Capítulo 6: El Vagabundo Errante

Publicado: 14 marzo, 2014 en Némesis

Capítulo 6: El Vagabundo Errante

Me encontré con un arma apuntándome a la cabeza una vez recuperé la vista. El hombre que estaba frente a mí sostenía la pistola con una mano y de manera chulesca. Era alto, de piel blanca y cabello corto engominado. Lo que más destacaba de su vestimenta era la chupa de cuero gastado que llevaba, el resto no eran más que unos tejanos, una camiseta y unas botas. Apartadas unos metros y detrás de él, había como unas ocho o nueve personas más. Al principio pensé que había caído en manos de un grupo en particular, pero al analizar el resto me di cuenta de que más bien se habían reunido miembros de diversas bandas porque todos eran bastante distintos entre sí. A simple vista solo tres llevaban armas de fuego mientras que los demás mostraban abiertamente sus armas blancas.

-Delgaducho, no lo volveré a repetir –dijo el que me estaba apuntando.
-Eh, espera –levanté las manos para cooperar-. No sé de qué me estás hablando.
-Qué típico. ¿Quieres que te vuele la cabeza? ¿No ves que te estoy apuntando y tengo el dedo en el gatillo? -me dio un toque en la frente con el cañón de la pistola al formular la última pregunta.
-¿Tengo aspecto de ir robando droga por ahí?
-¡Las preguntas las hago yo y tú respondes, gilipollas! –bajó el arma hasta apuntar a mis piernas- Quizá si te vuelo una rodilla empiezas a hablar.

Me centré en él. Mi piel se endureció lentamente y sentí como mis músculos se fortalecieron. No sé cómo iba a salir de ahí con tanto matón pero como mínimo iba a intentar que no me mataran. Sentía miedo porque hasta ahora no había estado en una situación similar, y por muchas balas que hubiese aguantado, no sabía qué podía hacer el factor humano con tantos de ellos de por medio. Siempre había estado cara a cara y esto era un grupo muy numeroso para alguien tan solo como yo.

-Mira tío baja el arma y hablemos… ¿Vale? –dije mientras lo miraba fijamente a los ojos.
-¡No me estás escuchando! –gritó.

Escuchamos un ruido que provenía de la zona dónde estaban los últimos hombres. Fue como un par de sonidos secos y luego el mismo ruido que hace alguien cuando se desploma. Los que estaban más cerca se giraron y se pusieron alerta.

-¡Joder! ¡Joey ha desaparecido! –exclamó uno de ellos.

El de la chupa se giró y echó un vistazo, pero al ver que los otros ya estaban alerta se volvió a mí de nuevo.

-¡¿Has venido con alguien más?! ¡Habla o te…! –dijo tras volver a alzar el arma hasta apuntarme a la frente.

Vimos una figura moverse con rapidez entre las cajas. Salía de detrás de ellas pero se cobijaba tras otras de manera ágil. Exclamó algo hacia mi dirección desde la última en la que obtuvo cobijo.

-¡Le han tendido una trampa, señor Jack!

Eso los alertó aún más y el que me estaba encañonando giró un poco la cabeza para mirar de reojo hacia el lugar del que provino la voz. Entonces sin pensármelo dos veces le agarré la mano del arma y se la apreté con ímpetu. El resultado fue su grito de dolor y el ruido de sus huesecillos romperse contra el propio metal de la pistola.

-¡Mi mano! ¡Hijo de puta! –gritó a pleno pulmón mientras se retorcía en el suelo.
-La próxima vez apunta a tu puta madre –dije con rencor.

Golpeé su estómago con mi pie y un instante después me asaltaron tres matones, haciendo que los cuatro cayéramos al suelo. Nos levantamos casi a la vez y yo me centré en el más cercano, que llevaba un bate de béisbol. De nuevo sentía mi cuerpo cambiar y estaba muy nervioso por la situación ya que no sabía bien qué hacer.

