Capítulo 9: La muerte

Publicado: 13 abril, 2014 en Némesis

Capítulo 9: La muerte

El disparo resonó con fuerza. Noté como la sangre me salpicó en el rostro y abrí los ojos como acto reflejo, al notar que aún seguía vivo. La bala había hecho que Susan se golpeara contra unas cajas y luego cayera hacia delante, desplomándose como un peso muerto y justamente con el rostro hacia mí. El cabrón le había perforado el pecho, tras cambiar de objetivo en el último momento.

-¡No! –grité- ¡No! ¡No! ¡No!

Arañé el suelo desesperadamente en un intento de aproximarme hacia ella. Sus ojos se habían quedado completamente abiertos, como si hubiese muerto de un susto. Tosió sangre un par de veces, y poco a poco se iba formando un charco debajo de su cuerpo. El pelirrojo cogió el casquillo que había salido de su arma y se lo fue pasando de mano en mano hasta que pudo cogerlo bien, soplándolo después.

-Ya te dije que si tenías que decirle algo, era el momento –dijo.
-Te mataré, cabrón. Te lo juro…

Uno de los matones iba a echarme gasolina pero Andy lo hizo retroceder con un gesto de la mano.

-Vas a tener que hacer un gran esfuerzo si aún quieres salvar al viudo.
-¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡Hijo de puta dime porqué!
-Cállate ya.

Guardó la pistola y luego hizo un gesto para que sus hombres encendieran el combustible.

-Hasta nunca, investigador –se despidió antes de salir por la puerta con sus hombres.

Las llamas se avivaban lentamente porque ellos habían preferido esparcir el combustible antes que acumularlo, aunque no tardarían mucho en llegar hasta nosotros. Me sentía completamente hundido, agotado mentalmente, sin fuerzas. No sabía si Susan aún estaba viva, o si era verdad que Brandon estaba dormido y no muerto. Pero no podía hacer nada salvo destrozarme los dedos arañando el suelo.

-¡Susan! ¡Susan! ¡Joder, no me dejes!

Tosí un par de veces.

-¡Brandon! ¡Despierta maldito hijo de puta perfecto! ¡Tu mujer se está muriendo!

Mis gritos hacían algo de eco, y entonces me di cuenta de que no estaba solo a pesar de que los matones de Charles se habían marchado. El oriental apareció en mi campo de visión y entonces lo miré desde los pies hasta la cabeza. Él me observaba con detenimiento, sin inmutarse, como aquel que espera el fin de alguna cosa a sabiendas de que no hay solución para impedir que llegue ese momento.

-Si no estás con los americanos… te pido por favor que saques de aquí al hombre y a la mujer.

Giró lentamente la cabeza hasta mirar a Brandon y a Susan, luego me volvió a mirar.

-Te lo suplico… Por favor, Wen Kuo… ¡Te pagaré lo que quieras, pero sácalos!

Frunció el ceño ante mis palabras y entonces colocó una rodilla en tierra para quedar casi cara a cara conmigo.

-Sabes demasiado… -dijo con un acento bastante marcado.

Acto seguido juntó lentamente los dedos de una mano y recogió el pulgar. Justo cuando estaba a punto de terminar su movimiento con la intención de golpearme, se rompió una de las ventanas del piso superior y Vagabundo entró en escena. El encapuchado bajó hasta la planta baja con un par de saltos acrobáticos y empezó a caminar hacia nosotros. El chino se puso en pie y adoptó una postura defensiva propia de un artista marcial.

-¡¿Dónde coño estabas?! –le pregunté exaltado.
-Le ruego que me disculpe, señor Jack. Pero seguir un vehículo a pie es bastante complicado en esta urbe.
-¡Susan se está muriendo! ¡Haz algo, joder!
-Tranquilícese. Voy a hacerlo lo mejor que pueda.

Quedó frente al supuesto Dragón Negro tras sus palabras. Se dijeron algo en otro idioma que no conocía y justo después empezaron a intercambiarse golpes. Eran todo un espectáculo visual gracias a la luz que proyectaba el fuego, parecía una coreografía preparada, pero la magia se rompía al ver que se golpeaban de verdad. Puñetazos, patadas, bloqueos, proyecciones, todo en décimas de segundo. Debido a la mala posición en que me encontraba, muchas veces hasta me era complicado seguirles.

-¡Dejad de hacer el gilipollas! ¡Vamos a arder todos si no paráis! –exclamé al reaccionar y ver que las llamas seguían ardiendo.

