Capítulo 12: No habrá descanso para los malditos

Publicado: 19 mayo, 2014 en Némesis

Capítulo 12: No habrá descanso para los malditos

No había ni un alma en la calle. Steve detuvo el coche a una distancia de unos cincuenta metros más o menos de la entrada del restaurante.

-Ahí es –dijo tras señalar hacia la puerta del edificio-. Ese es el local dónde Charles suele reunirse con todos sus amigotes. En la comisaría estamos casi seguros de que la mayoría de gente que vive en esta manzana debe de ser amigos o conocidos, personas que reciben dinero para no llamar a la policía por cualquier alboroto.
-Perfecto –dije antes de intentar salir del coche, ya que él me detuvo.
-Jack… ¿Estás seguro de esto?
-Sí. Mira, Steve… No quiero cagarla contigo como la he cagado con Marcus. ¿Vale? Ya he perdido a uno de mis mejores amigos y no quiero perder al único que me queda. Así que coge el coche y márchate a casa, porque al final voy a costarte el divorcio.
-Estoy de acuerdo en que al final vas a costarme el divorcio, pero… no pienso dejarte solo, hermano.
-Escúchame, lo que voy a hacer es visceral. Ni siquiera tengo un plan completo, es simplemente algo impulsivo medio planeado y que ni siquiera sé cómo va a salir. ¿Lo entiendes? No puedes venir conmigo porque si ese tío doblega tu voluntad y hace que nos enfrentemos…
-Mi deber es velar por ti.
-Pues si quieres velar por mí, quédate aquí y pase lo que pase no entres. Si consigo salir…

El ruido del motor fue lo único que se escuchó en ese momento. Luego le di una palmada en el hombro a mi amigo antes de salir del coche.

Caminé tranquilamente por la solitaria calle hasta que llegué a la puerta. Levanté la cabeza para mirar mejor el edificio y a simple vista parecía tener dos plantas, pues no sabía si podía tener alguna más bajo el suelo. Los cristales tintados no dejaban ver bien el interior, aunque claramente se podía apreciar luces encendidas en ambos pisos. Intenté abrir la puerta por mi propio pie pero claramente estaba cerrada, así que me decidí a llamar golpeando con los nudillos. En menos de un minuto un hombre trajeado abrió y tras mirarme por encima me dejó pasar.

La primera planta parecía ser la zona Pub. Había una gran barra a un lado con un montón de botellas en estanterías, listas para servir. Por lo que sería el centro se encontraban varios hombres jugando al billar, en una de las dos mesas que había para ello. Al fondo se podía ver una señal que indicaba las escaleras para subir. Y ya en el otro extremo del lugar, algunos tomaban copas en unas mesas o incluso de pie. Era imposible negar la calidad y el dinero que habría invertido el Charles o su padre en su momento, haciendo del lugar un sitio lujoso que pocos se podrían permitir pisar. Me dio tiempo a contar unas quince personas en total, distribuidas por esa planta. Se podía escuchar algo de Jazz como hilo musical de fondo, a un volumen que permitía a la gente conversar sin problemas.

Avancé hasta la barra y me senté en uno de los taburetes. El camarero, un hombre bastante corpulento y que obviamente vestía distinto al resto de presentes, se acercó hasta mí y puso ambos puños en la barra para inclinarse y poder mirarme más de cerca.

-Aún no hemos abierto –dijo con una voz grave.
-Pues… -comencé a decir antes de girarme un poco para mirar a los demás y luego volver a él- Yo veo que hay bastante gente.
-Bueno, haremos una excepción ya que ha venido hasta aquí.
-Un detalle por su parte, se lo agradezco.
-¿Y bien? ¿Qué va a tomar el señor?
-Whiskey. Doble. Sin hielo.

El camarero se irguió y tomó la botella de whiskey que tenía más a mano. Luego puso un vaso frente a mí y yo le enseñé la palma de la mano justo cuando él iba a verter el líquido dentro. Se detuvo y alzó el mentón un poco, algo extrañado.

-Por favor. Póngame whiskey americano, Bourbon de Kentucky. No la primera basura que vea entre esas botellas…

Dejó la botella a un lado y cogió la que yo le pedí. Después llenó el vaso y yo me lo bebí de un trago, haciendo al final que el vaso golpeara sonoramente con la madera de la barra. Escuché como un par de hombres se acercaron por mi espalda, aunque mantuvieron la distancia.