El mismo del bate se abalanzó sobre mí y de manera instintiva puse el brazo en la trayectoria de su golpe. Su rostro de ira se convirtió en pánico cuando vio su arma partirse en dos al golpear mi antebrazo, tampoco iba a negar que hasta yo mismo me asusté. Entonces retrocedió unos pasos hasta darse la vuelta para salir corriendo. Los otros dos por otra parte, habían aprovechado para rodearme y decidieron atacar. El primero, cuchillo militar en mano, fue directo a mi estómago y con varios movimientos horizontales me cortó varias veces la camisa mientras torpemente yo intentaba esquivarle. Luego sentí un fuerte golpe en mi espalda cuando su compañero estampó una tubería de metal en mi cuerpo y me dejó de rodillas, cuando en circunstancias normales me hubiese tumbado.

-¡Dios! –exclamé al intentar no caerme.
-¡Ha torcido la tubería! –gritó uno al otro.

Alcé la cabeza y vi que el desconocido que me había avisado se estaba enfrentando al resto de ellos. No era momento para quedarme fascinado pero me fue imposible evitarlo. Sus movimientos eran fluidos, esquivaba y devolvía los golpes como algo natural en él. Me recordaba los actores de las películas que sabían artes marciales, solo que en esa ocasión no había ninguna coreografía preparada. Todo eso fue lo poco que pude apreciar por la falta de luz.

-¡La escopeta, coño! –escuché detrás de mí.

Me giré al oír las palabras y pude ver cómo se acercó otro de los hombres que antes no había elegido a por quién ir. Este portaba una escopeta y nada más aproximarse apuntó en mi dirección. Reaccioné muy rápido y me abalancé sobre el que llevaba el cuchillo, cayendo ambos al suelo por la embestida. Rodamos hacia un lado y el de la arma de fuego disparó con la fortuna de que me pude medio cubrir con el cuerpo de su compañero. Al ver que me había manchado de sangre y que ese con el que me había cubierto ni se movía tras el disparo recibido, corrí hasta la caja más próxima y me cubrí tras ella. Me miré a la barriga y palpé nervioso con ambas manos.

-La sangre no es mía… la sangre no es mía… -me repetí varias veces mientras me examinaba.

La madera saltó por los aires cuando me siguieron disparando. Era obvio que la caja no iba a aguantar, pero decidí salir tras haber comprobado que era capaz de aguantar la potencia de ese calibre y tenía la adrenalina por las nubes. El último disparo erró y la escopeta se quedó sin munición, entonces el portador maldijo y yo me tiré encima de él lleno de ira. Al desequilibrarlo su arma cayó al suelo y yo empecé a golpearle usando ambas manos, noqueándolo en el tercer golpe. Debido a que me había ensañado con él, el de la tubería se acercó y consiguió tumbarme tras golpearme en el pecho con toda su fuerza. Tumbado en el suelo no tenía mucho que hacer y él intentó volver a darme, pero detuve su arma con mis manos y hundí mis dedos en el metal debido a la fuerza que estaba haciendo para detenerle. Utilizando la propia tubería como apoyo, conseguí lanzar al hombre a varios metros de distancia y se golpeó violentamente con una de las grandes estanterías.

Me levanté arma blanca en mano y eché un vistazo en todas direcciones. Al parecer ya solo quedaba uno y estaba enfrascado con el desconocido. Este último se movía de caja en caja mientras su enemigo le disparaba con un revólver. Finalmente cuando estuvo pegado a él, lo desarmó con dos movimientos y luego lo noqueó con un golpe en la cara.