Un disparo al aire nos alertó a todos y los luchadores se pararon en seco, quedando frente a frente.

-Que nadie se mueva. ¡Las manos sobre la cabeza! ¡Ya! –la voz de Steve provenía desde la puerta.
-¡Steve! ¡Gracias a Dios! ¡Rápido!

No conseguí ver a mi amigo hasta que se acercó a la pareja encapuchada. Este mantenía el arma firme y apuntaba al mercenario, a la vez que caminaba en su dirección.

-Le recomiendo que no se acerque más a él, detective –dijo Vagabundo.
-Cierra el pico y levanta las manos –ordenó Steve mientras fruncía el ceño-. Y tú –dirigiéndose al otro-, haz lo mismo, ¡ya!

Dragón Negro levantó las manos y mi amigo se llevó una grata sorpresa cuando acortó la distancia para poder ponerle las esposas. El oriental desarmó al detective con tres movimientos, y al final le golpeó la nuez con la punta de los dedos. Steve cayó automáticamente al suelo mientras intentaba coger aire para no ahogarse.

-Se lo dije –comentó Vagabundo.

Intentó golpear a su enemigo tras el comentario, pero este último lo esquivo y corrió hacia las cajas, saltando por ellas hasta llegar a la misma ventana por la que el encapuchado entró.

-Me cago en… -maldijo Steve tras reincorporarse, toser, y luego recoger su arma del suelo- ¡Me cago en todo!
-¡Necesito ayuda aquí, detective! Dese prisa porque no tenemos más tiempo.

El encapuchado, que se había movido rápidamente hasta mi lado, me cogió como a un saco de patatas. Steve se apresuró para tomar el pulso a Brandon y luego hacer lo mismo con Susan.

-¡Esperad! ¡No! ¡Sacad a Susan primero!
-Dios… -dijo Steve antes de llevarse las manos a la cara- Harper está bien, pero Susan… ya no está entre nosotros.

Conocía a Steve, quizá más que su propia mujer o hasta sus padres. Sabía cuando era capaz de hacer una broma, de la misma manera que sabía diferenciar el momento en el que podía hablar con la más absoluta seriedad. Nada pudo quitarme la punzada que sentí en el corazón, ahogándolo como si le costara bombear, un dolor inexplicable que solo pocos conocen.

-Señor Jack, escúcheme… –dijo Vagabundo- Tenemos que salir de aquí.
-¡No! ¡Joder Steve, sacadla de aquí!
-Tenemos que poneros a salvo a ti y a Harper, hermano. Hay que priorizar –dijo esto último mientras levantaba el cuerpo de Brandon y luego se lo apoyaba en el hombro.
-¡No me hagáis esto!

El fuego se incrementó rápidamente y le faltó poco para alcanzarnos. Una vez fuera, el humo negro ya era demasiado evidente para cualquiera que mirara desde la lejanía se diese cuenta y por ello las sirenas se empezaron a oír. Me sentí ausente, con una furia por dentro incapaz de controlar, pero era tan inútil con el cuerpo paralizado que solo pude gritar de dolor por la perdida de Susan.

Steve dejó a Brandon en el suelo y luego intentó volver a entrar al edificio, sin embargo le fue imposible porque las llamas ya eran demasiado grandes.

-¡Mierda! –exclamó.

Luego se acercó a nosotros tras echar aire por la nariz..

-Necesito que me ayude otra vez, detective –dijo Vagabundo antes de ponerme de pie y pasarme a los brazos de Steve.
-¿Qué haces? –le preguntó él.
-El señor Jack ha sido herido por una técnica capaz de paralizarle el cuerpo, pero para su fortuna, esta es reversible.
-¿De qué estás hablando?
-Manténgalo todo lo vertical que pueda, de espaldas a mí.

El detective hizo caso del encapuchado y este último golpeó rápidamente la parte inferior de mi columna, repitió la acción más de una vez por varios lugares de la zona. Una vez acabó, se separó de nosotros y se dio media vuelta.

-¡Eh! ¡Quieto ahí! –ordenó mi amigo tras sacar otra vez la pistola y apuntar a Vagabundo, sosteniendo el arma a una mano para evitar tener que soltarme- ¡Tú te vienes a comisaría!
-Me temo que eso no va a ser posible, detective.
-Si no te detienes te juro que te dispararé.
-No va a hacerlo, detective. Se estima más la vida de su amigo que la mía. Así que protéjalo hasta que se recupere. El señor Jack se pondrá bien gracias a lo que le he hecho, solo necesita descansar.
-Maldito seas… ¡Vete antes de que cambie de idea!

