Capítulo 5: Dirección equivocada

Publicado: 10 marzo, 2014 en Némesis

Capítulo 5: Dirección equivocada

Dormí como un tronco debido al agotamiento. Tanto, que ni siquiera fui consciente del momento en que Karen se metió en la cama. Por la mañana nos habíamos levantado casi a la vez y pronto nos pusimos con el desayuno. La pelirroja jugaba con un mechón de su pelo a la vez que observaba el ramo de flores mientras esperaba a que yo le sirviese el café.

-No me dio tiempo a decirte que las flores las envió Marcus –comenté mientras echaba café en un par de tazas.
-¿En serio? –preguntó tras mirarme, al oír mi voz- Vaya…
-Claro, yo no te engañaría -dije después de acercarle la taza llena.

Ella apartó la vista y luego suspiró largamente.

-Ay, este Marcus… -dijo en voz baja mientras se quedaba algo ensimismada.

Tomé un trago y luego esbocé una media sonrisa.

-Ayer noche me llamó Karl para decirme que su secretaria traerá la documentación que le pedí –dije.

Karen parpadeó y de nuevo dirigió su mirada hacia mí.

-¿Cuándo? –preguntó.
-Me dijo que a primera hora.
-Vale. Acuérdate que esta noche tengo el casting.
-Tranquila, dejé el coche fuera para que no se me olvide.

Ella apuró la taza y luego se acercó para darme un beso en la mejilla.

-Pinchas –dijo antes de encaminarse hacia el baño-. Voy a ducharme –se despidió con la mano.

Me froté el mentón y me di cuenta de que con tanto alboroto se me había pasado afeitarme. Pensé en dejarlo para cuando Karen saliese del baño y entonces me puse a recoger lo que habíamos utilizado para el desayuno. El timbre de la puerta sonó en el mismo instante en que acabé con la tarea, y supuse que debía de ser la secretaria de Karl. Enseguida me vi con toda la documentación en brazos, dividida en varias carpetas. La mujer se marchó rápidamente después de hacer la entrega, alegando que tenía mucho trabajo que hacer.

Distribuí toda la información encima de la mesa del comedor y comencé a analizarla con detenimiento. Resoplé al recordar lo mal que se me daban las matemáticas y las estadísticas cuando iba al instituto, aunque pude agradecer que la secretaria había hecho un buen trabajo y se había molestado en escribir varias explicaciones. Daba vueltas y más vueltas a todas los folios y no encontraba lo que buscaba. Creía que podía encontrar motivos para que alguna de las empresas competidoras se fijara como objetivo a Lance Chemicals, pero la cosa no era así. Los documentos que tenía delante indicaban más bien lo contrario, y no es que la empresa de Karl fuese mal, pero sí era cierto que no era la mejor en el campo actual. Llegado a ese punto me planteaba cambiar la dirección, ya que solo tenía dos cosas en mente: O bien aquello en lo que estaba trabajando Brandon Harper era algo muy importante y revolucionario, o bien el científico había sido secuestrado por gente metida en el circulo de la droga y lo querían obligar a trabajar para ellos. No sería el primero ni el último caso en el que alguien con sus conocimientos había sido explotado para la manufacturación de drogas de diseño, y más tarde hacer desaparecer su cuerpo. Otra posibilidad que había contemplado era que el hombre se había marchado con otra mujer y dejado a Susan para siempre, pero eso solía ser más lógico cuando el prófugo vaciaba todo lo que podía de la cuenta corriente en el proceso, y con ello daba la posibilidad de encontrarlo más fácilmente.

Al final acabé sentado en el sofá. Gracias al reloj de pared me di cuenta de que había estado algo más de una hora sumergido entre los papeles, así que apoyé la cabeza en el respaldo y cerré los ojos para descansar un poco como ejercicio de reflexión.

-¿No ha habido suerte? –preguntó Karen tras aparecer por el pasillo.