Por fin pude verle bien. Su rostro iba tapado con algo parecido a una bufanda y solo se le podían ver los ojos, ya que el resto de la cabeza estaba bajo una capucha. Llevaba una cazadora negra abierta encima de una sudadera del mismo color, también unos pantalones tejanos de color azul y acababa con unas botas militares oscuras. Todas las prendas parecían tener bastante uso. El encapuchado examinaba los caídos uno a uno como si buscara algo, se movía con calma, tranquilo, no parecía afectarle lo que había pasado o lo que veía. Era totalmente mi opuesto porque a mí me costaba respirar a causa de la tensión, y no había asimilado para nada lo que yo había hecho y lo que me habían hecho, que seguramente me pasaría factura. Mi cuerpo empezó a relajarse y mi piel se volvió frágil de nuevo, notando también que la tubería que llevaba en la mano pesaba más que cuando la cogí.

-¿Qué haces?

Se giró para mirarme y entonces aprecié que le caía algo de sangre de su ceja izquierda, cosa que no pude ver antes porque estaba de perfil.

-Tomarles el pulso, señor Jack –contestó.
-¿Hay alguno que…? –pregunté algo temeroso por si había muerto alguien.
-Me temo que el que ha utilizado para cubrirse de la escopeta recortada, estará muerto –dijo mientras examinaba a otro-. Pude detener al del bate de béisbol antes de que se marchara corriendo, después de que usted destrozara su arma –añadió tras girarse hacia mí de nuevo.
-Eh… ¿Lo siento? –dije sin saber bien si disculparme o qué- Iban a matarme.

No dijo nada más y pasó por delante de mí en dirección a una de las estanterías. Me di cuenta de que su inglés no era de aquí, ya que se expresaba de una manera más calmada parecida a la de los británicos, aunque no estaba del todo seguro de ello debido a su acento más parecido al de los latinos.

-Oye, espera un momento. ¿Quién eres?

Mi pregunta hizo que se detuviera en seco, dando media vuelta después y clavando su mirada en mí.

-En el transcurso de mi camino he sido nombrado de muchas maneras. Águila Oscura, Zorro de Fuego, Estrella Fugaz, Dragón Blanco, Puños de Jade, Puma Plateado… Tan solo son meros ejemplos. Pero no os preocupéis, señor Jack, podéis llamarme Vagabundo Errante, pues mi viaje de un lado a otro aún no ha acabado y estoy lejos de mi hogar.

Un silencio se hizo entre nosotros. Intentaba asimilar toda y cada una de sus palabras. Rebosaba misticismo, tranquilidad, y quizá hasta una especie de energía natural. Cualquiera se hubiese reído ante lo que dijo, pero fue su manera de expresarse la que evitó que eso pasara.

-«¿Qué coño eres?», quizá esa debería haber sido mi pregunta. ¿Eres un friki? ¿Has salido de un circo? ¿O de un psiquiátrico?

Me ignoró y se giró para volver a caminar hacia las estanterías. Una vez allí dirigió su mirada hacia el suelo, más concretamente al cuerpo del matón que le había roto la mano al principio de la pelea. Sin pensármelo dos veces me apresuré para ponerme a su lado.

-Eh, eh, espera. No era mi intención ofenderte antes, ¿vale? Has aparecido de la nada y le has pegado una paliza a esos desgraciados, espero que comprendas que no entiendo nada de lo que pasa. Además, dijiste que me habían tendido una trampa. Y no solo eso, porque te he visto lanzarte encima de un tío con un revólver y eso no es algo que haga alguien con dos dedos de frente.

Capté su atención de nuevo.

-Las respuestas siempre llegan a su debido momento, señor Jack. En cuanto a lo del revólver, simplemente sabía que ese modelo de arma tan solo dispone de cinco balas, así que conté los disparos que iba efectuando para salir al momento exacto en el que se quedara sin munición. Sin embargo lo que más me sorprende, es que habláis de mí como si yo fuese algo más fuera de lo normal que usted.
-¿A qué te refieres?
-Fijaos en vuestra ropa –dijo a la vez que señaló esta-. Ha quedado inservible y sin embargo son rasguños lo único que han logrado hacerle.

Se volvió hacia el cuerpo del suelo y con un pie le dio la vuelta. Mi sorpresa fue, ya que él parecía haberse dado cuenta, que el tipo de la mano rota estaba consciente y se había hecho el muerto. Puso una mano para intentar detenernos mientras nos miraba con miedo.

