Capítulo 10: El funeral

Publicado: 30 abril, 2014 en Némesis

Capítulo 10: El funeral

Todo era tan absurdo, tan surrealista. Escapaba de mi capacidad de razonamiento o de encontrar cualquier lógica a los hechos. Me era imposible. Ni siquiera habiendo bebido una botella entera de whiskey, como si de ello fuese a obtener una iluminación divina con capacidad de explicarme algo con sentido.

Tan solo habían pasado tres días desde la muerte de Susan y el funeral se había atrasado porque sus padres tuvieron que volver de China de manera precipitada. Durante esos días me sentí como si se hubiesen estado riendo en mi cara mientras me tenían atado de pies y manos. Los detectives que me tomaron declaración y que según ellos habían estado al cargo del caso de la desaparición de Brandon, al final se pusieron en contacto conmigo para decirme que habían interrogado a Charles Smith, y este tenía más de veinte testigos que le situaban aquella noche en una fiesta privada en una de sus casas. Eso hizo que entonces yo pasara a ser un sospechoso principal sobre la muerte de mi exnovia, que «por suerte» no había sido detenido por falta de pruebas. Del taxista no se sabía nada, la matricula que Karen había conseguido fue comprobada y no existía. Y de las llamadas de teléfono ni rastro. Steve había conseguido el informe balístico de lo poco que se pudo recuperar tras el incendio, y la bala había sido disparada por un arma con el cañón limado, haciéndola irrastreable. El señor Harper declaró que no se acordaba de nada y que le habían tenido encerrado durante todos esos días, con los ojos vendados, aunque alimentado después de todo. Del chino no se sabía nada, como si hubiese desaparecido, tal y como Vagabundo nos había advertido.

Perdí la noción del tiempo. No sabía cuanto había dormido en total y todo lo que hacía me separaba poco a poco de la pelirroja. Intentábamos hablar, pero nos hacíamos daño. Ella trataba de empatizar conmigo pero yo intentaba alejarla, algo que terminaba consiguiendo debido a mi estado de irritación y en ocasiones algo pasado por la bebida. No era lo que quería, pero no me sentía bien, y conociendo a Karen sabía que aguantaría mucho pero al final terminaría explotando. ¿Pero qué iba a hacer? La bofetada de la realidad me había dado tan fuerte que aún no me había recuperado. Todas esas cosas que uno cree que no pasaban y que solo ocurrían en las películas, al final, eran cosas de verdad.

Era la segunda vez que había tenido que ir a un funeral. Recordé perfectamente cuando mi madre murió, cuando yo tan solo tenía diez años. Fue uno de esos casos en que la Leucemia es terminal, y no tardó en apartarla de nuestro lado. Mi padre perdió rápidamente la cabeza y se obsesionó con el campo y las tierras, alejándolo lentamente de la sociedad hasta quedarse solo. Yo tuve dos opciones en aquel momento, o quedarme con él y ver cómo se consumía lentamente, o mudarme a la ciudad para vivir con un hermano de mi difunta madre. Tras elegir la segunda opción mi vida cambió, y pronto dejé de ser un «paleto» de Kentucky tras adaptarme a los cambios. Abandoné a mi padre pero no quería correr su misma mala suerte, así que si los dos íbamos a desperdiciar nuestra vida preferí ser valiente y darme a mí mismo una oportunidad.

Y ahí estaba. Las nubes oscuras tapaban el cielo y parecían tener ganas de descargar tormenta. Por suerte para los presentes, la lluvia que caía era débil y pocos decidieron traer paraguas. Brandon y su familia estaban cerca del ataúd, justo al lado de los padres de Susan. Había venido Steve con Andrea y las niñas, Karen me acompañaba e iba cogida a mi brazo a pesar de las circunstancias que estábamos pasando y también estaba Karl con dos de sus guardaespaldas aunque algo alejados de la mayoría de gente. Pero Marcus no había venido, el abogado aún no había llegado y yo no dejaba de preguntarme dónde demonios se había metido. El resto de personas eran conocidos, antiguos colegas de instituto, compañeros de trabajo del viudo, etc. El reverendo acabó con sus palabras y la caja fue entrando poco a poco en el agujero entre lágrimas de varios de los presentes. La gente empezó a dispersarse y entonces me separé de Karen para poder ir a hablar con los padres de Susan.

