Capítulo 11: Renacimiento

Publicado: 11 mayo, 2014 en Némesis

Capítulo 11: Renacimiento

Steve no había pronunciado ninguna palabra desde que me había saludado en la entrada. El trayecto del ascensor nunca se me había hecho tan largo, tanto que parecía no acabarse. El silencio nunca se me había hecho tan incomodo y me era imposible saber qué le rondaba por la cabeza a mi amigo.

Había varios agentes de policía en el pasillo y la puerta del apartamento de Marcus estaba abierta de par en par. Nos dejaron pasar y pronto nos vimos en el dormitorio. Aún estaban tomando pruebas, y un escalofrío me recorrió el cuerpo al ver el cuerpo del abogado ahí tirado, con una manta encima que tapaba su cuerpo desnudo. Las manos me temblaron y tragué saliva, intentando por todos los medios que la mierda de «shawarma» que había tomado de camino a allí no quisiera salir directamente de mi estómago por la boca.

Me salí al salón sin pensármelo dos veces y apoyé mi cabeza en una de las paredes. No podía dejar de pensar en mi actuación del funeral de Susan y como traté a Marcus.

-Lo siento, Tacker –dijo alguien a mi espalda.

Reconocí la voz de la detective Green, que seguramente había venido con su compañero al enterarse de la funesta noticia.

-Gracias…

Steve apareció y se dirigió directamente a su compañera.

-Green… ¿Nos dejas un rato a solas?
-Sí, claro…

Apoyé la espalda en la pared y alcé levemente el mentón, mirando fijamente a los ojos de mi amigo.

-¿Qué mierda ha pasado, Steve?
-Están teniendo mucho cuidado. El forense ha dicho que el cuerpo no tiene signos de violencia y que por lo tanto no descartan que la muerte haya sido por alguna sustancia ingerida.
-Que absurdo…
-¿Qué quieres decir?
-Continúa.
-Los testigos, por así decirlo, dicen que vieron llegar a Marcus con una chica más o menos sobre las doce de la noche.
-¿Y quién es esa chica?
-Estatura media, pelo negro, vestía elegantemente…
-Vamos, una ciudadana más de esta ciudad y ninguna seña que la pueda identificar.
-Exacto. El portero dijo que la vio salir hará unas cuatro horas más o menos…

Era casi poético: Uno de los hombres que mejor sabía tratar a las mujeres de este estado, había muerto a manos de una de ellas.

-¿Y qué hay de Harris?
-Está allí sentado –señaló hacia otro lugar del salón, del cual yo ni siquiera me había percatado-, hablando con una psicóloga de la comisaría. ¿Quieres que le diga a ella que venga a hablar contigo?
-Paso de esa mierda. Y no sé por qué te estás comportando conmigo como si no fueses uno de mis mejores amigos, y sí como un agente de la calle.
-Jack…

Dejé a Steve con la palabra en la boca y me dirigí a Harris. Estaba claro que el detective me iba a seguir pero no era algo que me preocupara.

-Hola Harris.
-Señor… Señor Tacker –dijo después de levantar la cabeza para mirarme-. Hola, y lamento que tengamos que vernos en estas circunstancias.
-Créeme, yo también lo lamento.

Steve hizo un gesto a la psicóloga y esta se marchó tras asentir con la cabeza.

-Esto es culpa mía… -dijo Harris con la mirada algo perdida- No debería haber dejado que el señor Foreman me mandara a casa esta noche… Y… Y cuando llegué esta mañana… Lo encontré ahí… Y… -se llevó una mano a la cara para frotarse los ojos.
-No es culpa tuya, Harris –dije para tratar de calmarlo-. Esta ciudad está podrida desde las entrañas y Marcus ha sido presa de la mala suerte. Pero no te preocupes, la policía dará con esa mujer y se hará justicia.

El detective me miró de manera fulminante.

-Hasta pronto, tengo que irme –me despedí.

Salí apresuradamente del apartamento mientras Steve me perseguía e iba pronunciando mi nombre.

Una vez llegados a la puerta del ascensor, él me dio la vuelta para que pudiéramos quedar cara a cara.

