Capítulo 13: Némesis

Publicado: 25 mayo, 2014 en Némesis

Capítulo 13: Némesis

Me sentía débil. Me concentré en Green y mi cuerpo cambió, incluso me dio algún tirón por la herida, provocándome algo más de dolor. Si a ella se le ocurría abrir fuego yo podía evitar que me abatiera, pero no sería capaz de defender a Vagabundo. Así que poco a poco las opciones que tenía se iban disipando y no tenía claro qué hacer.

-Es cierto que el señor Jack ha infringido la ley en varias ocasiones, detective –comenzó a decir el encapuchado-. Pero debemos dejar que llegue al final de su camino.
-¡No! –gritó ella- No puedo permitirme que hagan daño a mi familia.
-Podréis matarme, pero no conseguiréis detener al señor Jack. Y sois perfectamente consciente de ello.

Empecé a marearme un poco. Noté cómo Vagabundo se dio cuenta e hizo por cargar mi cuerpo un poco mejor. No dejaba de asombrarme las capacidades de aquel hombre, en todos los aspectos.

-Apártese de él. Es una orden –dijo ella.
-Si de verdad tenéis aprecio a vuestra familia entenderéis que para que todo esto se solucione, el señor Jack no ha de ir a comisaría.
-Green… -dije algo apagado- Te prometo que mañana lo solucionaré. Pero por favor, ayúdanos…
-Decidme, detective. ¿Cuan orgullosa estaría vuestra familia si de verdad supiese las cosas que habéis hecho? Estoy seguro de que la tienen por una excelente defensora de la ley y el orden.

Avanzó unos pasos más y entonces vimos claramente como quitó el seguro de la pistola con un leve «clic» entre el silencio. Yo ya lo veía todo perdido al darme cuenta también que mi cuerpo se iba relajando de nuevo. Pero algo nos sorprendió, pues la puerta de casa de Steve se abrió de repente y la pequeña Rosa salió corriendo hasta colocarse delante de mí y de Vagabundo.

-¡No le haréis daño al tío Jack ni a su amigo! –exclamó la pequeña antes de abrir sus brazos en cruz.
-¡Rosa! –exclamó su madre desde la puerta, aguantando además a la pequeña Lily para que tampoco saliese corriendo como su hermana mayor.
-¡No salga de casa, señora López! –volvió a ordenar Green.

Fueron segundos aunque a mí me parecieron minutos. Finalmente la detective bajó el arma y se dirigió sin duda alguna hasta nosotros. Una vez al lado, arrimó su hombro para ayudar a Vagabundo a cargar conmigo.

-Malditos seáis –dijo sin mirarnos-. Vamos a mi coche, en mi casa estaremos bien y podremos echar un vistazo a esa herida. No se preocupe por su marido –se giró un poco para dirigirse a Andrea-, solucionaremos esto.

Andrea recogió a sus hijas y se metieron rápidamente para casa. Vagabundo se puso en el asiento de atrás conmigo y me ayudó a taponar la herida todo lo que pudo. La detective no articuló palabra y finalmente llegamos a su apartamento. Allí entre ambos pudieron tratar la herida e incluso poner puntos, pero me fue imposible no caer rendido debido al cansancio y el castigo que le había dado a mi cuerpo en solo unas horas. Antes de dormirme pude escuchar cómo ellos conversaban en otra habitación, sin saber muy bien de qué.

Cuando abrí los ojos ya vi que era de día por la luz que entraba, aunque las nubes seguían tapando el cielo y no dejaba de llover. El encapuchado estaba sentado cerca de la ventana, como un felino que contemplaba el exterior esperando ver algún ave.

-Es la primera vez que te veo sentado… -dije antes de frotarme la cara e intentar sentarme en la cama.
-Eso no es cierto –dijo-. Me visteis en vuestro vehículo hace unos días, incluso hace unas horas en el del detective López.

No pude evitar sonreír ante lo que dijo. Él siempre tenía palabras para cualquier cosa, aunque no siempre las utilizara.

-¿Y Green? –pregunté.
-La señorita Rebecca descansa en otra habitación, le dije que fuese a descansar.
-¿Has dormido?
-No, tan solo he podido meditar un poco. He estado vigilando en todo momento.
-¿Por qué?
-Ella recibió órdenes sobre vuestra búsqueda y captura, esta vez por parte de la central de policía.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque dejasteis un rastro en el local del señor Smith y obviamente no se creyeron la historia del señor López. La señorita Rebecca os ha encubierto.
-Joder… -me froté el mentón antes de suspirar- ¿Y ahora qué?
-Que según lo que me explicasteis ayer, tan solo disponéis de dos horas para acudir a vuestro encuentro.

