-Jack… ¿Estás escuchando lo que dices?
-Han matado a Susan.
-Y lo lamento. Pero no puedes seguir con esto.
-¿Por qué no? ¿Es que a caso alguien va a hacer algo por ella?
-De eso se trata. Hagas lo que hagas no va a volver. Y ya te dije que tú no eres policía.
-Mira…
-¡Ella está muerta! –interrumpió- ¡Y tú y yo estamos esperando un bebé!

Sus palabras fueron como cuchillos. Su intención era de las mejores, eso no lo iba a dudar jamás. Pero dolieron. Me sentía frágil, como un cristal resquebrajado que había acabado de ser roto en pedazos. Pero estaba furioso, sentía ira, no podía dejarlo así.

Dos hombres vestidos de traje nos interrumpieron al entrar. Uno de ellos era corpulento y llevaba el pelo corto, bien entrado en canas. Su compañero tenía la piel oscura y llevaba la cabeza afeitada, con una delgada perilla bien cuidada.

-Lamentamos interrumpirles, pero tenemos trabajo que hacer –dijo el del pelo canoso-. Soy el Detective Martin y él es mi compañero, el Detective Johnson. Deberá perdonarnos señorita, pero tenemos que hablar con el señor Tacker.
-Todo suyo –dijo Karen antes de salir y pegar un portazo.

Los detectives estaban al cargo del caso de la desaparición de Brandon Harper, tal y como Steve había dicho. Les expliqué todo salvo lo que podía implicar a Steve y perjudicarle en su puesto de trabajo. Ellos tomaron nota y luego me recomendaron que fuese a casa a descansar, y que no me preocupara porque llegarían hasta el final del asunto. Me dio la sensación de que para ellos todo fue muy fácil y eso alimentó mi paranoia, pues empezaba a pensar que ese par estarían «untados» por la banda del pequeño Charles Smith y su perro Andy McKay.

Karen me había esperado en la puerta del hospital y volvimos a casa. Nos pasamos el viaje de vuelta sin dirigirnos la palabra y al final nos metimos a la cama con la intención de recuperar algo de sueño.

Tuve que agradecer las horas que me había quedado inconsciente porque me fue imposible pegar ojo.