-¿Qué no me oyes? –preguntó algo alterado.
-No.
-¿Qué coño te pasa, hermano?
-Se lo han cargado por mi culpa, Steve.
-¿Pero por qué dices eso?
-¿Para qué quieres que te lo explique? Si cada vez que hablo del tema todos hacéis como si estuviese loco.
-Escucha, Jack…
-No, escucha tú –dije tras darle un toque en el hombro-. Esos hijos de puta van a por mí. No iban a por Susan o a por Marcus, van a por mí.
-¿De qué estás hablando?
-Me están haciendo salir. Por algún motivo quieren que salga de mi maldita cueva… y ya lo han conseguido.
-Eso no tiene sentido, te tuvieron a su merced.
-Porque no querrían hacerlo allí, por lo que fuese.
-Jack…
-Si vas a decirme alguna gilipollez sobre que debo de ir a un loquero, ahórratelo. Pero si lo que vas a decir es algo que me pueda ayudar, entonces te escucho.

Esperé a que mi amigo me dijese algo, pero tan solo obtuve silencio y un resoplido por su parte. Justamente en ese instante la puerta del ascensor se abrió y yo hice ademán de entrar, pero él me detuvo tras cogerme por un brazo.

-¿Qué vas a hacer? –preguntó mientras me agarraba con fuerza.
-No lo sé. Algo haré.
-Te van a matar.
-Intentaré que no sea así. Pero no pienso quedarme más de brazos cruzados. Porque si esto sigue así nada me asegura que tu vida o la de Karen no corra peligro.

Estuvo a punto de decirme algo pero en el fondo supe que él me entendía perfectamente, así que se limitó a bufar antes de frotarse las sienes.

-Es posible que necesite tu ayuda -dije.
-Tengo al Comisario encima desde mi actuación en los muelles…
-Lo tendré en cuenta.

Le di un par de palmadas en el hombro en señal de despedida y luego abandoné el edificio.

Al llegar a casa me encontré con que Karen no estaba. Dadas las circunstancias me tiré en la cama para intentar dormir y al final lo conseguí. A medio día me levanté hecho polvo y al ver que ella no había vuelto comí lo primero que encontré en la nevera.

Puse la televisión y tal y como había imaginado los medios ya habían hecho eco de la noticia sobre la muerte de Marcus. Lo peor de todo es que hundieron su reputación con falsas acusaciones sobre consumo y tráfico de drogas, sacando además trapos sucios sobre él y algunas de sus citas, con varias mentiras sobre un posible vínculo con la prostitución. Todo ello me llenó de ira. Mi amigo no había tomado drogas nunca, ni siquiera cuando íbamos al instituto, y a pesar de que era un mujeriego nunca había tratado mal a una mujer y siempre había sido muy cuidadoso con esos temas. Joder, era un abogado que luchaba por la ley y el orden, por el bien común.

Lo siguiente que hice fue volcar la mesita del salón, preso de la rabia por la impotencia de no poder hacer nada. Karen entró en ese mismo momento y traía los ojos rojos, aún vidriosos. Puse los brazos en jarras y miré al techo para intentar calmarme. Ella se acercó y dejó el bolso en el sofá.

-¿Qué está pasando, Jack?
-No lo sé.
-Lo siento… lo siento tanto… Marcus…

Apoyó su cuerpo en mí y me rodeó por la cintura con sus brazos.

-Ve a descansar.
-¿Qué? –preguntó ella algo sorprendida.
-Que vayas a descansar. No pienses en ello.
-¿Cómo quieres que…?

Froté su mejilla cariñosamente y luego me separé.

El resto del día lo pasamos frente al televisor viendo todas y cada una de las mierdas que dieron sobre mi difunto amigo. Llegó un momento en el cual era incapaz de pensar por todas las chorradas que fueron capaces de decir. Steve me llamó un par de veces para comentar las cosas pero no consiguió sacarme de casa. Fue otra noche más que no pude pegar ojo. Estaba tan desquiciado que incluso a veces me costaba reaccionar y empezaba a tener problemas de falta de atención.

El funeral de Marcus fue rápido. No era un tipo religioso y toda su familia vivía en la ciudad. Habían ido muchas mujeres al evento, algo que dio de qué hablar a los periodistas. La prensa estuvo allí para molestar y me enfrenté a varios Cámaras para que nos dejaran en paz. No me importó en absoluto salir en alguna grabación pero estaba harto de que hiciesen leña del árbol caído. Uno de mis mejores amigos había muerto, y por lo tanto ya habíamos dejado de ser «Los tres Mosqueteros», que era como nos llamaban en el instituto. La promesa de que siempre estaríamos juntos se esfumó de la noche al día y yo solo podía sentirme mal por cómo me había comportado con él en el último momento que lo vi en vida.