Poco a poco fui recordando todos los hechos hasta ahora, acabando al final en la conversación que había tenido por teléfono con Scott Lance. No dejaba de preguntarme por qué él había hecho todo eso, y yo sentía una rabia por dentro que no sabría si sería capaz de controlar. Susan y Marcus habían muerto por su culpa, e incluso Steve también estaba en problemas. Y aunque Karen había escapado de todo aquello, sabía por dentro de mí que la podía perder. Todo era una mierda enorme, pero tenía que verle para acabar con todo esto.

Intenté salir de la cama para terminar de comprobar mi estado y aunque la herida me tiraba un poco, no me encontré del todo mal. O ellos habían hecho un muy buen trabajo o yo me recuperaba favorablemente. De paso me di cuenta de que me habían cambiado de ropa por completo, y supuse que me habían vestido con cosas del marido de ella.

-¿Me vais a explicar por qué el señor Lance tiene esa obsesión con vuestra persona? –preguntó Vagabundo tras seguirme con la mirada.
-No lo tengo claro.
-Esa no es una respuesta que me sirva.
-Como si tú me dieses siempre las respuestas que yo quiero…
-Vamos señor Jack, no hemos intercambiado los papeles en ningún momento.
-Verás… Es cierto que no lo tengo claro –me dirigí hasta otra silla para tomar asiento, cerca de él-. Pero creo por algún motivo debe de estar enfadado.
-¿Tiene relación con vuestro don?
-Supongo, es la única relación que veo.
-Continuad.
-Tenemos que remontarnos a más o menos unos diez años atrás, cerca de once ya, cuando yo trabajaba en el almacén de la empresa Lance Chemicals. Mi faena era cargar y descargar camiones con residuos químicos, colocándolos en unos compartimientos especiales, como una especie de cajas fuertes para evitar accidentes. Pero un día no se revisó bien la seguridad de uno de ellos y a la hora de cargarlo me caí dentro de él, tumbando a la vez varios bidones que se abrieron y esparcieron varios líquidos dentro. El sistema de seguridad bloqueó aquello y yo quedé atrapado y sumergido durante un buen rato, aunque no sería capaz de decirte cuanto porque perdí el conocimiento.

Señalé una jarra con agua que había cerca y Vagabundo me la acercó. Eché un par de tragos tras llenar un vaso y luego le ofrecí, negándose con un gesto de la mano.

-Lo siguiente lo sé porque me lo explicaron, ya que estuve casi medio año en coma. Me tuvieron enchufado a una máquina y perdí mucho peso, me quedé casi en los huesos ya que la mezcla de residuos me había perjudicado mucho. Durante todo ese tiempo, Marcus cargó contra Lance Chemicals e incluso utilizó a la prensa para favorecerse. Scott Lance no se negó a pagar una indemnización por los daños y a hacerse cargo de toda la culpa, pero a mi amigo no le pareció suficiente y fue apretando más y más, incluyendo además el pago de todos los costes hospitalarios porque yo no tenía un Seguro. Al final Marcus consiguió lo que quería, una grandísima suma de dinero para que a mí y a Susan no nos faltara de nada durante muchos años.
-¿Y cómo es que estáis tan bien ahora?
-Casualmente me recuperé poco tiempo después de obtener el dinero. Mi cuerpo fue recuperando su forma física con el paso de los días y los médicos no daban crédito de ello. Los mismos residuos que me habían destrozado, después me ayudaron y cuando desperté me sentí mucho mejor.
-No creo que fuese tan fácil. Aunque me sorprende que la noticia no diese la vuelta al mundo entero.
-No lo fue. En seguida se presentaron agentes del gobierno para trasladarme a otro lugar, alegando que de alguna manera yo podría ser de «gran importancia» para la ciencia -gesticulé las comillas con los dedos de una mano-. Pero Marcus fue muy listo, y no tardó en echar mano a las Enmiendas de los Estados Unidos, haciendo público a través de la prensa las intenciones que tenían conmigo y lo que el propio Gobierno podría llegar a violar. Eso los alejó rápidamente y mi amigo incluso me consiguió algunas cláusulas especiales como ciudadano, haciendo que fuese penable el simple hecho de sacarme sangre sin mi consentimiento. La noticia hizo eco durante unas semanas pero al final todo el mundo volvió a mirar como si nada hacia otro lado, por la sencilla razón de que el hecho no llamó mucho más la atención.
-Le debíais mucho al señor Foreman, entonces.
-Aún le debo. Él tan solo quería asegurarse de que Susan y yo tendríamos una vida normal. Y en gran parte lo consiguió.
-¿Qué acabó pasando con la empresa?
-Scott Lance decidió cerrar antes de que todo fuese a mayores. Entonces pagó a sus trabajadores y luego se retiró a Miami con su familia.
-Quizá quiera vengarse por haberse visto obligado a perder su negocio.
-Pero si ni siquiera lo conozco en persona. Lance Chemicals era muy grande y él estaba con la gente de traje, por encima incluso de todos los científicos que tenía trabajando. Yo era un operario más en el almacén y ni siquiera tenía un cargo importante.
-Tendréis que verle para esclarecer todo esto.