Abrí los ojos para verla. La pelirroja se había puesto un vestido ceñido que le llegaba casi a las rodillas, e incluso tacones. También llevaba unos bonitos pendientes de diamantes a conjunto con una colgante igual. No cabía duda de que se había arreglado, y por ello estaba irresistible.

-Igual no estoy buscando dónde debo –respondí.

Sus tacones resonaron hasta que llegó a mi lado. Con cuidado cogió algunas hojas que se me habían olvidado en el sofá y las ojeó tras sentarse. Al cabo de unos segundos las ordenó y las alejó de nosotros.

-¿Y si no estás buscando en el lugar indicado? –preguntó ella.
-Karen, a esa conclusión he llegado yo solo.
-No me refiero a eso.
-¿Entonces?

Tras ponerse de pie y subirse un poco el vestido, pasó una de las piernas por encima de mis rodillas y luego se puso a horcajadas sobre mis muslos. Me sorprendió un poco lo que hizo pero me empecé a hacer una idea del camino que iba a tomar la situación.

-He pensado que podemos salir a comer… -posó una mano en mi abdomen mientras susurraba a mi oído- Y luego podríamos jugar a los interrogatorios… ¿Qué me dices?
-Yo… -tragué saliva- Quizá no…

Tenía que admitir que estaba haciendo todos mis esfuerzos para sobreponerme al momento. Nadie en su sano juicio rechazaría a la mujer que tenía delante, pero yo sí tenía que hacerlo porque en caso contrario ella descubriría el morado que me hizo la bala que me había impactado dos noches atrás.

-¿Quizá no? –preguntó ella tras apartarse un poco y mirarme bien, alzando una ceja- ¿Qué dices?
-En otro momento Karen, ahora tengo mucho trabajo y…
-Tienes… mucho… trabajo. Entiendo… -asintió ella lentamente con la cabeza-

Entonces suspiró y luego posó ambas manos en mi pecho, acto que me provocó dolor y que fallé al intentar amagarlo. Ella se extrañó ante mi gesto y entonces me di cuenta que ya me iba a ser imposible ocultar nada. Sin pensárselo dos veces me levantó la camiseta y entonces vio el cardenal.

-¿Qué es esto, Jack? –preguntó seria.
-Tuve un problema la noche que vi a Steve.
-No, Jack. ¿Qué es esto? –señaló la zona.
-Me dispararon.

Karen se levantó de repente y me dio la espalda. Se llevó una mano a la cara y entonces yo me alcé con la intención de abrazarla por detrás. Sin embargo me fue imposible porque ella misma puso un brazo de por medio para alejarme un poco.

-Escúchame cariño, no pasa nada –dije en voz baja-. Estoy bien. ¿No lo ves?

Entonces se giró y su rostro mostraba enfado, acompañado de una lágrima que recorrió su mejilla hasta el final de la cara.

-Sabía que te había pasado algo –dijo-. Lo sabía y por eso no te pregunté por la rascada que tienes en la frente.
-Pero estoy bien, en serio.
-¿En qué estaba metido el tío ese al que buscas para que te disparen? –preguntó algo alterada.
-No. Verás…
-Si te van a disparar más no quiero que sigas en ello.
-Debo cumplir con mi trabajo. Y no fue por…
-Tu trabajo no implica que te juegues la vida.
-¿Quieres escucharme? No tuvo nada que ver con el caso. Fui a ver a Steve y perseguí a un delincuente hasta un callejón. La cosa empeoró y me disparó varias veces.
-Ah, qué bien… ¿También haces el trabajo de la policía?
-Karen, estás sacando las cosas de quicio…
-¡Te dispararon, Jack! ¡Te dispararon! ¿Y me dices que estoy sacando las cosas de quicio?
-¡Pero si ya sabes que no pueden hacerme nada!

Se hizo el silencio tras mi grito. Ambos nos miramos y de sus ojos brotaron nuevas lágrimas. Luego se pasó la mano por la cara para quitárselas y se encaró hacia el pasillo.