Justo cuando estábamos a punto de marcharnos, una chica llamó mi atención. Para mí había pasado desapercibida entre la multitud, pero que al girarme me di cuenta de que me sonaba de algo. A parte, llevaba una carpeta bajo uno de sus brazos.

-Hola señor Tacker –me saludó a la vez que me estrechaba la mano.
-Hola… ¿Nos conocemos?
-No y lamento que tengamos que conocernos así… Mi nombre es Lisa, y nos vimos hace relativamente poco. Usted iba hacia el apartamento del profesor Foreman y yo salía de él, nos dimos de bruces en la puerta del ascensor. No sé se acordará…

Me acordé perfectamente. Era la chica con la que me había cruzado el día que fui a ver a Marcus para preguntarle si sabía algo sobre Brandon Harper, y de paso pedirle el favor de que me buscara información sobre Lance Chemicals.

-Sí, lo recuerdo. ¿Y…?
-Se dejó esto en mi casa, y creo que le pertenece a usted.

Ella extendió el brazo para ofrecerme la carpeta que llevaba encima y yo la cogí. En uno de los laterales ponía: «Jack Tacker».

-¿Qué es? –pregunté tras ojear por encima la carpeta y sin abrirla.
-No lo sé, no la he abierto. No hubiese sido correcto por mi parte.
-¿Y cómo es que se le olvidó? Marcus nunca fue descuidado.
-Verá… Él estaba trabajando para mí. Bueno, más bien me estaba ayudando en algo, y es que tengo un problema con mi hermano mayor sobre una herencia, así que le pedí ayuda. Estábamos analizando el problema en mi casa cuando mi hermano apareció por sorpresa, entonces se puso violento y… Marcus… -esta vez lo llamó por su nombre- se puso en medio, recibiendo un puñetazo que iba directo a mí. Después se calmaron los ánimos pero me dijo que tenía mucha prisa porque iba a llegar tarde a un funeral. Entonces…
-Se dejó la carpeta.
-Sí, encima de la mesa. La verdad es que salió muy deprisa…
-Joder, Marcus… -maldije tras llevarme ambas manos a la cara- Era por eso por lo que llegaste tarde… -susurré al final.
-¿Está bien? –preguntó ella sorprendida por mi reacción.
-Sí, tranquila. Oye… Gracias por traerlo y explicarme esto.
-No hay de qué. La verdad… es que lamento mucho su pérdida. Y todas esas cosas que están diciendo de él… -se mordió levemente el labio inferior al terminar la frase.
-Créeme, Lisa. Yo también lo lamento. Y no hagas caso a lo que están diciendo…
-Lo haré. Hasta otra, señor Tacker.

Cuando todo el mundo decidió volver a casa, yo me fui a ver el agua del río mientras bebía una botella de whiskey como otro borracho más de la ciudad. Los mejores recuerdos de nuestra vida pasaron por mi mente y al final acabé llorando como un maldito crío, desconsolado, sin nada en qué cobijarme. Pronto esos recuerdos se volvieron pesadillas en forma de ese Irlandés y el niñato de su jefe. Después miré la botella que tenía entre las manos y la lancé todo lo lejos que pude. No importaba lo que tuviese que hacer, me daba igual. Iba a hacerles pagar por lo que habían hecho, primero por lo de Susan, y luego por lo de Marcus.

Eché un vistazo a la carpeta y esta contenía bastantes papeles. Eran más bien bocetos y anotaciones que mi amigo había estado tomando, con fechas y algún que otro papel oficial fotocopiado. Al final, había una nota que resumía más o menos todo y parecía aclarar algo. El papel indicaba que la subasta de la empresa Lance Chemicals había sido detenida varias veces por un hombre llamado Malcolm, el hermano de Scott, hasta el instante en el cual Karlheinz Ulrich llegó a comprarla. La verdad es que en ese mismo momento ya todo eso me importaba más bien poco, así que guardé todo en la carpeta dejándolo tal y como estaba.

Volví a casa tras darme cuenta de que habían pasado unas cuantas horas, y lo que me sorprendió fue ver al hermano de Karen apoyado en su furgoneta, que estaba aparcada en la misma calle. Lo saludé con un discreto gesto de la mano y luego entré por la puerta.