-Deje la botella –dije.
-¿Va a pagar ahora? –preguntó él tras dejar la botella cerca de mi vaso y después bajar los dos brazos hasta quedar ocultos tras la barra- Le advierto que es bastante cara.

Me centré en él y mi cuerpo empezó a cambiar. Las manos me empezaron a temblar al notar como la fuerza de mis músculos empezaba a incrementarse y la piel se me endurecía mucho.

-Depende.
-¿De qué depende si va a pagar o no? Si puede saberse.

Uno de los que se había acercado me puso una mano en el hombro.

-Pues depende de si va a utilizar o no el arma ese que tiene bajo la barra y que ahora mismo está sujetando.

Sin dudar ni un segundo estampé la botella de whiskey en el matón que no tenía su mano en mi hombro y luego agarré al otro con todas mis fuerzas para no dejarlo escapar. El camarero mostró el arma que estaba ocultando y me apuntó con una escopeta recortada.

-¡Te voy a meter la escopeta por el culo, gordo de mierda! –exclamé.

Abrió fuego y yo puse de por medio al pobre que aún tenía agarrado, y eso hizo entonces que ambos cayésemos de espaldas por el impacto a bocajarro del arma de fuego. Lo aparté rápidamente sin muchos problemas y me levanté bastante manchado de sangre. Observé el lugar de lado a lado y la mayoría ya habían sacado sus armas. Había pistolas, alguna barra de metal, incluso alguno tomó uno de los palos del billar. El camarero seguía apuntándome desde detrás de la barra aunque su pulso parecía temblarle un poco.

-Venga hijos de puta, ¿queréis matarme? Mirad atentamente –dije tras tirar de un lado de la gabardina para mostrarla bien-, ni una gota de esta sangre es mía. Cuando esto acabe no va a quedar nada de vosotros…

Todos se quedaron quietos. Algunos se miraban, otros susurraban entre sí. Pero al final se decidieron, y los primeros valientes fueron los que llevaban las armas cuerpo a cuerpo mientras el resto no dejaba de apuntar con el dedo en el gatillo.

Sentí que perdí el control. No era como un baile o una pelea coreografiada de una película. Era más bien como si fuese una bestia acorralada tratando de ser sobrepasada por varios cazadores, luchando por su propia supervivencia. Toda la ira acumulada fluía dentro de mí y no dejaba de sentir los golpes en mi cuerpo mientras yo les hacía gritar de dolor y sangrar junto el sonido de los huesos rotos.

En el momento que el último acabó en el suelo fue cuándo empezó la fiesta de los disparos. Eso hizo que me cabreara aún más, y aunque era constantemente frenado por los impactos de bala no había nada que pudiese detenerme. Incluso les lancé mesas, sillas y otros objetos, culminando con una de las mesas de billar totalmente tumbada. Con eso y con sus propios disparos que a veces se acertaban entre ellos debido a mis movimientos por golpearles, todos fueron cayendo hasta que solo quedó el camarero, que no dejaba de seguir apretando el gatillo a pesar de que llevaba un buen rato sin balas.

Me acerqué a él y tomé la escopeta con mucha tranquilidad. Luego la doblé delante de sus narices y se la dejé encima de la barra. El sudor por los nervios le estaba haciendo empapar la camisa y se quedó prácticamente inmovilizado.

-¿Sigue haciendo falta que pague, cabrón? Porque puedo girarte con dos dedos y meterte esto sin problemas –dije esto último con una mano encima del arma doblada.

Escuché como alguien bajaba por las escaleras a toda prisa y cuando me giré eran un par de tipos que no dudaron en abrir fuego y cargarse al camarero de manera colateral. Me abalancé sobre ellos y agarré a uno con las dos manos, para lanzarlo después hasta la cristalera de la entrada, saliendo hacia fuera a través de esta. El otro intentó volver hacia arriba pero le hice la zancadilla con fuerza, lo que provocó que cayera hacia adelante y perdiera el sentido por el golpe en la cabeza.

Intenté recuperar el aliento antes de subir por las escaleras y eché un vistazo al estropicio que había creado. No sabía decir quien estaba muerto o inconsciente de entre tantos cuerpos en el suelo. Al menos la primera parte del plan había salido tal y como había esperado y me faltaba lo siguiente. Empecé a dar los pasos hacia arriba y nada más llegar a la segunda planta pude ver la zona de restaurante.