No tenía claro si lo que quería era esclarecer todo esto o simplemente agarrarlo por el cuello hasta asfixiarlo. No dejaba de cuestionarme qué era lo que debía de hacer porque no tenía claro como acabaría si me tomaba la justicia por mi mano, aunque eso echara aún más tierra por encima a todo este asunto.

-Y si te dijese que… -comencé a decir y dejé unos segundos de pausa- ¿Quiero matarlo?

Vagabundo se giró para mirarme y de esa manera apartó su vista de la ventana.

-¿Habéis matado alguna vez, señor Jack? –preguntó directo.
-Supongo que indirectamente hice una buena escabechina la noche anterior… Aunque estaba totalmente descontrolado.
-No. Os estoy preguntando si habéis matado alguna vez, de manera intencionada. La forma en que luego os cambia la vida.
-Sí… Una vez. Fue poco después de salir del hospital, ya recuperado. Unos meses después conseguí volver a tener una vida normal, hasta que un día… un hombre nos atracó por la noche.
-¿Os referís al hecho que impulsó a Susan a romper vuestra relación?
-Exacto. Lo que pasó fue que nos asaltó un hombre con una pistola que no se contentó solo con llevarse todo lo que teníamos de valor, ya que también intentó abusar de Susan, y en el momento en que iba a enfrentarme a él me disparó varias veces. Mi cuerpo había cambiado antes de recibir los balazos porque sin darme cuenta me había centrado en él, y aunque me había tumbado, fui capaz de levantarme y luego machacarlo a golpes preso de la ira. A veces, aún tengo pesadillas recordando ese momento, escuchando sus huesos romperse como pequeñas ramas de un árbol…

Un par de imágenes me vinieron a la mente recordando aquel momento.

-Y… Susan acabó asustadísima. Incluso llegó a decirme que era un monstruo por lo que había hecho, y no la culpo por ello. Por suerte todo acabó bien dentro de lo que cabía, ya que él era un criminal reincidente, lo que me ayudó a salir casi ileso del problema en que me había metido. Y por supuesto y una vez más, Marcus hizo todo lo posible conmigo, incluso la propia Susan y Steve.
-¿Y esa vez tampoco se habló de la noticia?
-Poco, muy poco. En aquella época Internet no era lo que es ahora y las Redes Sociales prácticamente ni existían. También es cierto que no dejé que se diera mucha importancia al asunto porque me mostré bastante silencioso al respecto con la prensa.
-Entonces no os sentís bien por haber matado aquel hombre, aún así de todo lo que pasó y que quería hacer.
-La verdad es que no, pero lo hice –cerré los ojos al terminar la frase.

Vagabundo no dijo nada más sobre eso, pero al cabo de unos instantes de silencio decidió tomar la palabra de nuevo.

-Hay una cosa muy importante que he aprendido en todos mis viajes, señor Jack. Y me gustaría compartirla con usted.
-¿A qué te refieres? –pregunté tras abrir los ojos para mirarle.
-La única manera de cambiar este mundo es a través de los niños. El mundo es imposible de cambiar a través de la política, las guerras, o modificando los ideales a los adultos. Estuve en un lugar dónde a los niños desde muy pequeños, a una edad tan temprana que provocaba tristeza al verles, ya portaban armas. Ellos habían sido manipulados de manera inconsciente por sus mayores, haciéndoles que arrastraran un odio por otros semejantes que simplemente pensaban de manera distinta. Y esos niños, algún día crecerán y retransmitirán todo ese odio, esas ganas de matar, tan solo porque alguien les mostró ese único camino. El mundo sería un lugar mejor si a los niños se les enseñara que no hay colores, ni banderas, y que todos somos iguales aunque pensemos de manera distinta, porque ellos algún día crecerán y podrían retransmitirlo.
-¿Por qué me explicas todo esto?
-Estáis esperando un bebé, tal y cómo me dijisteis. Así que antes de tomar cualquier decisión, pensad bien qué es lo que le enseñaréis cuando crezca y llegue el momento de hacerlo.