-Espera –dije tras cogerla del brazo-. Perdóname, debí habértelo dicho. Vayamos a comer y…
-No, Jack –dijo tras coger aire para mantener la compostura-. Tengo cosas que hacer.

Ella avanzó unos pasos y dijo algo antes de desaparecer por el pasillo.

-Acuérdate de pasarme a buscar esta noche.

Escuché cómo la puerta principal se abrió para luego cerrarse tras la salida de ella. Entonces agarré varios papeles y lleno de rabia los tiré lejos. Mi momento para intentar relajarme fue interrumpido por una llamada al teléfono móvil, que según la pantalla decía que era de Steve.

-Dime –dije tras descolgar y empezar a caminar hacia la entrada.
-Eh, hermano.
-¿Qué pasa Steve?
-Tengo un hueco libre para la hora de comer y he pensado que podríamos quedar. Marcus también puede quedar y me ha dicho que se unirá. ¿Tenías algún plan?

Observé la puerta con detenimiento y luego suspiré.

-El supuesto plan que tenía, se ha ido a la mierda –dije como respuesta.
-¿Entonces? ¿Te va bien que nos veamos en el «Alain»?
-Comida francesa… Déjame adivinar, ¿ha elegido él?
-Está claro. Además le tocará pagar porque es carísimo.
-Nos veremos allí a mediodía, entonces.

Me vestí tras una ducha rápida y luego salí de casa. Esta vez llovía lo suficiente como para ser molesto y por ello cogí un paraguas. Como aún faltaban unas horas para mediodía, decidí ir a hacer una visita a Susan con la idea de preguntarle más y de paso averiguar si había alguna noticia del paradero de Brandon. Esta vez fui con mi coche y una vez más pude escuchar por la radio como anunciaban más lluvia.

Mis nudillos golpearon una vez más la puerta de la casa de Susan. Ella no tardó mucho en abrir y se sorprendió un poco al verme.

-Hola Jack. Pasa antes de que cojas una pulmonía, por favor.
-Hola Susan. Gracias –asentí.

Una vez dentro me di cuenta de que ella llevaba cogido varios pañuelos de papel en una mano, y entonces dirigí mi mirada a su rostro para terminar de percatarme de que había estado llorando.

-Siento que tengas que verme así -se excusó.
-No tienes nada de qué disculparte, tranquila.
-¿Traes noticias?

Nuestros pasos nos llevaron hasta el salón dónde hablé con ella y Karl la primera vez que nos vimos los tres. La única diferencia, era que había un poco de desorden en la habitación y parecía ser el lugar más usado de la casa en los últimos días.

-No tengo nada de momento. Y en realidad venía a preguntarte por si tú tenías algo.

Susan agachó la cabeza levemente como señal de decepción, pero pronto la alzó para mirarme con firmeza.

-Te hubiese llamado. He preguntado por todo el vecindario más de una vez, pero nada. Ni mostrando la foto, ni sin ella. Da igual si es por el día, o incluso por la noche. Nadie lo ha visto.
-¿Has mirado la cuenta corriente por si hay algún extracto del que no tengas constancia?
-Ayer miré las dos cuentas que tenemos y no vi nada raro.
-Ya sé que te lo pregunté la otra vez, pero… ¿te suena que Brandon hablara contigo alguna vez del trabajo que estaba llevando a cabo últimamente?
-No Jack –negó con la cabeza-, lo siento.

Avancé hasta la mesita que había frente a los sillones y cogí la jarra de agua.

-¿Puedo? –le mostré la jarra.
-Espera, te traeré un vaso.
-No importa, cojo este –tomé el suyo y empecé a llenarlo.

Ella asintió sin decir ni una palabra y después me bebí el vaso de agua de un trago.