Seguía siendo un lugar lujoso que pocos se podrían permitir, aunque ya lo que me imaginaba es que todo estaba hecho a posta precisamente para evitar cierta clientela y que Charles y sus secuaces pudiesen hacer y deshacer con las personas que trajeran aquí dentro. Al fondo de la sala me esperaba el crío, prácticamente vestido como la otra vez que lo había visto. Sin embargo esta vez sí pude defenderme de él, y en cuanto me concentré en su persona mi cuerpo empezó a cambiar. Sentí como si mi mente se escudara por una especie de muro de piedra y alguien estuviese intentando hacer un enorme agujero a base de golpes.

-¿Me buscabas? –dijo él.
-Sí. Y esta vez no vas a poder conmigo.
-¿En serio?

Fui sorprendido por el Irlandés. Este había estado oculto en la pared opuesta de las escaleras, hasta esperar el mejor momento para atacarme. Aprovechó mi obsesión y que esta me cegó lo suficiente como para no estar atento a los alrededores. Sentí como me clavó un arma blanca en el estomago mientras me aguantaba por el hombro con la otra mano. Sus ojos y los míos se cruzaron y yo tan solo pude aguantar el dolor, jurándome a mí mismo que no iba a gritar.

-Hola Investigador –dijo mientras me mantenía la mirada-. ¿Sabes una cosa? En realidad me encantan las navajas, y lamenté mucho no haber podido utilizar una con tu amiguita. Me supo tan mal tener que dispararle a sangre fría… porque siempre he preferido algo más personal como esto que tienes ahora dentro.
-Cabrón…

Si quería evitar que Charles entrara en mi cabeza tenía que aguantar centrado en él, y por lo tanto debía deshacerme del pelirrojo por mi propia cuenta. Lo más ingenioso que se me ocurrió en ese momento fue agarrar bien la mano con la que me había clavado la navaja y me tiré hacia atrás. Ambos caímos por las escaleras como un par de barriles desbocados y por suerte me libré del arma clavada en mi cuerpo. Saqué las fuerzas de donde pude para mantener la concentración tras los golpes en la caída y me alejé un poco como pude hacia la mesa de billar, con la mano en el estómago. Él se levantó casi a la misma vez que yo pero miró la navaja sorprendido.

-¿Sangras? –preguntó de manera retórica antes de girarse para mirarme- Es perfecto… Cómo voy a disfrutar contigo, Investigador…

Se escucharon pasos que bajaban por las escaleras y el crío apareció por estas y se quedó al margen, mirando. Irlandés se crujió el cuello y luego empezó a acercarse. Cogí un taco que había caído al suelo en el tiroteo del principio tras volcar la mesa de billar e intenté golpearle varias veces.

-¡Uy! ¡Cuidado! –exclamó de manera burlesca tras esquivar todos los intentos por golpearle- ¡No te vayas a hacer daño!

Tuve tan mala suerte que al retroceder un poco tropecé con un cuerpo y me caí de espaldas, dándole el momento perfecto para que saltara encima mío. Tras haber perdido el taco por la caída, tan solo pude aguantar como pude la mano que intentaba apuñalarme directo al corazón.

No iba a negar que él era más fuerte que yo y poco a poco veía que la pequeña hoja de la navaja se iba acercando a mi cuerpo.

-Voy a apuñalarte hasta que me canse… -dijo entre dientes.
-Que te jodan, pelirrojo de mierda –dije con dificultad por el esfuerzo que estaba haciendo para evitar lo que él quería.

Cada vez estaba más cerca pero aún no me rendía. Notaba como si algo tratara de golpear mi cabeza desde la distancia para abrirla y meterse dentro de ella, pero aún podía mantener la concentración para que eso no ocurriera.

-¡Andy mátalo ya! –exclamó Charles- ¡No puedo entrar en su mente!
-¡¿Crees que es tan fácil?!
-¡Joder! ¡¿Para qué coño te pago?! ¡Hazlo!

El pelirrojo se giró levemente hacia Charles para seguir gritándole.

-¡Cállate maldito crío de mierda!

Aproveché ese momento para revolverme y él perdió un poco de fuerza. Entonces liberé una de mis manos y estiré el brazo hasta poder coger una bola de billar de las que había en el suelo. Acto seguido él se giró sorprendido pero no le dio tiempo de reaccionar antes de que la bola le hiciera saltar un par de dientes cuando fue golpeado por ella. Cayó a un lado por el impacto y luego quedó inconsciente.