La edad ya se les empezaba a notar y a pesar del momento ambos me dedicaron una sonrisa a modo de saludo. No pude evitar abrazarles en un intento de darles mi apoyo. Chen parecía estar más bajito que en la última vez que nos habíamos visto, y cada vez costaba más verle los ojos debido a las arrugas y sus rasgos naturales. Sarah seguía siendo una mujer guapa para su edad, aunque el mal momento que estaba pasando no le hacía justicia.

-Cuanto tiempo… -dijo ella- Y qué raro te veo con esa barba…
-Mucho… -dije tras asentir- Y lamento que no nos hayamos podido ver antes. Supongo… que todo ha sido muy precipitado.
-La verdad es que sí, Jack –dijo él, acompañado del acento característico de su país-. Todo esto se nos escapa, somos incapaces de entender lo sucedido.
-Créanme que yo tampoco soy capaz de entenderlo.
-La policía nos dijo que tú estuviste con ella en el momento de su muerte.
-Es cierto, y sé quienes son los culpables. Pero no sé qué versión les habrá contado la policía, y por ello antes de nada les pido disculpas por si creen que…
-No, Jack –interrumpió él-. A pesar del tiempo que ha pasado, mi mujer y yo sabemos que tú siempre has sido un buen hombre y por eso no nos importa lo que la policía nos pueda decir malo de ti. Sé que tú jamás le hubieses hecho daño a mi hija, y es por eso por lo que queremos saber qué ocurrió.
-Susan me había contratado para ayudarle a encontrar a Brandon. Al final nos tendieron una trampa bajo amenaza de muerte de mi actual pareja y nos obligaron a ir a un lugar, allí dispararon a su hija y no pude hacer nada por ella.
-Pero si sabes quienes son los culpables… ¿Por qué la policía sigue investigando? –preguntó ella.
-Los detectives no me creyeron debido a que los culpables tienen una coartada perfecta, con una veintena de testigos que aseguran haber estado con ellos aquella noche y muy lejos del lugar de los hechos.
-¿Por qué alguien querría matar a mi hija? ¿Por qué? –preguntó Chen algo alterado.
-No lo sé, no lo sé. Escúchenme, ¿les suena el nombre de Wen Kuo?

Ellos se miraron.

-No nos suena de nada –contestó él algo extrañado-. Bueno, el apellido es bastante común en mi país, pero… la verdad es que nada más.
-Wen Kuo es un hombre de origen chino, y al que llaman Dragón Negro. Es un mercenario, y estaba allí también en el lugar de los hechos. ¿Ustedes saben si…?
-¿Qué estás insinuando? –preguntó Sarah tras cruzarse de brazos.
-Tan solo quería saber si…
-¿Estás insinuando que mi marido puede tener algo que ver con todo esto?
-No, por favor. Simplemente que quizá haya algo que no sabemos y la implicación de ese sujeto tenga algo que ver con vuestra familia.

Chen no dejó de mirarme fijamente a los ojos desde el primer momento en que decidí continuar con el tema. Cogió aire y luego lo expulsó lentamente antes de pronunciarse.

-Toda mi familia ha trabajado la tierra durante muchas generaciones, siendo pionera también en el tipo de medicina que aquí conocéis como alternativa. No sé quién es ese hombre pero si estaba allí y tiene que ver algo con el asesinato de mi hija, es porque debe de ser un maldito perro que no conoce el honor. Jamás en mi vida he tenido tratos con gente de ese tipo, ni tan siquiera con las Triadas, algo con lo que a los de nuestro país nos suelen relacionar. Así que tan solo con el simple hecho de que creas que puede haber alguna relación, ya estás consiguiendo que me sienta ofendido por ello.
-Señor Lee, mis más sinceras disculpas. Trato de ayudar e intento esclarecer los hechos.
-Debemos de habernos equivocado contigo entonces, Jack –dijo ella tras cogerse del brazo de su marido-. A pesar de todo este tiempo que ha pasado nosotros hemos tenido la certeza de que seguías igual, pero… ¿y tú? Si nos conoces bien deberías saber a ciencia cierta de que mi marido o su familia jamás estaría implicada en la muerte de mi hija.
-Te deseo lo mejor, Jack –arqueó levemente el cuerpo Chen, de manera cortés-. Y no te preocupes, la policía terminará solucionando todo esto. Aún así… gracias por tu interés, pero mi mujer y yo necesitamos algo de tranquilidad.