La pelirroja estaba apoyada en la pared y miraba al techo algo distraída, después se enderezó al verme entrar y yo me di cuenta de que ella parecía estar lista para marcharse.

-¿Estamos de mudanza y no me has avisado? –pregunté tras señalar hacia fuera con el pulgar.
-No, no es eso… -respondió tras acercarse.
-¿Entonces? –me crucé de brazos.
-No puedo con esto, Jack. Lo siento, pero me marcho de vuelta a Chicago, a casa de mis padres.
-¿Por qué? Mira, si es por lo de antes de ayer, yo…
-No. Es por todo. Míranos…
-Lo arreglaremos.
-Al principio creí que podríamos arreglarlo. Pero luego entendí que yo no tengo nada que arreglar.
-¿Vas a empezar a decir que la culpa es mía?
-No quiero discutir, la decisión está tomada y todas mis cosas están en la furgoneta de Robert.
-¿Qué sabe tu hermano de todo esto?
-Poco, no he querido explicar cosas que mejor que no se sepan y que quedarán entre tú y yo. Le he dicho que tengo que tomarme un tiempo para tranquilizarme por el tema del embarazo.
-No puedes irte, Kar, te necesito.
-No te engañes a ti mismo. Porque a mí ya no puedes engañarme, ni hacerme creer cosas que no son. Todo se ha ido a la mierda desde que te pusiste a investigar el caso de cierta persona.
-Necesito tu apoyo.
-¿Qué apoyo? Si apenas hablamos.
-Pero estás aquí, y…

Ella miró a otro lado e intentó evitar que le cayeran un par de lágrimas.

-Olvídalo, Jack. Me marcho.

Karen cruzó la puerta hacia el exterior y caminó con decisión hasta la furgoneta de su hermano. Yo la seguí y Robert se puso en medio justo cuando iba a alcanzarla. Él era un hombre alto, fuerte, corpulento debido a sus horas de gimnasio día tras día. Su pelo era pelirrojo como el de su hermana pero lo llevaba bien corto, a lo militar.

-Aparta.
-Lo siento Jack, pero tienes que dejarla en paz.
-He dicho que te apartes…

Karen se acercó y se puso entre nosotros.

-Jack, escúchame por favor –dijo ella tras cogerme del brazo con cuidado-. No eches a perder el buen hombre que eres, más de lo que lo has hecho. En lugar de ello, en lugar de ello, coge eso que te está perturbando y soluciónalo. Pero por favor, no te eches más a perder…

Esa vez no fue capaz de ocultar sus lágrimas e incluso me dedicó una última caricia en la mano del mismo brazo que me había cogido.

-Vámonos, Robert.

Ambos se metieron en la furgoneta y luego me acerqué hasta la ventanilla.

-¿Y qué hay del bebé? –pregunté bastante nervioso.
-Tendrás noticias mías.

La furgoneta arrancó y pronto los perdí por el horizonte de la calle mientras me había quedado ahí parado sin poder apartar la vista de ellos. Luego me metí dentro de casa y me senté en uno de los sillones del salón. No dejaba de darle vueltas a la cabeza intentando buscar una manera de poder hacer frente a Charles Smith y su imperio del crimen. No me importaba en absoluto ir a por él solo, pero ya había visto lo que él era capaz de hacer y no le encontraba ninguna manera de hacerle frente. Llegué a la conclusión de que quizá debía dejar de lado la idea de intentar ir de héroe que se tomaba la justicia por su mano.

Al final me quedé dormido por culpa de no haber pegado ojo la noche anterior, pero solo hasta que me despertó el sonido de unos nudillos golpeando en la cristalera principal. Aparté la cortina tras darme cuenta de que ya era de noche y vi a Vagabundo en el porche. Le hice un gesto para que entrara y enseguida se reunió conmigo dentro. No dudé en dejar caer mi cuerpo encima del sillón otra vez.

-Lamento lo de la señorita Susan y lo de su amigo el señor Foreman.
-Gracias… supongo… -agradecí acompañado de un gesto de la mano para restar importancia. ¿Estabas allí?

Empezó a dar vueltas por el salón, mirando todas y cada una de las cosas que había con mucha atención.