-¡No! ¡No! –exclamó el crío.

Charles subió corriendo por las escaleras y eso me dio tiempo a recobrar el aliento, no sin antes apartar el cuerpo del Irlandés con mi pierna.

-Eso por Susan, cabrón –dije tras escupirle.

De nuevo me vi subiendo los escalones, aunque esta vez iba bastante dolorido por todo lo que había aguantado y el navajazo en la barriga. Si antes ya había estado cegado por dar con Charles en aquel momento iba más todavía. Ya una vez arriba busqué un pasillo que llevaba a la zona privada y di con la puerta de un pequeño despacho. La abrí de una patada y allí estaba el crío, sentado detrás de una gran mesa con algún papel, un teléfono móvil y un paquete de tabaco junto a un cenicero lleno de colillas. Él parecía estar concentrado en mí, como si estuviese haciendo fuerza de alguna manera. Me miraba fijamente, como si intentara atravesarme mientras yo notaba que sus intentos por entrar en mi mente eran completamente rechazados por algo que me protegía de ello, debido a mi don.

Tomé asiento en una de las sillas que tenía para los invitados y así quedamos prácticamente cara a cara. Agarré un cigarrillo del paquete y luego lo encendí con un mechero que había por la mesa, echando el aire después. Debía de tener un aspecto horrible con toda la ropa rota y las manchas de sangre repartidas por mi cuerpo.

-Vaya… -comencé a decir con tranquilidad- Llevaba años sin fumar uno de estos.

Él continuaba intentándolo, sin decir nada más.

-Al probar de nuevo este cigarro… hay algo de lo que me he dado cuenta. ¿Quieres que te lo cuente? –hice una pausa mientras lo observaba con detenimiento esperando una respuesta- Bueno, pues… creo que el tabaco y las mujeres son bastante parecidas. Siempre queda algo de ellas dentro de nosotros… -esbocé una media sonrisa tras decir esto último y le mostré el cigarro.

Le empezó a salir sangre por un agujero de la nariz.

-Vaya… ¿Qué pasa? –me acerqué un poco para que nuestras caras quedaran más cerca, y luego me di dos toquecitos en la sien- ¿Acaso no puedes pensar con claridad? El pobre niño malcriado y que siempre ha hecho lo que le place, resulta que ahora no puede hacerlo…
-¡Hijo de puta! –exclamó él cuando se dio cuenta de que no podía más al notar que le sangraban hasta los oídos- ¡¿Por qué no puedo doblegar tu mente?!

Me levanté con el cigarro en la boca y lo agarré de los pelos, arrastrándolo luego fuera de la silla. Después lo cogí por la pechera y lo levanté para estamparlo contra la pared. Dejé de tener la sensación de que mi mente estaba protegida dentro de un búnker y supuse que él ya no era capaz de hacer lo que hacía.

-Seguro que ahora estás lamentando que todos tus vecinos no tengan que llamar a la policía cuando hay problemas aquí. ¿Verdad?

Le golpeé en el abdomen y gritó de dolor.

-¡Para, joder!
-¡No voy a parar! ¡Dime quién te pagó para que mataras a Susan!
-¡Déjame! ¡No pienso decírtelo!

No sé por qué pero me vino a la mente una de las enseñanzas de Vagabundo, recordando un momento de la primera vez que nos vimos. Así que tumbé a Charles encima de la mesa y puse la mayor parte de mi cuerpo encima de él para inmovilizarlo. Luego me quité el cigarro de la boca y empecé a acercarlo hacia su cara.

-¡¿Quién fue?!
-¡Tío estás loco! ¡No vas a hacer eso!

El cigarro estaba muy cerca de su ojo y notaba como él se revolvía sin éxito, pero al final bajé un poco y empecé a quemarle un pómulo.

-¡Hijo de la gran puta…! –exclamó después de gritar muy fuerte por el dolor.
-¡A la próxima te quedas sin ojo, niñato!
-¡Vale! ¡Vale! ¡Para! ¡Hablaré!

Tiré la colilla a un lado y luego lo senté en la silla.

-Quién. Ya –dije tras sentarme de lado encima de la mesa y mirarle fíjamente.
-Fue Lance… -dijo mientras se tapaba la quemadura.
-¿Lance? ¿Qué Lance?
-Scott Lance.