No había escogido las palabras ni el momento adecuado, pero tenía que intentarlo. Me miré las manos y me temblaban por la tensión. Al alzar la cabeza pude ver a Brandon, un poco más libre y algo alejado de la muchedumbre que le había estado atosigando. Fue entonces el momento en el que decidí acercarme a él para hablar por fin cara a cara. El hombre parecía estar aguantando estoicamente la situación, denotando de nuevo parte de su «perfección».

-Brandon Harper.
-¿Jack Tacker?
-El mismo. Lamento que tengamos que conocernos en estas circunstancias. Te acompaño en el sentimiento.
-Yo también lo lamento, y gracias –dijo antes de tragar saliva.
-Sé que no es un buen momento ni lugar, pero me gustaría hablar contigo.
-Los detectives me dijeron que tú habías estado trabajando de manera privada en mi desaparición. Sabes… me siento raro al decirte esto, aunque supongo que es por la situación, pero ella nunca tuvo malas palabras cuando hablaba sobre ti.
-Susan no tenía malas palabras para nadie.
-Supongo… -apretó los labios para forzar una sonrisa por un instante, antes de continuar- que sí.
-Quiero llegar al final de esto, Brandon, y necesito tu ayuda.
-¿Mi ayuda? No te sigo, Jack…
-Necesito que me expliques cualquier cosa que me pueda servir. Detalles, señales, cosas que creas que podrían aportarnos algún dato importante.
-Le dije a la policía todo lo que sé. ¿Quieres que te lo explique?
-No, no. Ya lo sé. Quiero que me digas algo revelador, algo importante. Algo que pueda conectar con todo esto. El señor Ulrich me dijo que estabas trabajando en un proyecto aún sin clasificar, ¿de qué se trata? ¿Te interrogaron cuando estuviste encerrado? ¿Crees que alguien de la competencia…?
-¿Esperas que te de información profesional y que podría acarrearme un despido así tal cual? –preguntó él sin responder a mis preguntas, y frunciendo el ceño.
-Tu mujer ha muerto –dije claro-. Despierta, Brandon. Intento ayudar.
-Exacto, Jack. Es mi mujer la que ha muerto, no la…

No me había dado cuenta de que Karl se había acercado hasta nosotros y en aquel momento no le importó cortar nuestra conversación.

-Lamento interrumpirles, caballeros –dijo a modo de saludo-. Y mi más sincero pésame dadas las circunstancias.
-Gracias, «K» –agradeció Brandon tras suspirar, demostrando claramente la confianza que tenía con su jefe.
-No pasa nada… -dije.
-Le hago saber, Jack, que por mi parte me doy satisfecho con su trabajo y mañana sin falta recibirá el dinero del pago por sus servicios.
-No hace falta, Karl… Brandon me encontró a mí y no al revés.
-Sí, sí hace falta. Es más, añadiré la parte que debía de pagarle la señorita Harper, ya que estoy seguro de que ella estaría de acuerdo conmigo.
-He dicho que no hace falta.
-Y yo debo insistir.

No tenía ninguna gana de discutir y menos por dinero. No sabía como decirle a Karl y de manera no ofensiva que sus billetes no me iban a servir para nada. Así que me limité a mantener la boca cerrada.

-Tenemos muchas cosas de las que hablar, amigo mío –se dirigió a Brandon-. Te esperaré en el coche, y cuando acabes… -pareció mirar por encima de mi hombro, como si mirara a la lejanía tras de mí, pero volvió a dirigirse a él antes de continuar- te invitaré a comer.
-Gracias, gracias otra vez –agradeció acompañado de un gesto con la cabeza-. Justo ahora mismo acababa de terminar con el señor Tacker así que en breve nos vemos.

Karl se alejó y de nuevo nos quedamos Brandon y yo cara a cara.

-Brandon… -dije tratando de captar su atención- Escucha.
-Lo siento Jack, tengo que irme. Espero que todo te vaya muy bien.

No me dejó hablar más con él y decidió marcharse. Me maldije a mí mismo y empecé ver como la gente empezaba a disgregarse. Enseguida me encontré que mis compañeros se habían acercado hasta mí y que Marcus por fin había llegado.

-Hola Jack, lamento el retraso –se disculpó el abogado.

Lo que llamaba la atención no era verle vestido con uno de sus trajes, como siempre, sino más bien que llevaba unas gafas de sol a pesar de que estaba lloviendo y las nubes tapaban todo el cielo.