Llegaron dos coches de policía y un camión de bomberos justo cuando el encapuchado desapareció por los edificios más cercanos.

-Aguanta, hermano… -me susurró Steve.

Mis ojos no veían más que el suelo, aunque era un decir porque tenía la vista totalmente perdida. Sentía como poco a poco iba perdiendo la consciencia mientras mi amigo me gritaba para evitar eso, y también pude escuchar la voz de la detective Green a lo lejos.

Lo siguiente que recuerdo fue despertar en una cama de hospital. La luz de los fluorescentes me obligó a entrecerrar los ojos para poder acostumbrarme al cambio. Karen estaba a mi lado y me cogía de la mano, sin embargo parecía estar abstraída mirando a la pared, sumida en sus pensamientos. Aunque estaba dolorido, sentí que podía mover los dedos de los pies y también las piernas, poco a poco me di cuenta de que había recuperado toda la movilidad. La pelirroja se sobresaltó al ver lo que hice y eso provocó que se girara para mirarme.

-¿Jack?
-Kar…
-Oh, gracias a Dios…

Ella me abrazó torpemente y noté como varias lágrimas suyas tocaron mi piel.

-Tranquila, estoy bien…
-A este paso vas a matarme de un disgusto…
-No, pensaba que yo había muerto y que tú eras un ángel…
-Al final yo seré yo la que te mate como no pares… Mira, has conseguido que haga una broma de mal gusto.

Sonreí débilmente y ella me besó. A pesar de la estúpida broma que había hecho y que seguramente no iba con el momento, por dentro aún me sentía destrozado.

-He estado a punto de llamar a tu padre para explicarle lo sucedido.
-Diablos… Deja en paz a ese pobre viejo, que bastante tendrá con aguantarse él solo. ¿Qué me ha pasado?
-Llevas inconsciente varias horas.
-¿Qué hora es?
-Casi las cuatro.
-¿Fuiste tú la que avisaste a Steve?
-Sí… -se secó las lágrimas- Tu móvil comunicaba y a lo único que di fue a llamar a Steve, estaba muy nerviosa.
-Creo que él estaba más nervioso que tú. El muy loco vino solo, y me imagino que consiguió que le triangularan mi posición…
-Fue mi culpa, no supe bien como explicarle. Pero da igual, lo importante es que estés bien.
-Estoy hambriento. Muchísimo.
-Luego miraré a ver si te puedo traer algo…

Entró una enfermera tras llamar a la puerta.

-¿Ya ha despertado? –preguntó.
-Sí… -respondí- Estoy bien.
-¿Puede moverse?
-No sabe lo seguro que estoy de ello, es lo primero que he comprobado.

La mujer empezó a examinarme a la vez que iba tomando notas. No le dio tiempo a mucho más cuando la puerta se abrió de golpe y Marcus la cruzó. El abogado llevaba cogida una bolsa de papel con su mano izquierda.

-¡Eh! ¡Eh! ¡Ni se le ocurra tocar a ese hombre! –señaló a la enfermera- ¿Estás bien, Jack? ¿Te han tocado? –preguntó al final sin mirarme.
-Sí, Marcus… Me han tocado.
-¿Sangre? ¿Te han sacado sangre? –me preguntó antes de dirigirse cara a cara a la enfermera- ¿Le han sacado sangre?
-No, señor Foreman. No le hemos sacado sangre a su amigo –comenzó a explicar la enfermera-. El señor Tacker está bien y tan solo se encontraba inconsciente. Algo que creo que le han repetido mis compañeras varias veces mientras esperaba fuera.
-En ese caso y si está bien, déjenlo tranquilo –señaló con el pulgar hacia la puerta.

La mujer resopló y se marchó sin apenas hacer ruido. Karen parpadeó sorprendida ante la situación y yo me llevé una mano a la cara.

-Marcus, para ya…
-Oye Jack, solo me preocupo por ti. No pueden sacarte sangre de manera legal sin nuestro consentimiento, así que me preocupo para que cumplan con lo que toca. Da igual –hizo un gesto con la mano para restar importancia-, ¿estás bien?
-Supongo.
-Pues vaya susto nos has dado –suspiró al final-. Toma –me acercó la bolsa de papel-, hamburguesa doble con queso, patatas grandes, y cola para los que están a dieta.
-¿Me has leído el pensamiento?
-Son muchos años juntos.
-Me cuidas mejor que mi novia…
-Te puedes ir con él cuando quieras… –me dijo Karen antes cruzarse de brazos y soplarse un mechón que le caía por la frente.