Aunque entendí muy bien lo que trató de decirme, en aquel momento me fue imposible reflexionar nada. Luego le puse una mano en el hombro de manera afectiva y le asentí con la cabeza.

Me di una vuelta por la habitación hasta dar con un cuadro familiar. En él se veía a Green junto a su marido, y en medio de ellos había un crío. Todos se abrazaban y sonreían ampliamente.

-Mi marido, Flint. Y el de en medio es mi hijo, Matt –dijo Green tras aparecer por la puerta y ver que yo estaba observando la foto.
-Oye… Lamento haberte metido en esta situación y más después de que empezáramos con tan mal pie aquel día.
-No importa, Tacker. Por alguna razón que desconozco he decidido creer en ti, ciegamente, como siempre ha hecho el cabeza hueca de López.

No pude evitar sonreír levemente al escuchar ese comentario sobre Steve.

-Gracias por cobijarnos aquí, y por lo de la herida.
-Fue cosa de él –señaló a Vagabundo con un leve gesto en su dirección-, aunque yo también puse bastante de mi parte. Antes de entrar en el cuerpo de policía estuve de voluntaria en varios sitios de ayuda humanitaria, y allí tuve que aprender muchas cosas.
-¿Y dónde están ellos? –señalé la foto.
-Están de viaje por la Costa Oeste. Verás… Le diagnosticaron un cáncer a mi marido y no le dieron más de un año. Así que decidió aprovechar el resto de su vida disfrutando de su familia.
-Oh, vaya… lo siento.
-Es por eso que hice lo que hice, porque me era imposible pensar que los sicarios de Smith mataran a mi marido y entonces mi hijo no pudiese disfrutar sus últimos momentos con él. Y… es ahí dónde yo debo disculparme.
-Todos pagarán, Green. De una manera o de otra.
-Supongo –dijo tras asentir y secarse un poco los ojos con un pañuelo.

Vagabundo se puso de pie y se acercó a nosotros.

-Es hora de que me vaya. Iba a pedirte que vinieses pero no quiero echarlo todo a perder –le dije al encapuchado.
-Debo ir. Yo también tengo un círculo que cerrar y un viaje que debe llegar a su fin, pues si todo es como creemos Dragón Negro debe de estar con el señor Lance.
-Pero él me dijo que si iba acompañado…
-No me verá llegar –interrumpió decidido-, y si mi rival está allí sabrá de sobras que ha llegado el momento en que debamos enfrentarnos.
-Yo iré a comisaría –dijo Green-. Voy a ver qué puedo hacer por López y trataré de daros un poco más de tiempo desviando alguna que otra patrulla. Pero sabed que tarde o temprano tendremos que caer sobre vosotros.

Tras separarnos me dirigí a la antigua Lance Chemicals, aquel edificio en el que ya había estado días atrás y que seguía manteniéndose casi derruido, que parecía a punto de desplomarse por completo. Por suerte no me encontré con ninguna patrulla por el camino y la ropa del marido de Green me ayudó mucho a pasar desapercibido.

Y ahí estaba frente a aquel edificio que tantos recuerdos del pasado me traía. Tal y cómo Scott Lance dijo por teléfono, el lugar «dónde todo empezó». La lluvia caía y mucha de ella se filtraba por los agujeros del techo, que eran los mismos que hacían que entrara suficiente luz como para ver aunque no de manera generosa. No vi a nadie por la planta baja y entonces subí hasta arriba, el lugar de las oficinas y los laboratorios. Una vez por esa zona, me pareció ver una figura en lo que había sido una vez el despacho del director. Avancé con cautela y poco a poco iba viendo mejor a esa persona debido a que la puerta estaba abierta de par en par hacia dentro. Mi sorpresa fue encontrarme a Karl, que miraba distraídamente por una de las ventanas que daban al exterior y que curiosamente aún conservaban los cristales.

-¿Karl? ¿Qué diablos estás haciendo aquí? –pregunté muy extrañado.

El alemán se giró completamente y puso sus manos a la espalda, con gesto relajado.

-No sé, esperaba que usted me lo dijera, Jack… -dijo con su acento particular.
-¿Qué…? ¿Pero quién…?
-Eres más estúpido de lo que creía.

Su voz cambió por completo en esa última frase, su acento dejó de existir y sonó igual que el supuesto Scott Lance con el que había hablado por el teléfono la noche anterior. Entonces lo entendí. La documentación que Marcus quería darme y que me entregó Lisa en el funeral: era una prueba de esto.