-¿Dónde estabas, Marcus? –pregunté serio.
-Lo siento, me ha surgido un imprevisto y… -trató de excusarse.
-No. ¿Dónde coño estabas?
-Pues en el despacho, y…
-Te necesitaba aquí, ¿eres consciente de ello?

Todos se sorprendieron ante mi actitud, pero yo estaba muy dolido porque mi amigo no había estado aquí junto al resto. Karen se acercó a cogerme del brazo para intentar calmarme.

-Sí, y lo siento, como ya he dicho –dijo tras acercarse para ponerme una mano en el hombro antes de continuar-. Mira, sé cómo te sientes…
-No creo que te hagas una mínima idea –dije tras apartarle la mano de manera abrupta-.
-Jack, tranquilo… -dijo Karen.
-Eh, ¿estás bien? –preguntó Marcus.
-¿Estabas perdiendo el tiempo con alguna de tus zorras?
-¡Jack! –exclamó la pelirroja a la vez que Steve, mientras que Andrea le tapaba los oídos a su hija más pequeña y sin poder tapárselos también a la otra.

El abogado levantó una mano en señal de paz para los presentes, intentando hacerles entender de esa forma que no pasaba nada. Yo seguía estando furioso.

-Escúchame, Jacky, tan solo ha sido un imprevisto y ya está. Estoy aquí para lo que sea. ¿No lo ves?
-¿Ah sí? Explícanos entonces ese maldito imprevisto y averigüemos si era más importante que este funeral.

Marcus miró a los presentes uno a uno antes de volver a hablar.

-No puedo… Es cosa del trabajo –dijo simplemente.
-¿Sabes qué? Que te jodan –dije tras tocarle con el dedo índice en el pecho.

Acto seguido lo empujé y trastabilló hacia atrás debido a que no se lo esperaba. Eso hizo que chocara con Steve y este lo cogió sin problemas, sin embargo se le movieron las gafas de sol lo suficiente como para poder verle los ojos, que fue cuando todos pudimos darnos cuenta de que tenía uno de ellos morado por seguramente algún tipo de golpe. No dijo nada, y tras separarse del detective y susurrarle un «Gracias» se volvió a colocar las gafas.

-Esto sí que no me lo esperaba –dije-, ¿algún marido te ha dado una lección por tocar lo que no debes?
-Está bien, Jack. Tú ganas…

Marcus se dio media vuelta y empezó a marcharse sin despedirse. Karen me empujó con fuerza y me puso frente a ella.

-¡¿Es que estás perdiendo el juicio?! ¡Es tu amigo!
-¿Qué pasa, hermano? –preguntó Steve.
-Steve, voy al coche… -dijo Andrea mientras trataba evitar de alguna manera que las pequeñas presenciaran más.
-Me voy a casa –dije tras negar con un gesto de la mano-. Estoy harto de todo esto…

Karen se pasó todo el trayecto en taxi hasta casa intentando ahogar las lágrimas. De vez en cuando se le escapaban y se las secaba rápidamente. Intentó no hablar para que yo no me diese cuenta de que le temblaba la voz, aún así, fue algo que no pudo evitar.

Una vez en casa y ya a medio día, ella decidió hacer algo de comer. Al principio decidí dejarla tranquila pero luego pensé en otra cosa, así que me puse a observarla a un par de metros de distancia mientras ella cortaba unas verduras encima de la tabla, cuchillo en mano. La música de la radio sonaba de fondo aunque muchas veces apenas se oía por el sonido de los utensilios. Me miré las manos y me temblaban, y era porque una parte de mí realmente estaba sintiendo como iba perdiendo el juicio poco a poco. Había sido sobrepasado por todos los hechos y estaba a punto de cometer una locura.

Caminé lentamente hasta su espalda y ella se giró un tanto sorprendida por mi seriedad.

-¿Qué…? ¿Quieres…? –me mostró el cuchillo, invitándome a cortar verduras.
-Agarra el cuchillo con todas tus fuerzas y pase lo que pase no lo sueltes –dije.

Me centré en ella. Mi cuerpo empezó a cambiar y pronto noté el vigor en mis músculos, así como la piel endurecerse.

-¿Cómo? –preguntó totalmente sorprendida.

Directamente llevé mis labios hasta su cuello y empecé a morder con suavidad. Ella intentó apartarme pero no podía a causa de mi cambio.

-No, Jack… Te aseguro que no estoy de humor así que es mejor que…

La levanté sin tener que hacer apenas esfuerzo y la tumbé encima de la mesa.

-¡¿Pero qué estás…?!