Ajusté la cama para quedar sentado y luego empecé a comer algo. Justo en ese instante entró Steve con Andrea y las dos niñas. La mujer del detective era de raíces similares a él. Su piel era bronceada y tenía el pelo de color negro, con una melena larga y rizada. Sus curvas eran generosas y quizá demasiado grandes para mi gusto. Al lado de su madre estaba la pequeña Rosa, de unos doce años, que nos miraba de manera analítica con sus ojos grandes y expresivos. La pequeña Lily iba cogida de la mano de su hermana mayor, en un intento de sentirse cobijada, pues aunque tenía ocho años parecía estar algo incómoda con el ambiente de la habitación.

-Vine corriendo y no tuve con quién dejar a las niñas… -se excusó Andrea- Lo siento.

Todos hicimos algún gesto para demostrarle que no tenía importancia y que no le hacía falta disculparse.

-¿Estás bien? –me preguntó Steve tras acercarse.
-Diría que sí, mira –moví las piernas debajo de la sabana para que él lo viese.
-Menos mal –suspiró de alivio-. Oye… Ahí fuera están los detectives que llevaban el caso de Harper, y son los encargados de tomarte declaración. Me he cobrado un favor y he conseguido algo de tiempo para charlar contigo antes, a pesar de que casi me meten un expediente por actuar solo. ¿Qué tal si…?

Karen se acercó a Andrea y las niñas.

-¿Nos vamos fuera a por unas chocolatinas y algún refresco? –le preguntó a las niñas- Estoy un poco agobiada con tanto hombre…
-¡Sí, tía Karen! –exclamaron al unísono contentas.
-Volveremos en un rato –dijo Andrea antes de que las cuatro se marcharan.

Se hizo el silencio en la habitación y mis amigos empezaron a mirarse el uno al otro.

-Soltadlo –dije claro tras pegar un sorbo a la bebida.
-¿De verdad que estás bien? –preguntó Marcus, serio.
-Qué pesados. Susan. Decidme qué ha sido de ella.
-Su cuerpo tenía quemaduras de segundo grado cuando consiguieron sacarla. Aún así, ya te dije que yo no le noté el pulso. No se ha podido hacer nada por ella.

Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Estaba hundido por dentro.

-No fue culpa tuya, hermano.
-Sí lo fue, Steve. Fui temerario, inconsciente, impulsivo –dije tras reincorporarme.
-Harper está bien, se recupera favorablemente por aquí cerca –dijo el detective tras señalar con el dedo a una de las paredes.
-¿Creéis que eso me consuela? Brandon me importaba una mierda. Si quería encontrarlo era por ayudar a Susan.
-No debes estar diciendo eso en serio, Jack. Tú no eres así –comentó Marcus.
-Ella no se merecía esto, si pudiera cambiaría su vida por la de ese «hombre perfecto».
-¿Qué pasó allí? –preguntó Steve tras apoyar sus manos en la baranda de los pies de la cama, mirándome fijamente.

Escuchamos un ruido justo en el momento en que cogí aire para empezar a relatar. Los tres nos sorprendimos cuando vimos la ventana abrirse y luego a Vagabundo entrar por ella.

-Buenas noches –saludó.
-Tú… -le señaló el detective y luego sacó la pistola- ¿Cómo te atreves?
-Tranquilícese –alzó las manos en señal de paz-, he venido a ver cómo se encontraba el señor Jack. Además, usted ya sabe que no soy de los malos.
-¿Ah, sí? Pues si no eres de los malos no sé por qué vas con el rostro tapado.
-Resulta curioso que me diga eso, detective. Más que nada porque ambos sabemos que en esta ciudad, a los malos no les hace falta ocultarse el rostro para campar a sus anchas. ¿Me equivoco?
-Steve, déjalo. Me ha ayudado dos veces y estabas delante en la última.

Mi amigo refunfuñó y guardó el arma.