-¿Qué crees que le habrá pasado? –preguntó directa- ¿Alguna vez te habías encontrado con algún caso similar?
-Dos veces. En la primera el hombre volvió a casa después de tres días, lo encontraron tan borracho que no supo ni volver. Y en la segunda, simplemente el hombre se marchó con otra mujer tras vaciar la cuenta corriente.
-Por el amor de dios… -se llevó las manos a la boca y luego las retiró- ¿Tú crees que se habrá ido con otra?
-No lo sé. Puede que se haya ido con otra, puede que haya sufrido un accidente y nadie lo haya encontrado, puede que lo hayan atracado sin más y ocultado su cuerpo, puede que haya sido secuestrado por alguien que quiera sacar provecho de sus conocimientos… Podría enumerar una lista muy larga.

Seguramente en ese día yo había ganado el premio al hombre más insensible de la ciudad. Primero con Karen y en aquel momento con Susan, que se echó a llorar irremediablemente tras mis palabras.

-Lo siento, yo no quería… -intenté excusarme.

Justo cuando iba a moverme para darle un abrazo con la intención de consolarla, ella se tiró encima mío para abrazarme con fuerza.

-Jack, no puedo con esto… -comenzó a decir entre sollozos- Mis padres están visitando a mis abuelos en China, y las pocas amigas que tengo siempre están ocupadas. Me siento tan sola…

No supe bien qué fue lo que me impulsó a decir las siguientes palabras. Pero sentía una mezcla extraña entre nostalgia, deber, honor, y quizá hasta ganas de parecer un héroe de película.

-Te prometo que lo encontraré.

Entonces ella se apartó y luego se secó las lagrimas.

-Gracias. Estoy segura que no me equivoqué al contar contigo.

Un silencio se hizo entre nosotros hasta que me di cuenta de que si no salía de allí, llegaría tarde a la cita con Marcus y Steve.

-Oye, tengo que irme –señalé con el pulgar dirección a la puerta principal-. Si surge alguna novedad, avísame.
-Sí, claro. Hasta pronto.

Se me hizo largo el camino hasta el restaurante debido al tráfico en hora punta. Con la radio apagada, el tintineo de las gotas de lluvia en el techo me servía como melodía para relajarme.

Me abordó uno de los camareros nada más entrar en el restaurante para preguntarme si tenía reserva, al decirle que había quedado con Steve López y Marcus Foreman el hombre me acompañó hasta una de las mesas en la zona privada. Allí me encontré al abogado que con una mano sostenía la carta y de paso la ojeaba, mientras que con la otra sostenía una pipa de fumar. Al verme llegar alzó el mentón y me siguió con la mirada. Esta vez y como era obvio, en vez de llevar un batín, mi amigo vestía con uno de sus trajes de diseñador y que le iba como anillo al dedo.

-Llegas tarde –dijo.
-El tráfico –tomé asiento.
-¿Qué tal?

Resoplé sonoramente antes de contestar.

-No sabría por dónde empezar.
-¿Y eso?

Nos interrumpió la llegada de Steve. Este parecía algo acalorado y antes de sentarse se desató un poco la corbata y a la vez desabrochó el botón más alto de la camisa.

-Llegas más tarde que Jack –le dijo Marcus, antes de fumar de la pipa.
-Trata tú de convencer a mi hija mayor de que aún es pequeña para tener su propio teléfono móvil cuando el resto de sus amigas ya lo tienen –dijo Steve tras pasarse la mano por la cara.
-No haber tenido descendencia –dijo Marcus tras echar algo de humo y sonreír.
-Ya estamos otra vez.
-¿Me he equivocado? Mira lo bien que me va a mí estando solo.
-¿Ah sí? Pues dime tú quién cuidará de ti cuando seas mayor, porque Harris no va a vivir eternamente para hacerte de niñera.
-Me costearé a la actriz más cara de Hollywood para que me haga de sirvienta.
-Y eso sería lo único que podrías hacer, porque ya hemos pasado de los treinta y cinco y cada vez vamos a peor. ¿Y sabes una cosa, Marcus? Como policía puedo decirte que las pistolas viejas acaban siendo cambiadas por nuevas cuando estas dejan de funcionar como deben… -terminó la frase Steve mientras que con un dedo simulaba una caída.
-¿Eso lo sabes con certeza porque ya tienes problemas en la cama con Andrea, amigo mío? –le preguntó el abogado mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
-Mi mujer y yo gozamos de una buena vida sexual –señaló a su rival de discusión con energía-, ¿qué te crees?
-Oye, cómprale un maldito teléfono móvil a tu hija y te ahorrarás problemas. ¿No ves que la guerra la perdiste en el momento que llegaste a tener tres mujeres en casa?