Oír ese nombre de la boca de Charles fue como coger un martillo y romper un cristal, con el mismo sonido estridente chirriando dentro de mí.

-¿Qué…? ¡¿Por qué?! ¡Scott Lance está en Miami!
-¡Y yo que sé! ¡Se puso en contacto conmigo y me pagó por transferencia!
-¡¿Lo viste?!
-¡No! ¡Fue todo por teléfono!
-¡¿Él también te pagó para que matarais a Marcus?
-¡Sí!
-¡¿Y qué hay del chino?!
-¡Es cosa de él también!

Cogí sin vacilar el móvil que había encima de la mesa y se lo lancé para que lo atrapara al vuelo.

-Llámalo, y en cuanto lo coja me lo pasas.
-No pienso hacerlo.
-Queda medio paquete de tabaco y tú solo tienes dos ojos. ¿Quieres tentar a la suerte? Porque con lo que me has dicho aún estoy más cabreado, te lo puedo asegurar.

Pulsó varias teclas y luego se llevó el teléfono a la oreja. Mientras yo no dejaba de preguntarme en qué maldita locura me habían metido, o más bien yo me había metido. No sabía qué pintaba Scott Lance ahora, a estas alturas y después de tantos años. No sabía si era algún tipo de venganza que se le había ido de las manos al matar a dos personas.

Charles alargó el brazo para pasarme el móvil y yo lo cogí con rapidez, casi arrancándoselo de las manos.

-Te dije que bajo ningún concepto contactaras conmigo a este número –dijo la voz al otro lado-. ¿Qué es lo que quieres?
-Voy a matarte, cabrón.
-¿Jack?
-Señor Jack Tacker para ti.
-Vaya Jack… Qué sorpresa. Cuánto tiempo, ¿no?
-Dime dónde estás para que pueda ir a sacarte las tripas con mis propias manos.
-Eh, tranquilo. Si de verdad quieres que nos veamos espero que sea para hablar.
-¡¿Dónde?!
-Mañana a las diez de la mañana en la antigua Lance Chemicals. ¿Recuerdas bien dónde está? Ahí es el lugar donde empezaste todo. Si se te ocurre la genial idea de venir acompañado no encontrarás más que escombros.
-Si no apareces buscaré por todos los rincones de este país hasta dar contigo…
-Tranquilo, no faltaré. Y por favor, no te molestes en intentar rastrear este número porque ahora mismo voy a deshacerme de él. Buenas noches.

El sonido de final de llamada fue lo último que escuché. Acto seguido lancé el móvil contra la pared y se hizo añicos. Golpeé la mesa con todas mis fuerzas preso del dolor y la impotencia por no poder hacer nada en ese preciso momento.

-Déjame ir… Por favor… -dijo el crío.
-Ni en tus mejores sueños. Hoy se va a hacer justicia.

Salí por la puerta principal del restaurante mientras iba empujando a Charles para que viniese conmigo. Steve se acercó corriendo con la pistola en la mano.

-Joder… -dijo sorprendido- Escuché disparos y no sabía si entrar o no.
-Hiciste bien de no entrar –dije-. Te traigo un regalo.

Empujé a Charles para que quedara en manos de Steve y las sirenas de la policía empezaron a escucharse de fondo.

-¿Confesará? –preguntó Steve.
-Sí –contesté-. No querrá perder sus ojos…
-Entonces ya está, esto es el fin.
-No, no lo es. El que encargó los asesinatos de Susan y Marcus fue Scott Lance.
-¿Qué? ¿Cómo?
-Sí. Scott Lance, el dueño de Lance Chemicals antes que el gordo alemán de ahora.
-Mañana tengo que verlo, si la policía me coge no podré verle y todo esto habrá sido en vano. Joder, además… -me llevé una mano a la zona de la puñalada.
-Estás herido.
-Sí… Ese pelirrojo cabrón.
-Mira Jack, márchate.
-¿Qué?
-Coge mi coche y ves a mi casa para que Andrea te ayude. Explícale lo que ha pasado, yo me quedaré aquí.
-Pero la policía…
-¡Qué más da, hermano! Les diré que he sido yo el que ha hecho todo esto y por lo menos los entretendré todo lo que pueda.
-No sé si voy a poder conducir…

Nos sorprendió un ruido de algo cayendo encima de un coche.

-¿Les echo una mano? –preguntó Vagabundo tras hacer su peculiar entrada en escena.
-¡Vamos! ¡Coged mi coche! –exclamó Steve tras lanzarle sus llaves al encapuchado.