-¿Cómo está, señor Jack?
-No estoy seguro… -suspiré- Iba a relatarles lo sucedido.
-Me quedaré con ustedes si no les importa.
-No, tranquilo… Empiezo a pensar que todo esto es a causa de mi falta de sueño… Más que nada que estamos en un séptimo piso… -dijo Marcus con tono despreocupado y dedicándole una sonrisa.
-Me fui directamente a casa cuando salí de tu despacho –señalé a Steve con el vaso de la bebida-. Me llamó un desconocido justo cuando llegué a mi casa, este me amenazó diciendo que mataría a Karen si no cogía el taxi que me estaba esperando. Así que… una vez dentro me dijo que no colgara el teléfono y el coche me llevó hasta casa de Susan. Tras explicarle por encima lo que pasaba, ella aceptó subir por miedo de que le ocurriera algo a mi pelirroja. Al final nos dejaron en el puerto, en un almacén con muelle propio. Allí nos esperaba el puto Irlandés ese, con varios de sus secuaces…
-No me jodas…
-Pues te jodo.

Bebí un trago antes de continuar.

-Pero resulta que la cosa no acababa ahí. También estaba el niñato, el jefe. ¿Y sabéis qué? Que también tiene un don, un poder, es «rarito», o como queráis llamarlo. Se dedicó a impedir que yo pudiese pensar o concentrarme bien.
-Espera, espera… -interrumpió Marcus- ¿Cómo dices?
-Todos nos preguntábamos como consiguió la madre engatusar al jefe anterior, ¿verdad? Pues fácil, resulta que seguramente utilizó eso mismo para manipularle con facilidad. Y para más inri, es algo que el pequeño Charles también posee y por supuesto está utilizando para mantener su imperio.
-Estoy intentando asimilar lo que estás diciendo –dijo Steve antes de desabrocharse un poco la corbata-. Es un sin sentido que da sentido.
-Tíos, no soy el único. Había algo dentro de mí que me decía que algún día me encontraría con algo o alguien que también podría hacer cosas raras. Él es la prueba.
-Pero lo tuyo fue a causa de un accidente.
-Lo sé. Y según él, lo suyo fue heredado de su madre. O al menos es lo que me dijo, aunque podría ser mentira… -me golpeé los muslos- No sé qué coño estoy diciendo si no tengo ni idea…
-Bueno, tranquilízate. ¿Qué pasó después?
-Apareció el chino, que seguramente estaría oculto como una comadreja esperando el momento para asestarme un golpe. No sé qué hizo pero sentí como si me hubiese apuñalado, aunque es cierto que no noté si me salía sangre. En unos segundos me encontré con casi todo el cuerpo paralizado.
-¿Qué le hizo? –preguntó Steve a Vagabundo- ¿Y quién es ese hombre?
-Su nombre es Wen Kuo. Más conocido como Dragón Negro dentro del mundo del mercenariado. Y lo que le hizo, no fue más que una técnica que anula algunas partes del cuerpo, como si las durmiese. Como ya vio y le dije, detective, dicha técnica era algo reversible.
-No sé si debo preguntar cómo es que sabes eso, pero me da igual. Encontraré a ese tío y pronto estará en comisaría, porque a él sí lo vi, y además me golpeó.
-No pretendo dudar de sus aptitudes, detective, pero tengo la certeza de que no va a lograr dar con él. Es un hombre que está entrenado en muchas artes, incluyendo aquellas que tienen que ver con el engaño y el sigilo. Seguramente utilizó un pasaporte falso para entrar en este país. De todas maneras, Dragón Negro es asunto mío.
-Ya lo veremos. Continúa, Jack.
-Intenté hacer todo lo posible por negociar con Charles pero no llegué a nada. Creo que me dio a entender que alguien le había pagado para hacer eso, y que no iba a cambiar sus planes. Cuando pensé que me iban a matar, lo que hizo ese perro pelirrojo fue disparar a Susan. Después se marcharon y poco después apareció Vagabundo para ayudarme –señalé a este último con la palma de la mano-. El resto ya lo sabes.
-Creíamos que toda esta historia era por ti… -dijo Marcus mientras se frotaba el mentón- ¿Y en realidad era por Susan?
-Y yo que sé, Marcus… -me froté los ojos- No sé por qué la mataron a ella y dejaron a su marido vivo después de secuestrarlo. Mejor dicho, no sé por qué no me mataron a mí directamente.
-Creo que lo que querían era que lo vieseis, señor Jack. Y os utilizaron para atraerla hasta allí, al fin y al cabo estabais investigando sobre la desaparición de su marido.
-Mira, estoy de acuerdo con el de la capucha –dijo Steve tras mostrar una media sonrisa.
-Escuchad, me da igual. ¿Vale? Steve, Marcus, quiero que paguen por lo que han hecho.