-No me hagáis nada… Por favor… No, no…

El encapuchado me miró como esperando algo. Entonces entendí que su idea era interrogar al hombre que teníamos delante.

-¿Por qué me habéis tendido una trampa? ¡Responde!
-Nos dijeron que tenías la droga.
-¡¿Quién?! ¡¿Quién os lo dijo?! –pregunté de nuevo, esta vez alzando la tubería de hierro de manera amenazante.
-¡Rumores! ¡Los rumores! ¡Y luego viniste, y…!

El vagabundo me hizo un gesto para que bajara el arma y el matón nos miró sin entender bien qué estaba pasando.

-¿Va a hablar? –le preguntó mi supuesto compañero.
-Estoy hablando. ¿No lo veis? En serio.
-Me refiero a si nos va a decir la verdad.
-Eh, no os estoy engañando…

El hombre emitió un enorme grito de dolor cuando Vagabundo le pisó la mano que yo le había roto.

-¡Hijo de la gran puta!
-¡Hable! –le ordenó el encapuchado.
-¡¿Pero qué cojones haces?! –pregunté bastante alterado- ¡¿Estás loco o qué?!
-¡Quítamelo de encima! ¡Vale, joder! ¡Hablaré!

Dejó de pisarle la mano y luego lo cogió por la pechera hasta levantarlo y ponerlo contra la viga metálica más cercana.

-¡El Irlandés, el Irlandés! ¡El Irlandés nos dijo que vendría un tío en busca de un desaparecido! ¡Nos ordenó que avisáramos a las putas y que nos ayudaran a traerlo hasta aquí en caso de que lo viesen!

Al oír sus palabras me vino una imagen a la mente, ni más ni menos que la del momento en el cual una de las prostitutas se puso a teclear con su móvil. Aquella los había avisado y juntas me habían enviado directamente aquí.

-¿Conocéis a ese «Irlandés»? –me preguntó Vagabundo, sacándome de mis pensamientos.
-No tengo ni idea de quién es –contesté.
-¿Quién es el Irlandés? –le preguntó
-¡Es de la Mafia!
-¿De la Mafia o del Crimen Organizado?
-¡Y yo que sé, joder! ¡Ya he hablado! ¡Suéltame!
-¿Cómo es?
-¡Pelirrojo! ¡Con algo de barba y una cicatriz en un lado de la cara!

El encapuchado estampó de nuevo al matón contra la viga, antes de proseguir con el interrogatorio.

-¿Qué sabéis del Dragón Negro?
-¡¿De qué hablas?!
-Un hombre procedente de China que ofrece servicios como mercenario. ¿Lo habéis visto por aquí?
-¡No sé! ¡Chinos hay en todos lados!
-¿Y acompaña al Irlandés algún hombre de esa nacionalidad?
-¡No! ¡Lo juro!

Saqué la foto de Brandon antes de que mi compañero hiciese algo.

-¿Has visto a este hombre por aquí? ¿Sabes algo de un secuestro?
-No sé quién es. Y no sé nada de ningún secuestro. Va, cabrones, ¡dejadme en paz!

El encapuchado abrió las manos y el hombre cayó de culo, acto seguido lo dejó inconsciente de una patada.

-La policía llegará pronto, será mejor que nos marchemos antes.
-Pero…
-Pensáis demasiado, señor Jack.
-Eh, vale, vale, joder –dije antes de agitar las manos-. Tengo el coche a unos treinta minutos a pie más o menos.
-Tardaremos menos de la mitad si vamos corriendo.
-¿Corriendo?

Se dirigió hasta la puerta del edificio y empezamos a correr tras haber echado un vistazo por si venía alguien. La lluvia caía con fuerza y nos empapamos con rapidez mientras escuchábamos varias sirenas de fondo. A mitad de camino lancé la tubería lejos, que con la tensión había casi olvidado que la llevaba encima.