Aunque sabía que discutían en broma como siempre, si no los detenía tenía la certeza de que podían estar así durante horas. Decidí interrumpirles justo cuando Steve iba a pronunciarse para seguir defendiendo su posición.

-Tíos, ya basta.

Los dos me miraron y Marcus separó la pipa de su boca.

-¿Qué pasa, Jack? –preguntó Steve algo preocupado.
-Nada. ¿Podemos dejar vuestra conversación para después?

Entonces se miraron e intercambiaron algún gesto de comprensión. Yo emití un profundo suspiro.

-¿Qué tienes? –pregunté primero a Steve.
-Poca cosa –negó con la cabeza-. En lo que respecta a problemas con la ley, el señor Harper ha tenido pocos. De joven lo denunciaron una vez por una pelea e incluso tuvo un juicio civil que no acabó en nada catastrófico. También tiene unas cinco multas por exceso de velocidad, que no tardó más de una semana en pagar. He intentado dar con los agentes que llevan el caso de su desaparición pero no he tenido suerte, así que seguiré buscando.
-Si la pelea no fue con alguien importante, por así decirlo, creo que no debemos tenerlo en cuenta.
-Opino lo mismo, hermano.
-Gracias –asentí-. ¿Marcus? –pregunté tras girarme hacia el abogado.
-Me ha costado encontrar algo en tan poco tiempo porque mis contactos son de aquí y él es de Alemania. Pero mira, resulta que Lance Chemicals salió a bolsa poco tiempo después de que yo acabara con todos los trámites de tu indemnización. Al parecer –repiqueteó con los dedos en la mesa-, no tuvo comprador hasta pasados unos tres años. Karlheinz Ulrich salió de la nada diciendo que había obtenido una suculenta herencia y decidió emprender en nuestro país.
-¿Y qué hay del antiguo dueño?
-Scott Lance se marchó con su familia a Miami, y su rastro como empresario acabó ahí. Apostaría a que reunió todo su dinero y decidió «vivir la vida» con su mujer e hijos, que es lo mismo que yo hubiese hecho en su situación.
-Estuve ojeando una documentación sobre la situación actual de la empresa y no destacaba demasiado.

Marcus se encogió de hombros y luego pegó otra calada sin nada más que decir tras mi frase.

-¿Qué piensas hacer? –tomó la palabra Steve.
-Creo que cuando anochezca iré a la parte baja de la ciudad.
-No creo que eso sea una buena idea, Jack.
-Si busco bien encontraré algo, estoy seguro.
-No hagas ninguna tontería porque lo único que vas a conseguir es preocupar a Karen –dijo Marcus-. Ese tal Harper lleva mucho tiempo desaparecido y ya no deben quedar ni sus restos.
-Creo que simplemente no estoy buscando en el lugar indicado.
-¿Pero a qué viene esa obsesión, hermano? –preguntó Steve algo extrañado.
-Mirad –dije tras tocar dos veces en la mesa con el dedo índice-, le he prometido a Susan que encontraría a su marido y no pienso tirar la toalla.
-¿Has hecho qué? –preguntó Marcus antes de apoyar la pipa en la mesa.
-Ella y Karl me van a pagar, tengo que seguir con mi trabajo y resolver esto.
-No creo que sea por el dinero –opinó Steve-. Tienes mucho y no eres de gastar.
-No nos hemos reunido para cuestionar estas cosas, ¿vale? –terminé diciendo mientras dirigía una mirada a cada uno por separado.