Se miraron el uno al otro, y la puerta volvió a abrirse en ese preciso momento. Karen entró cabizbaja y cerró la puerta, luego retrocedió unos pasos algo asustada cuando vio al encapuchado. Todos hicimos un gesto para que se tranquilizara y además se quedara en silencio. Al final se quedó al lado de la puerta, observándonos expectante.

-¿Qué pretendes que hagamos, Jack? –preguntó Marcus- No tenemos nada.
-¿Acaso lo que yo diga no tiene validez?
-¿Tu palabra contra la suya? ¿De verdad lo crees? Abre los ojos, amigo mío, llevo años metido en esto y sé la clase de personas que defienden a esos bastardos.
-Pero la policía encontrará pruebas. ¡Joder! ¡No puede ser tan sencillo para ellos!
-Lo es, según se mire. Encontrar algo puede ser largo y tedioso, a parte, no es un caso que yo lleve –comentó Steve-. Podríamos intentar dar con el chino e interrogarle.
-Ya le he dicho que eso no será posible –añadió Vagabundo.
-Podrías poner un poco de tu parte, ¿no crees? –le replicó el detective.
-¡Me da igual! –exclamé- ¡Me da igual como sea pero quiero que esos hijos de puta paguen! ¿Tan difícil es de entender?
-Baja la voz o nos escucharán desde fuera –dijo Marcus.
-Lo siento –suspiré.

Karen avanzó con decisión hasta la cama y luego señaló a Marcus antes pronunciarse.

-Tú, búscate a alguna mujer de tu inacabable agenda con la que pasar el resto de la noche. Tú –señaló a Steve-, vete fuera y márchate a casa con tu mujer e hijas, que en algún momento necesitarán un marido y un padre. Y tú… -se giró para señalar al encapuchado- Tú… No sé de qué agujero has salido pero vuelve a meterte en él y no te vuelvas a acercar a mi novio.

Las palabras de la pelirroja fueron como un punto y final a toda la conversación, nadie objetó nada. Vagabundo salió por la ventana y acto seguido, Marcus y Steve abandonaron la habitación.

-¿Qué haces? –le pregunté tras cruzarme de brazos.
-Jack… ¿Estás escuchando lo que dices?
-Han matado a Susan.
-Y lo lamento. Pero no puedes seguir con esto.
-¿Por qué no? ¿Es que a caso alguien va a hacer algo por ella?
-De eso se trata. Hagas lo que hagas no va a volver. Y ya te dije que tú no eres policía.
-Mira…
-¡Ella está muerta! –interrumpió- ¡Y tú y yo estamos esperando un bebé!

Sus palabras fueron como cuchillos. Su intención era de las mejores, eso no lo iba a dudar jamás. Pero dolieron. Me sentía frágil, como un cristal resquebrajado que había acabado de ser roto en pedazos. Pero estaba furioso, sentía ira, no podía dejarlo así.

Dos hombres vestidos de traje nos interrumpieron al entrar. Uno de ellos era corpulento y llevaba el pelo corto, bien entrado en canas. Su compañero tenía la piel oscura y llevaba la cabeza afeitada, con una delgada perilla bien cuidada.

-Lamentamos interrumpirles, pero tenemos trabajo que hacer –dijo el del pelo canoso-. Soy el Detective Martin y él es mi compañero, el Detective Johnson. Deberá perdonarnos señorita, pero tenemos que hablar con el señor Tacker.
-Todo suyo –dijo Karen antes de salir y pegar un portazo.

Los detectives estaban al cargo del caso de la desaparición de Brandon Harper, tal y como Steve había dicho. Les expliqué todo salvo lo que podía implicar a Steve y perjudicarle en su puesto de trabajo. Ellos tomaron nota y luego me recomendaron que fuese a casa a descansar, y que no me preocupara porque llegarían hasta el final del asunto. Me dio la sensación de que para ellos todo fue muy fácil y eso alimentó mi paranoia, pues empezaba a pensar que ese par estarían «untados» por la banda del pequeño Charles Smith y su perro Andy McKay.

Karen me había esperado en la puerta del hospital y volvimos a casa. Nos pasamos el viaje de vuelta sin dirigirnos la palabra y al final nos metimos a la cama con la intención de recuperar algo de sueño.

Tuve que agradecer las horas que me había quedado inconsciente porque me fue imposible pegar ojo.

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comentarios
  1. taniki dice:

    OOOHHH! realmente este zas no me lo esperaba! este muchacho no llega a ver a su bebe!

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