-¡Tú! –lo señalé furioso.
-¿Ahora sí?
-¡Voy a destrozarte!
-Pensaba que habíamos quedado para hablar… -sonrió de forma malévola.
-Me da igual lo que digas, estás acabado.
-Lo sé, Jack. En realidad hace muchos años que acabaste conmigo.
-Nada de lo que digas te va a salvar, te lo aseguro. Y quiero saber por qué has hecho todo esto.
-¿Qué por qué? ¿En serio me lo estás preguntando?
-¡Sí!
-Porque destrozaste mi vida.
-¡Yo no hice nada!
-Oh, espera, ¿acaso tienes quince años? ¡Madura! ¡Todo esto es por tu culpa!
-¡Explícate de una puta vez maldito hijo de puta!

Karl, o Scott, quién quiera que fuese tomó asiento en la maltrecha silla y detrás de la mesa.

-La empresa podría haber continuado de haberme comportado de manera egoísta con los trabajadores, pero no lo hice –empezó a relatar-. Antes de verme sumergido en deudas que no podría pagar decidí liquidar todo lo que pude para evitar problemas mayores. ¿Pero qué pasó? Que tanto mi mujer como mis dos hijos vieron que de repente toda la vida de lujos que estaban llevando se les iba a pique. Ella no pudo soportarlo y decidió abandonarme, dejarme solo, divorciarse. Y en el estado que yo me encontraba el juez determinó que era incapaz de hacerme cargo de los niños. Hasta ahí todo bien, pues no podía sin más aceptar las repercusiones por haberme hecho cargo completamente de tu accidente y de haber dejado todo lo mejor posible.
-¿Y qué?
-Que te vi en las noticias, por la televisión. Estabas en perfecto estado y todo el mundo decía que te habías recuperado de manera milagrosa y hasta habías sido capaz de aguantar varios disparos de una pistola sin ni tan siquiera recibir un rasguño. ¿Qué era lo que yo te había pagado? ¿Una capacidad sobrehumana que muchos desearían tener?
-No fue del todo así. Lo pasé muy mal.
-¿Ah sí? Pobrecito. Dime Jack, ¿en algún momento se te pasó por esa cabecita llena de serrín el hecho de contactar conmigo para saber cual era mi estado tras haber perdido una empresa familiar que se traspasaba de generación en generación? ¿O simplemente preferiste mirar hacia otro lado al estar de fábula y no tener que trabajar en muchos años? Porque ni siquiera has invertido ese dinero en algo útil, eres tan tonto que se está pudriendo en cualquier banco.
-Decidí dejar todo de lado, olvidar el pasado.
-Gracias a ti muchos trabajadores se quedaron sin su puesto de trabajo y yo me vi metido en una gran montaña de mierda. Al principio me volví loco al ver que iba cuesta abajo y sin frenos, pero al final… al final vi claro lo que tenía que hacer. Desde ese preciso momento te convertiste en una retorcida obsesión, yo ya me sentí como un muerto viviente que no tenía nada que perder y por ello empecé a trabajar sobre cómo podía vengarme de ti.
-¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo llegaste a todo esto?
-Conseguí reunir todo el dinero y con ello empecé a invertirlo de manera fraudulenta. Alguien me daría más dinero del que obtendría a cambio, o ni tan siquiera llegaría a recibirlo, multiplicando de manera rápida todo mi capital y alejándolo todo lo posible de este país. Con esa bonita forma de dar a un lugar, recibir de otro, y con ello pagar, haciendo una bonita rueda que no se detiene y el dinero nunca se agota de manera temporal. Aunque legalmente mi persona estaba en Miami, la verdad es que yo me había marchado a Alemania, no sin antes haber cambiado mi aspecto por completo al ganar unos cincuenta quilos de más, dejarme la barba crecer, y ponerme estas patéticas gafas que no necesito. No me costó en absoluto perfeccionar el acento porque el idioma ya lo conocía bien, y como en todos los lugares no tuve problemas para hacerme una identidad nueva a cambio de una buena suma de dinero. Conseguí que mi hermano aplazara tres veces la subasta sobre Lance Chemicals y cuando estuve preparado fue cuando volví de nuevo a Estados Unidos.
-Lo tenías muy bien pensado…
-No fue lo único. Retomar la empresa no fue tarea difícil, y para que todo el mundo se llevara una buena imagen de mí decidí dar trabajo a antiguos operarios. Tampoco me fue difícil dar contigo al ver que te anunciabas en varios sitios ofreciendo servicios de investigador. Y fue entonces cuando ya me tomé mi tiempo para ejecutar el plan. Le ofrecí un puesto a Brandon Harper que no sería capaz de rechazar, y con el paso de los años establecimos un buen lazo de amistad, acercándome también de esa forma y de manera indirecta a Susan, tu querida Susan.
-Cabrón…
-Y entonces lo siguiente que hice fue pagar a ese niño del Crimen Organizado para que secuestrara a Brandon, forzando de esa manera a que Susan buscara a alguien para que le ayudara a encontrarle. Aprovechando la buena relación que yo tenía con él, insté a ella para que contratáramos un investigador privado, y cuando te vio en la lista que yo minuciosamente había preparado, ella se mostró algo dudosa. Pero entonces la manipulé para que te escogiese a ti, apoyándola en la decisión y alejando entonces cualquier duda que tuviese. Lo que nos llevó a aquel bonito día donde nos vimos por primera vez. ¿Recuerdas?
-Me acuerdo perfectamente.
-No habrías encontrado a Brandon si yo no lo hubiese querido así, pero era parte del plan para que pudiesen matar a Susan. Y fue tremendamente fácil que ese Irlandés diese contigo, al fin y al cabo tú me habías dado tu dirección y tu número de teléfono para hacerte entrega de unos papeles que no servían para absolutamente nada.
-¿Por qué la mataste solo a ella y no a los dos?
-¿Para qué iba a querer matarlo? Ella murió y el sobrevivió. ¿Te gustó ver cómo ese tipo tan perfecto que ahora estaba con tu exnovia había salido ileso de allí y ella no? Estoy seguro que te dolió más que si él hubiese muerto…