Me tumbé en la parte trasera del vehículo para intentar descansar algo. Iba guiando a Vagabundo de la mejor manera que podía porque ya casi no podía sentarme, incluso en algún momento pensé que iba a perder la conciencia.

Tras un buen rato llegamos a casa de mi amigo. Vagabundo me ayudó a moverme a pesar de que yo dejaba todo el peso encima de él. Una vez en la puerta, golpeó con energía y al cabo de unos segundos Andrea abrió tapada con su batín, llevándose una mano a la boca por la sorpresa.

-Andrea… Ayúdame… -dije antes de que ella pudiese articular palabra.
-Lo siento Jack, pero voy a llamar a la policía y decirles que estás aquí.
-Joder… Andrea…
-¡Me han llamado hace quince minutos desde la comisaría para decirme que han arrestado a Steve!
-Lo siento…
-¡¿No estabas contento con la muerte de Susan y Marcus que además has tenido que implicar a mi marido para que pierda el trabajo?!
-Andrea por favor…
-¡Marchaos de aquí los dos!

La puerta se abrió más y la pequeña Rosa nos interrumpió.

-¡Rosa! –exclamó su madre intentando apartarla hacia adentro- ¡Vuelve dentro!
-Pero mamá… ¿Qué pasa? ¿Por qué no dejas que el tío Jack entre?
-¡Que pases hacia dentro!
-Pero el tío Jack está herido…
-¡Policía! ¡Quietos ahí! –exclamó alguien desde el flanco derecho- ¡Métase en casa señora López! ¡Yo me encargo!

Vagabundo se giró y con ello también a mí, haciendo de esa manera que ambos pudiésemos ver a la detective Green como nos apuntaba con la pistola reglamentaria. Andrea aprovechó el momento para cerrar la puerta rápidamente, haciendo caso a la mujer.

-Sabía que si seguía a López, daría con vosotros.
-Green… ¿Qué coño haces…? –pregunté.
-Estáis arrestados.
-¿Qué…? ¿Por qué?
-Por lo del restaurante. ¡Tú! ¡Suelta a Tacker y muestra tu rostro! –ordenó.
-¡Me cago en la puta, Green! ¡Me estoy muriendo! –exclamé.

Vagabundo ni se inmutó y seguía manteniéndome en pie, ignorando claramente la orden. Algo me decía que estaba analizando la situación.

-Ella sabe sobre todo esto –dijo el encapuchado-. Nos ha seguido porque estaba al corriente y esperaba encontrar el mejor momento para detenernos. Y creo… que su motivo no tiene nada que ver con su trabajo. De ser así… ¿no hubiese venido acompañada de una patrulla?
-¡Calla! –dijo ella- ¡No puedo permitir que él no se salga con la suya!
-¿Él? –preguntó Vagabundo- Está claro que no os referís al señor Jack.
-Ese bastardo amenazó con matar a mi marido y mi hijo si no le ayudaba… Necesito que…

Entonces lo entendí. La vez que Charles me hizo morder el polvo dijo que alguien le «había hecho los deberes», así que de alguna manera alguien le había informado al respecto. Green estuvo en el momento que Steve, Marcus y yo miramos las fichas tanto del jefe del Crimen Organizado como la de su secuaz el Irlandés. Además, la primera noche que conocí a la detective, Steve se vio obligado a explicarle sobre mi poder al ver que dos balas me impactaron y no me mataron. Ella no era otra más que estaba siendo manipulada por todos esos cabrones.

-¡Escúchame Green! ¡Ese mismo bastardo del que hablas va a ir a la cárcel y hay más gente implicada en esto! ¡Si nos llevas a comisaría no habrá nada que pueda detenerles y tu marido e hijo seguirán peligrando!
-¡No! ¡No! ¡Irán a por ellos!
-¡Maldita seas, zorra estúpida! ¡¿Crees que tu marido y tu hijo se sentirán alguna vez orgullosos de lo que estás haciendo?! ¡Eres una agente de la ley y el orden!

De sus ojos brotaron dos lágrimas y le recorrieron las mejillas. Su pulso empezó a temblarle pero luego volvió a sostener el arma con firmeza.

-No puedo… Mi hijo solo tiene ocho años…

Avanzó unos pasos y luego puso el dedo en el gatillo, lista para abrir fuego.

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