-En ambos funerales, señor Jack. Y no pensé que os gustara tanto llamar la atención.
-Cosas que pasan. Y por cierto, no te vi.
-No fui vestido así, como es obvio.
-¿Y dónde has estado estos días?
-Tratando de dar con Dragón Negro.
-¿Y bien?
-Tras habernos enfrentarnos cara a cara, él ya es consciente de que le estoy buscando y eso me complica la tarea de encontrarle.
-Pues ve a Chinatown. Seguro que estará por allí… -dije tratando de hacer una broma.

Se giró de repente para mirarme fijamente.

-¿Qué? –pregunté.
-Que me extraña vuestro absurdo sentido del humor en estos momentos.
-¿Y qué esperas que haga? Llevo horas pensando en cómo dar caza a ese niñato y al pelirrojo.

Continuó dando vueltas por la sala y se detuvo frente a una estantería que tenía varios libros y algún que otro objeto de decoración.

-¿Tenéis la certeza de que ellos también han matado a vuestro amigo?
-Totalmente. No sé el por qué, pero creo que lo que quieren es hacerme salir.
-Es una teoría muy a la ligera. ¿Qué es lo que habéis pensado?
-Un lío –respondí tras frotarme la cara-. No sé bien como ir a por él, no le encuentro ninguna debilidad. No veo ningún punto débil al que atacarle sin que me pase lo de la otra vez.

No dijo nada al respecto y entonces di por sentado que él no podía o no quería ayudarme.

-¿Qué hay de vuestra chica? –preguntó.
-Se ha ido. Ella estaba embarazada, ¿sabes?
-Lo siento entonces, pero puedo entenderos, señor Jack. Aunque a decir verdad, quizá mejor así para ambos porque la mujer se ha apartado de todo esto y eso os hace libre y además ella estará a salvo.
-Es un buen punto de vista. Sin embargo no pareces del tipo de hombre que sepa lo que es perder a la mujer que ama.
-Estáis equivocado. ¿Por qué no debería saberlo? –se giró- He conocido el amor en cada país de todos los que he estado, salvo este.
-Me sorprendes. Oye, ¿por qué no me explicas tu historia y todo ese rollo del hombre que estás buscando?
-¿Y ese interés repentino por mi vida, señor Jack?
-Necesito dejar de pensar por un buen rato, y quizá logres ayudarme…

Vagabundo avanzó unos pasos y apoyó su espalda en la pared más cercana a mi sillón. Me giré un poco para poder verle mejor ya que me había cogido de perfil.

-Abandoné mi hogar al llegar a la mayoría de edad, hace ya diecisiete años, casi dieciocho. Me deshice de la mayoría de bienes materiales que había heredado por la muerte de mis padres y emprendí un viaje que no sabría bien cuando llegaría a acabarlo. Estuve en Inglaterra, en Alemania, en Rusia, en China, en Japón, y estuve en Brasil antes de venir aquí. Durante todo este tiempo me he dedicado a aprender todo lo que podía sobre la cultura, estilo de vida, el idioma y las artes marciales de esos lugares.
-¿Por eso me dijiste aquellos nombres tan raros cuando nos conocimos?
-En efecto. Fui nombrado de muchas maneras por los diversos profesores y maestros que tuve, cada uno a su modo.
-Recuerdo que me dijiste «Dragón Blanco»… ¿Entonces tiene relación directa con el chino?
-Así es –asintió tras afirmar-. Wen Kuo era Dragón Verde antes de que yo llegara a ser Dragón Blanco. Él era uno de los mejores estudiantes del monasterio en el que estábamos recluidos, pero su problema era que cada vez quería obtener más poder, hacerse más fuerte. Mostró claro desacuerdo el día en que nuestro Maestro decidió nombrarme Dragón Blanco. Estuvo tan cegado por su ambición que una noche decidió acabar con la vida del Maestro y luego desapareció. Desde ese día el monasterio lo declaró enemigo y pasó a ser el Dragón Negro.
-Ya veo. Entonces te alzaste en nombre de la venganza. Qué típico…
-No, señor Jack. Quizá para vosotros todo esto les pueda parecer una simple cuestión de venganza, pero para la gente más abierta de mente, es otro tipo de cosa.
-Ya estamos… ¿Qué cosa?
-Desde el momento en que cometió ese crimen mi deber es acabar con él para cerrar el círculo. Es mi tarea como Dragón Blanco, título que se me despojará en cuanto todo esto acabe.
-¿Por qué?
-Porque forma parte del equilibrio. Estoy seguro que mi Maestro me nombró de esa forma porque sabía que Wen Kuo pasaría a ser quien es ahora. Cuando ya no haya Dragón Negro, Dragón Blanco tampoco será necesario.
-No sé si ha sido una buena idea decirte que me explicaras todo esto… -dije tras bufar lentamente- ¿Y cuanto llevas tras él?
-Años. Fue antes de pasar por Japón y Brasil. Iba encontrando y perdiendo su rastro, hasta que al final di con él aquí.
-¿Y qué harás cuando acabes con esto? Si es que acabas.
-Acabaré, estoy seguro, y entonces volveré a mi país. Me marché de allí porque quería encontrar un sentido a mi vida, y a pesar de haberlo encontrado, me he dado cuenta que he dejado de lado aquel lugar. La corrupción política y el crimen se están haciendo con el poder, y siento que debo volver para hacer todo lo posible por ayudar a los inocentes que están pagando por lo que no deben.
-Ya veo… Es un gesto muy noble por tu parte…