No dije nada para evitar darle la razón a ese bastardo.

-Me encantó ver tu actuación en el funeral y tu patético intento por encontrar algo que no ibas a lograr. Discutiendo de esa forma con Brandon, con la familia Lee y hasta peleándote con uno de tus mejores amigos. Poco a poco iba viendo como te ibas consumiendo cada vez más y más, y todo salía como yo quería.
-¿Por qué mataste a Marcus? ¿También fue por venganza?
-No. Fue algo que no esperaba que pasaría, pero tuve que tomar una rápida decisión. Ese maldito abogado empezaba a ser mi «Tendón de Aquiles» otra vez, y sus contactos me pisaban los talones. No podía dejar que me viese porque era el único que podría haberme llegado a reconocer por los tratos que tuvimos años atrás, y me fue perfecto que llegara tarde en el funeral de Susan para darme tiempo a huir, ya que él se había puesto en contacto varias veces con mi secretaria para vernos y yo conseguía evitarle. Simplemente tuve que quitarlo de en medio y de manera precipitada.
-Ahí cometiste un error.
-¿De verdad lo crees así, Jack? Te lanzaste de cabeza a por ese crío y su banda, quitándolos de en medio y de esa manera hasta ahorrándome cualquier lazo que me quedara con ellos. Diría que hasta me has hecho un favor.
-Así que, todo… ¿por esto? Has hecho que murieran dos personas inocentes, que Steve seguramente pierda su trabajo y quizá su familia, y que Karen se haya marchado de mi lado.
-¿Crees que me das pena? ¿Crees que no sé lo que he hecho? ¿Estás intentando darme alguna lección de moral? Todo lo que dices simplemente me satisface más al ver lo mal que lo has estado pasando y lo que lo vas a pasar. Sinceramente, Jack, has recogido lo que sembraste porque te convertiste en mi enemigo número uno, en mi «Némesis» particular.

Me acerqué hasta la mesa y puse ambas manos encima, apoyando el peso de mi cuerpo.

-Voy a matarte –dije claro, harto de todo-, tu plan ha surgido efecto y ya no tengo nada que perder.
-Diría entonces que en este punto tú yo estamos igualados.

Abrió un cajón de la mesa y cogió un revólver de dentro, luego se puso de pie y me apuntó con él.

-Eso no va a detenerme, es como si fuese de juguete –dije tras alzar el mentón.
-Tendrás que elegir, o él o yo –hizo un gesto con la misma mano del arma, señalando detrás de mí.

Me giré un poco y vi a Dragón Negro. Seguramente había estado ahí plantado, de pie y medio escondido, esperando pacientemente a que Scott y yo acabáramos de hablar.

-Se me olvidó decirte que utilicé algo de dinero para obtener un seguro de vida –dijo tras encogerse levemente de hombros.
-Yo no necesito dinero para conseguir un seguro de vida, con un amigo me basta –dije antes de dedicarle una media sonrisa.

Uno de los cristales se rompió y Vagabundo entró en escena, tal y como habíamos planeado. Se notó que su rival ya lo esperaba y ambos empezaron a repartirse golpes a una velocidad que sorprendería a cualquiera. Scott aprovechó la sorpresa para dispararme y yo me cubrí de manera instintiva, dándole de esa manera tiempo para salir corriendo.

-¡Va a escapar! –exclamó el encapuchado mientras seguía su pelea.
-¡Y una mierda! –dije.