Sus ojos se pusieron vidriosos y rasgué la mayor parte de su ropa como si fuesen hojas de papel, haciendo lo mismo con las mías que me estorbaban.

-No Jack, por favor… -rogó antes de que yo le separase las piernas- ¡Ah! –gimió al empezar a notar mi ímpetu.
-¿Qué pasa? ¿Ahora no te gusta que sea malo? –susurré.

Notaba como lo bueno de mí iba abandonando mi cuerpo a la vez que sentía el éxtasis y el placer por el descontrol de poder hacer lo que estaba haciendo. Karen intentó aguantarse y se mordía un dedo para evitar gritar, pero al final fue tan presa como yo y no pudo evitar gemir como nunca la había oído. Todo fue muy intenso y seguramente corto, porque no fui capaz de tener ningún control del momento hasta que todo acabó. El ruido que provocó el cuchillo al chocar con el suelo fue muy estridente, como una especie de punto y final a la locura que nos había absorbido.

Ella se encogió mientras le caían lágrimas por el rostro, abrazándose a sí misma y aún encima de la mesa. Yo me apoyé en la pared intentando recuperar el aliento y mis manos temblaban aún más, notando después que mi cuerpo iba volviendo a su estado natural e incluso se me adormecía alguna extremidad.

-Ja… Jack… -dijo ella entre sollozos- ¿Qué te está pasando?
-Karen…
-¿Qué…? ¿Qué te ha ocurrido?
-Yo…

La pobre se levantó lentamente y se tapó como pudo con los restos de la ropa. Acto seguido se tambaleó un poco e incluso chocó con una pared, desapareciendo después tras la puerta del dormitorio que cerró torpemente. Me froté mi brazo izquierdo porque sentí que había perdido la fuerza en este y quise hacerlo «despertar». Luego golpeé la puerta del dormitorio con cuidado para atraer su atención.

-¿Karen?

No contestó.

-¡¿Karen?!
-Por favor, no tires la puerta abajo… -contestó por fin- Te lo suplico…
-No… No lo haré. Tan solo quiero saber si estás bien…
-¡No! Quiero decir… ¡Sí! ¡No entres!

Se la oía llorar. Estuve tentado en abrir la puerta, pero el poco raciocinio que aún podía mantener me decía que la dejara en paz. Así que caminé hasta el sofá, cogiendo por el camino la botella de whiskey, y una vez allí me tiré de espaldas para quedar mirando al techo.

La bebida me sabía a gloria y supuse que también me hacía sentir como si esta fuese una especie de placebo, que me ayudaba a eludir por momentos el hecho de que todo se me caía encima. Me venían recuerdos de todos los tipos mediante pasaban las horas, inmerso en una especie de inconsciencia agradable y que cada vez hacía que deseara menos volver a la realidad. Ni siquiera me di cuenta de si Karen había salido de la habitación o ni tan siquiera si aún seguía en casa. La lluvia chocaba en las vidrieras y eso en parte también aumentaba aún más mi estado de relajación, hasta el punto en que empecé a ser presa del sueño y la botella de alcohol no dio más de sí.

Lo que me despertó horas más tarde fue el teléfono móvil de la pelirroja que sonó varias veces, tanto que al principio pensé que era parte de lo que estaba soñando, pero al final me di cuenta de que debía ser alguien muy insistente. Caminé arrastrando los pies hasta la entrada y saqué el maldito cacharro de dentro del bolso, con la intención de colgar, pero entonces vi que aparecía el nombre de Steve en la pantalla. Descolgué tras suspirar y me lo llevé al oído.

-Gracias a dios… -dijo- Karen, necesito que me pases con Jack, es urgente.
-Joder Steve… Me ha parecido ver que no eran ni las seis de la mañana…
-¿Jack? ¡Jack! Oye, escucha hermano –él parecía algo alterado.
-¿Pero qué coño pasa?
-Ven aquí inmediatamente…

El teléfono se me escapó de las manos y golpeó contra el suelo, mientras tanto seguía escuchando a Steve como preguntaba por mí. Me apoyé en la pared y poco a poco me fui deslizando hasta quedar sentado. No me había hecho la pregunta de cuando la realidad volvería a darme tan fuerte que haría que despertara de golpe. Y ahí fue, en ese preciso momento y tras las palabras de mi amigo, el instante en que tras llevarme las manos a la cabeza volví a sentir en el pozo en el que me había metido yo solo.

 

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