Una vez llegados al coche y habiendo perdido totalmente la noción del tiempo, me empezaron a entrar nauseas. Acabé vomitando como cualquier borracho de la calle mientras me apoyaba en el lateral del vehículo. La cabeza me daba vueltas y no podía dejar de pensar en lo que había pasado en ese lugar, en lo que yo había hecho y en lo que había visto.

-Mierda… -maldije antes de toser.
-¿Os encontráis bien?
-Sí… Es que… Nunca había visto estas cosas tan de cerca…
-Entremos, rápido.

Abrí el coche y nos metimos dentro. Tras arrancar me di cuenta de que él se había sentado en los asientos traseros.

-¿Por qué te has sentado ahí?
-Si por algún motivo debo de salir, quisiera poder hacerlo por cualquiera de los dos lados.
-Piensas en todo…
-Es el instinto.

Estuvimos un rato en silencio. En uno de los semáforos en rojo aproveché para frotarme los ojos y me di cuenta de que estábamos saliendo de la zona. Me encontraba mejor y más calmado, así que decidí empezar la rueda de preguntas.

-Me gustaría que me respondieses a algunas preguntas, si no te importa.

Él llevaba bastante rato alerta, mirando a través de todos los cristales del vehículo hacia todas las direcciones que le alcanzaba la vista. Al oírme se fijó en mí, algo que pude apreciar por el retrovisor.

-Solo si después usted responde a las mías.
-Bien –dije a la vez que asentía con la cabeza- ¿Quién eres realmente?
-Sé que es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que si no muestro el rostro, es por algún motivo en concreto. Aunque no se preocupe, porque no nos hemos visto nunca hasta ahora. Pero por favor obviemos el tema personal.
-Está bien. ¿Cómo es que sabes como me llamo?
-Hace unos días vi la actuación que hizo en un callejón frente a un delincuente armado. Uno de los detectives que estaba allí pronunció vuestro nombre varias veces, el hombre de piel tostada.
-¿Viste lo que pasó?
-¿Se refiere a que le dispararon y salió ileso? En efecto. Les estaba observando desde una escalera de incendios. Estaba en ese lugar desde antes que usted llegara, y la policía llegó justo en el momento en el cual yo iba a actuar contra los delincuentes.
-¿Y entonces por qué me has ayudado si viste que salí ileso? ¿Y cómo sabías lo de la trampa?
-He estado en muchos países y he visto muchas cosas, señor Jack. Pero lo que jamás he visto es algo parecido a ese don que posee usted. Y como es algo que desconozco por completo, no podía arriesgarme a que esos hombres le mataran. A parte, si conseguíamos reducirles tendría una oportunidad para interrogar a alguno de ellos. Conocía lo de la trampa porque la noche anterior ya estaban dando el aviso a todas las prostitutas, así que me limité a rondar por la zona hasta dar con el momento indicado.
-Me asustaste cuando le pisaste la mano rota al matón para intimidarle. ¿No crees que te excediste?
-Usted pretendía utilizar una tubería contra un hombre que iba a dispararle a sangre fría. ¿Esperaba amedrentarlo de esa manera?
-Entiendo que querías interrogarle sobre ese «Dragón Negro», ¿no?
-En efecto.
-¿Y quién es?
-Un mercenario.

Saqué la foto de Brandon en el siguiente cruce que nos obligó a detenernos y se la pasé.

-¿Quién es ese hombre?
-Es el hombre que estoy buscando. Se llama Brandon Harper. ¿Lo conoces?
-No. Lo lamento.

Me devolvió la foto y luego se medio tumbó como para cobijarse un poco y no estar tan a la vista de los otros vehículos que pudiéramos encontrarnos.

-¿Qué pasa?
-Ya hemos salido de la zona y preferiría no llamar demasiado la atención –contestó.

Suspiré profundamente y él empezó su rueda de preguntas.