Salí corriendo detrás del gordo y me sorprendió la velocidad con la que había descendido por las escaleras a pesar de su gran envergadura. Me centré en él y noté como mis piernas se volvieron más fuertes, pero algo distinto a la sensación de siempre. Cuando empecé a bajar me di cuenta de que lo hice a una velocidad por encima de la mía habitual y me caí rodando.

-¡Joder!

Aprovechó para abrir fuego varias veces más mientras huía, pero tampoco consiguió acertarme, que fue entonces cuando me levanté algo dolorido por la caída. Me sorprendió ver que Vagabundo y Dragón Negro estaban peleando entre las vigas de metal medio caídas del techo, algo más sorprendente todavía de todo lo que había visto de ellos hasta el momento. Sin mucho tiempo que perder me giré hasta Scott y volví a correr detrás de él, alcanzándolo en pocos segundos gracias al cambio que había hecho mi cuerpo. Debido a que no pude controlar bien la frenada fallé al intentar agarrarlo, pero lo embestí y ambos caímos al suelo.

-Fin del juego –dije tras levantarme.

Empezó a toser y se quedó a gatas, momento en el cual yo aproveché para recoger su revólver del suelo y que se le había caído cuando chocamos.

-Ponte de rodillas –le ordené.

Rió.

-¡Ponte de rodillas hijo de puta! –le ordené otra vez, antes de apuntarle.

Volví a echar un vistazo hacia el techo y ellos aún seguían peleando. El encapuchado parecía tener un brazo inutilizado pero poco a poco le iba ganando el terreno al chino, sus movimientos ya parecían más lentos por el cansancio tras la explosión de adrenalina inicial. Scott se puso de rodillas y continuó riendo hasta que vio que me acerqué todo lo que pude a él.

El cañón del revólver apretaba su sien, y me resultaba fácil mantener dicha arma apoyada en su cabeza porque él estaba de rodillas. Desde mi posición pude ver como intentó disimular el gesto de dolor que le debió provocar el metal aún caliente por el último disparo.

Todo me había traído hasta aquí. Los últimos días habían sido un maldito infierno del cual aún no tenía la certeza de que iba a conseguir salir. Había perdido la noción del tiempo entre tanta tensión, whiskey, y comida rápida. Ahora le tenía aquí delante, y tan solo me hacía falta apretar el gatillo para que todo acabara. ¿Era lo que quería? ¿Era lo que estaba buscando? A estas alturas suponía que ambas preguntas servían tanto para mí como para él.

Empecé a escuchar unos apresurados pasos que venían en nuestra dirección, y aunque ni siquiera hice ademán de girarme para mirar, ya sabía con toda certeza de quién se trataba.

-No lo hagas, Jack –dijo Vagabundo que acababa de llegar, deteniéndose a unos metros detrás de mí.
-Hazlo, Jack –dijo Scott.

Este último perfiló una sonrisa y yo apreté los dientes a la vez que le clavaba aún más el cañón del arma, algo que no evitó que continuara sonriendo.

Todo parecía nauseabundo en este delicado momento, en el cual era difícil ver la diferencia entre justicia y venganza. Él había ganado. ¿Pero yo tenía alguna opción para girar la situación? ¿A estas alturas me era posible? Los recuerdos golpeaban fuerte en mi cabeza, y eso tan solo indicaba lo que iba a hacer para poder encontrar la respuesta a las preguntas.

Amartillé el arma con el dedo pulgar, y un instante después: apreté el gatillo.

A pesar de que la lluvia golpeaba con fuerza, el revólver sonó para indicar que ya no le quedaba munición. Entonces Scott empezó a reír como un poseso.

-¡Tu estupidez no tiene límites, Jack Tacker! –exclamó.
-Es un revólver de cinco balas –dije mientras él continuaba riendo-, he contado todos tus disparos, imbécil, sabía que estaba vacío.

Vagabundo se acercó y le propinó una patada en toda la boca, dejándolo inconsciente de manera directa y a mí totalmente sorprendido con ello.

-¿Qué…? –pregunté sin entender.
-Lo siento, su risa era demasiado molesta.

El encapuchado se agarraba un brazo y cojeaba levemente. También había perdido la prenda que le tapaba la mitad de su rostro, aunque no pude verle bien porque aún conservaba la capucha y tenía restos de sangre por la cara.

-¿Estás bien? –pregunté.
-Sí. Se ha cerrado el círculo –señaló con la cabeza al techo-, mi viaje termina.

Miré hacia arriba para ver que Dragón Negro había acabado empalado en uno de los hierros punzantes que sobresalían de las estropeadas vigas, incluso caían gotas de sangre hasta el suelo. Parpadeé varias veces ante la imagen.