No dijo nada más y nos quedamos unos segundos en silencio. Lo suficiente como para que yo pudiera darle vueltas a la cabeza y darme cuenta de que realmente mi vida no había sido nada comparada con la del desconocido que tenía delante, en el caso de que no me hubiese engañado.

-Ojala yo pudiese hacer algo similar –susurré tras mirar al suelo.
-Veréis señor Jack, quizá le haya gustado la parte bonita de mi historia, pero tenéis que saber que no todo ha sido un camino de rosas.
-Me lo imagino.
-Ser extranjero no es nada fácil, da igual lo que diga la hipocresía del mundo. En todos los lugares que he estado he tenido problemas de una manera u de otra. He sido golpeado, humillado, maltratado, torturado… Pero de todo se aprende. Y ahora que me fijo bien en usted, me hago una pregunta que espero que seáis capaz de responderla.
-¿Qué pregunta?
-La de qué tipo de hombre sois. ¿Sois ese tipo de persona que se queda sentado esperando a que la vida pase por delante sin hacer nada? ¿O si sois de ese tipo de persona que… lo que pretende es dejar huella en esta vida? Esto último, es algo que considero que todo el mundo debería de hacer.

Las palabras de Vagabundo sonaron como un tambor dentro de mi cabeza.

-Quiero. Quiero hacer algo –respondí con decisión.
-En ese caso levantaos para ir a encontrar las respuestas que estáis buscando –dijo él tras cruzarse de brazos.
-¿Pero cómo?
-En Japón, una vez mi «Sensei» me dijo: «Cuando te enfrentas a un rival, nunca hay que cegarse en la búsqueda de sus debilidades. Lo que hay que hacer, es tener una visión clara de las nuestras propias.»

Su frase vació mi mente de todos los pensamientos que había tenido hasta ahora. No sé por qué le encontré tanto sentido a sus palabras que por fin di con lo que quería, con la manera en que podría intentar llegar hasta Charles y no caer en el intento. Iba a ser una locura y una vez más tendría que implicar a Steve, pero si conseguía llevarlo a cabo todo esto acabaría de una maldita vez.

-Lo tengo –dije antes de levantarme.
-¿Qué?
-Gracias.
-No hay de qué, señor Jack.
-Voy a llamar a Steve.
-No deberíais implicar a vuestro amigo en esto.
-Solo será en parte. No pondré en peligro su vida porque lo último que querría es que ese niñato le destrozara la mente o lo pusiera en mi contra. Por eso tampoco te voy a pedir que vengas conmigo.

Vagabundo se separó de la pared y observó como cogía el teléfono para llamar a Steve. El tono sonó un par de veces antes de que él respondiera desde el otro lado.

-Residencia López, habla con Steve.
-Soy yo.
-¿Jack?
-Sí. Necesito que vengas a mi casa, trae tu coche.
-¿Qué pasa?
-Te dije que igual te necesitaría, y es exactamente eso.
-Pero…
-Te lo explicaré cuando vengas.

Colgué con rapidez y luego miré al encapuchado.

-Suerte, señor Jack.

Alcé un pulgar hacia él a modo de despedida y agradecimiento. Luego lo seguí con la mirada hasta que salió por la puerta principal.

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