-¿Hay alguna explicación para su don, señor Jack?
-Es una larga historia que tiene que ver con un accidente y residuos químicos. Es largo de explicar… y difícil de entender.
-En otra ocasión. ¿Por qué le persiguen criminales?
-No lo sé. Quizá tenga algo que ver con el secuestro de Harper.
-¿A qué se dedicaba? ¿Podría haber tenido tratos con el tal Irlandés?
-Es un científico muy bueno según su jefe. Pero joder, no creo que ese hombre tuviese tratos con la Mafia.
-¿La Mafia o el Crimen Organizado?
-Le hiciste esa misma pregunta a aquel matón. Explícamelo.
-Prácticamente hacen lo mismo, pero en realidad son distintos. Llamar Mafia a cualquier institución organizada y criminal, es un mal hábito bastante extendido por el mundo, aunque aceptado. La Mafia en sí es de origen italiano y aunque la irlandesa también utiliza esa denominación, no tienen nada que ver con el Crimen Organizado tan variado que tenéis en vuestro país. Pasa lo mismo que con la Bratva Rusa, las Triadas chinas o los Yakuzas japoneses. Es importante conocer las diferencias ya que funcionan por territorios y eso mismo acota la zona en el caso de que haya que investigar.

Me quedé atónito ante la explicación.

-Llevo poco tiempo aquí como para saber el estado de las luchas de poder. Así que sí el tal Irlandés es originario de su país, quizá sea la Mafia Irlandesa la que esté metida en esto. O puede que únicamente sea otro sobrenombre más como están acostumbrados a ponerse los criminales que buscan fama entre sus semejantes.
-¿Cómo…? ¿Cómo sabes tanto?
-Es mi turno de preguntas, señor Jack. Volviendo al señor Brandon, ¿sabe si alguien de su familia o algún cercano se relacionaba con los que ya hemos citado anteriormente? Quizá sea un ajuste de cuentas.
-Solo conozco a su mujer, y a su jefe, que ambos han sido los que me han contratado para dar con él.
-¿Quiénes son?
-Su mujer Susan Lee, digo, Susan Harper. Y el jefe, que es un alemán llamado Karlheinz Ulrich. Pero… no tendría sentido que ellos que me han contratado, estuviesen implicados en el asunto, ¿no? Conozco a Susan desde que éramos críos y fue mi novia durante diez años y medio. Sé de lo que es y no es capaz.
-Usted mismo ha dicho que ya nada es descartable. Además, habéis dicho que su apellido de soltera es Lee. ¿Por casualidad es oriental?

Estaba empezando a ser algo molesto con sus preguntas. No sabía si el encapuchado quería saber demasiadas cosas para ayudarme o para apuñalarme por la espalda, al fin y al cabo era un desconocido para mí por mucho que me hubiese ayudado. Decidí buscar una calle poco transitada y detuve el coche.

-¿Qué es lo que quieres? –pregunté directo tras girarme hacia él- Me preocupan tus preguntas y la información que puedas obtener. Eres un desconocido para mí.
-Lo sé, señor Jack. Y le pido disculpas por las circunstancias. Pero creo que su problema y el mío podrían estar vinculados de alguna manera. Quizá podamos ayudarnos en esto.

Dudaba en si debía confiar en él o no, aunque ya le había dicho demasiadas cosas y una vez más había caído tarde en ello.

-Es una suposición un poco a la ligera. ¿No?
-Creo que hay un motivo por el cual nuestros caminos se han cruzado. Y es algo que me gustaría averiguar aunque debamos estar hasta altas horas de la noche investigando al respecto.

Me froté la cara pensando lo tarde que se habría hecho y luego caí en algo que había olvidado: el casting de Karen. Busqué el teléfono móvil en mis bolsillos y al sacarlo me di cuenta de que estaba roto debido seguramente a los golpes que había recibido.

-¡Mierda! ¡Joder! ¡Mierda! –exclamé sin cesar.

Vagabundo me miró fijamente como si de un animal se tratara, analizando mi repentino corte de la conversación. Me bajé del coche y me apoyé en la pared más cercana.