-¿Y el brazo? –le pregunté.
-Me lo dislocó, tendrás que ayudarme. Por la pierna no te preocupes.
-Eh, ¿por qué me estás tuteando? Y no has dicho «señor Jack».
-Bueno. Es por el simple hecho de que dijiste que soy tu amigo.

Vagabundo no tardó en desaparecer, y la policía llego encabezada por Green que estaba entre los agentes. Acabé en comisaría junto con Scott Lance y Charles Smith, y pasaron varias semanas hasta que todo el entuerto se arregló gracias a las confesiones por su parte. Me libraron de todos los cargos y ellos acabaron en prisión, junto a muchos miembros de la banda, incluyendo a Irlandés y por supuesto a los detectives que habían estado recibiendo sobornos por el tema de la desaparición de Brandon. Steve no perdió su placa y en lugar de ello fue ascendido, otorgándole entonces un grupo para sus investigaciones y acatando nuevas responsabilidades más importantes, quedando como superior directo de Green y por lo tanto aún siguiendo trabajando juntos. Lance Chemicals comenzó a ser intervenida debido a los sucesos y poco se sabía de qué le depararía en el futuro. Karen permaneció por el momento en Chicago, con la noticia de que por lo menos el embarazo evolucionaba correctamente.

Y ahí estaba yo. En un día totalmente soleado delante de las lápidas de Susan y Marcus, vagando entre mis pensamientos y deseando por dentro de mí que hubiesen alcanzado la paz tras haber conseguido llegar al final de toda la trama.

-Él quiere saber si estarás bien –me preguntó alguien por detrás e interrumpiendo mis pensamientos.

Me giré y vi a un hombre de pie, con los brazos cruzados. Este iba vestido con una chaqueta de cuero gastado, blanca, con una sudadera con capucha debajo. También llevaba unos tejanos y unas botas militares. Su pelo era corto aunque se le podía apreciar su color castaño, incluso una barba de tres días. Su piel era un poco bronceada, y en su mirada había algo que me resultaba familiar.

-¿Quién…? –pregunté.
-Soy un amigo del Vagabundo Errante –contestó.

Entonces caí, no me hizo falta hacer ninguna deducción más. Y por supuesto sonreí abiertamente al darme cuenta de que era él, con su «disfraz».

-Soy Jack Tacker –dije a al vez que hacía ademán de estrecharle la mano.
-Un placer –dijo antes de estrecharnos la mano-. Soy Lorenzo Villalobos.
-La última vez que vi a Vagabundo fue hace semanas, ¿está bien?
-Sí, pronto llegará a su hogar para su lucha personal. Y no te preocupes tío –hizo un gesto con la mano para restar importancia-, ese loco es un hueso duro de roer.
-Desde luego.
-Estoy aquí porque me dijo que te dijera algo.
-¿Ah sí?
-Sí. Me dijo que te dijera que el revólver de Scott Lance no era de cinco balas, era de seis.
-Lo sé… -dije tras agachar levemente la cabeza.
-Vagabundo cree que algo te dio otra oportunidad, y quiere que no la eches a perder. Porque quiere que sepas que no estaríamos teniendo esta conversación en el caso de que hubiese quedado la última bala en ese arma.

Alcé la vista para mirarle a los ojos.

-Entiendo, y dile que no se preocupe.
-¿Has pensado ya que harás a partir de ahora?
-Sí.
-Ajá. ¿Y qué será?
-Si todo va bien, las noticias y la prensa hablarán de mí. Así que entonces no tendréis problema para saberlo.
-Vale –dijo tras medio sonreír.

Entonces se dio la vuelta y empezó a caminar.

-Eh, espera. Dile que… que no tuve tiempo para darle las gracias por todo lo que hizo por mí.

Se detuvo y se giró levemente.

-Estoy seguro de que te diría que no hace falta que se las des –hizo una pausa-. Cuídate, Jack Tacker.

Lo perdí entre las lapidas y los árboles y yo me dirigí hasta el puente más grande de la ciudad. Allí quería reafirmar el inicio de mi nueva vida, una vida de sacrificio que daría esperanza a muchos, con la intención de hacer viable la justicia para todos aquellos que no podían obtenerla. Iba a ser alguien inamovible, infranqueable, imbatible. Yo, Jack Tacker, seré el enemigo de todos aquellos que quieran hacer el mal en esta ciudad y aprovecharse de los inocentes.

Seré: Némesis.

– Esto no ha acabado. Continúa en el: Epílogo

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comentarios
  1. taniki dice:

    oh! debía haber muerto!!! yo me lo cargo a bocaos si hace falta!!

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