-Dios… Karen me va a matar…

Salió del coche y dio unos pasos en mi dirección.

-¿Qué ocurre?
-¿Qué hora es?
-La última vez que miré el reloj de vuestro coche vi que eran las diez y doce minutos.

Chasqueé la lengua y luego cogí aire.

-¿Me dejas tu teléfono móvil para hacer una llamada?

No respondió a mi pregunta y por primera vez vi una expresión en su rostro, que no hizo más que arquear una ceja.

-No llevo nada que pueda ayudar a que me rastreen. Los teléfonos móviles son controlados por satélite y a su país le gusta mucho el espionaje a personas ajenas.

Apoyé la cabeza en la pared.

-Maldito sea… -dije antes de apartar la cabeza y dirigirme de nuevo a Vagabundo- Tengo que irme.
-¿Y qué hay de nuestra conversación, señor Jack?
-Lo siento –me excusé mientras iba entrando al vehiculo-, pero tendrá que ser en otra ocasión y si sigo vivo. ¿No te importa que te deje aquí, verdad?

Negó con la cabeza sin emitir sonido alguno y yo arranqué el coche. Intenté volver lo más rápido posible pero el tráfico no jugó a mi favor. Estaba llegando muy tarde, tenía claro que la hora del casting había pasado. Me maldije a mí mismo varias veces, al caso que estaba llevando, a aquellos matones, y a mí mismo otra vez.

Dejé el coche mal aparcado frente a casa y la última vez que miré el reloj eran casi las doce. Con ello, no pude evitar que la lluvia me mojara de nuevo y desde fuera vi que las luces estaban encendidas. Eso significaba que la pelirroja no se había ido por su cuenta y yo ya iba pensando en la disculpa porque el tiempo se me agotaba.

Abrí la puerta despacio. Pude escuchar el sonido de la televisión del salón y por ello me dirigí directamente allí, dejando un feo rastro de agua y suciedad por el camino. Karen estaba sentada en el sofá, de espaldas a mí. Tenía un bol de leche con cereales en las manos y de vez en cuando iba comiendo con toda la tranquilidad del mundo. Me quedé plantado sin saber bien cómo empezar, pero al fina pude dirigirme a ella.

-Lo siento, cariño.
-No pasa nada, Jack –dijo sin girarse.
-No, en serio… He tenido un día de mierda, y…
-He dicho que no pasa nada, no te preocupes. He estado llamándote al teléfono durante una hora y no estabas disponible. Me he estado esperando aquí porque confiaba en que te acordarías de venir a buscarme a pesar de que no pudiese localizarte. Me he acordado de toda la familia de tu exnovia al ver que me era imposible llegar a tiempo al casting. Así que al final he asumido que seguiré siendo un maldito intento de actriz que no llega nada, y que no consigue salir del pozo de las modelos de lencería barata, expuesta en unos cuantos carteles por la ciudad.

No sabía qué más decirle, ni cómo intentar explicarle lo que había sucedido. Todo golpeaba mi cabeza como si fuese un tambor y me deprimía por dentro, tanto lo de ese momento como lo que había vivido escasas horas antes. Sin embargo, quería hacer todo lo posible para que todo no se fuese a la mierda.

-Karen, yo…
-No, déjalo –dijo a la vez que se levantaba pero aún dándome la espalda-. ¿Y sabes qué? Que si eres lo suficientemente adulto como para estar tirándotela, me lo podrías decir a la cara y…

Se giró antes de acabar la frase y automáticamente soltó el bol de cereales, cayendo este al suelo y rompiéndose en innumerables trozos con un sonido estridente. Llevó sus manos a la boca para contener el grito, y sus ojos se quedaron abiertos como platos.

Mi aspecto debía de ser terrible.

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comentarios
  1. taniki dice:

    si es que la droga es muy mala para la salud!!! Cada vez mas enganchada! En el próximo episodio queremos carnaca de la güena!! jejeje

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