Mis amigos se miraron el uno al otro y luego recuperaron la pose justo antes de que volviese a tomar palabra.

-Necesito que confiéis en mí y puede que necesite de vosotros otra vez.
-Lo que sea, hermano –dijo Steve con firmeza.
-Sin duda, Jack –le acompañó Marcus-. Los tres siempre hemos estado unidos desde el instituto, y nada podrá separarnos si las mujeres no lo han hecho ya.

Sonreí ante el comentario del abogado y el detective alzó un pulgar como señal de aprobamiento. El resto de la conversación se llevó al plano trivial mientras comíamos y en menos de dos horas ya nos estábamos despidiendo. Marcus nos dejó primero porque tenía unos asuntos que atender en su despacho y Steve y yo caminamos juntos hasta el aparcamiento más cercano dónde habíamos dejado nuestros respectivos coches. Había parado de llover pero las nubes grises que poblaban el cielo indicaban que pronto volvería a caer agua.

-¿De verdad vas a ir allí? –me preguntó Steve tras detenernos al lado de su coche.
-Sí, claro –asentí varias veces sin dudarlo.
-Las patrullas dicen que las bandas llevan unos días algo alborotadas. Comentaron algo sobre problemas con las drogas.
-Como si eso fuese algo raro… -dije acompañado de un gesto de la mano para quitar importancia.
-No, en serio, ten cuidado. Y llámame si hay algo.

Le dediqué una sonrisa y luego nos dimos un abrazo rápido de despedida. Al poco rato ya me encontraba conduciendo hasta mi siguiente objetivo con un plan poco elaborado en la cabeza. No era la primera vez que había estado investigando por esa zona, pero sí era cierto que no era lo habitual en mí. El barrio más peligroso de toda la ciudad no era lugar para pasear y menos para ir haciendo preguntas como un policía.

Como aún seguía sin llover me permití dejar el paraguas en el coche para no tener que cargar con él. La luz del día empezó a menguar y calculé que si me daba prisa podría volver sin problemas a casa para poder acercar a Karen al casting. Me moví como un transeúnte más por las calles mientras buscaba algo o alguien que pudiese ayudarme. Al cabo de un rato y ya entrada la noche, un par de prostitutas me detuvieron y pensé que podría sacar partido a la situación y hacerles algunas preguntas. Una de ellas era alta y las facciones de su cara eran bastante cuadradas como las de un hombre. También llevaba los labios exageradamente pintados de color negro que conjuntaban con su cabello del mismo tono. La única ropa que llevaba era un top muy ajustado y una minifalda, también unas botas altas con mucho tacón, todos prendas de color blanco. Se cubría la mayor parte de su cuerpo con un sucio abrigo de piel de conejo. Su compañera por otra parte, era rubia teñida y que más que conjuntar hacía contraste con el color oscuro de su piel. La pobre estaba bastante delgada y aunque también llevaba el mismo tipo de prendas que la otra, la parte de arriba era de color rosa fucsia y el resto de color negro.

-¿Te has perdido, guapo? –preguntó la alta con un tono de voz grave.

Las mujeres se pegaron mucho a mí. Tanto, que tuve que apartarlas un poco con cuidado de no parecer desagradable o buscarme algún problema con el proxeneta que seguramente nos estaría vigilando.

-La verdad es que no, chicas.
-Va, no seas tímido… -dijo la otra.
-Mirad, quizá podéis ayudarme con algo. ¿Os interesa?
-Depende del idioma en que estemos hablando.
-Estamos hablando… -comencé a decir mientras sacaba un billete del bolsillo- del idioma que utilizaría nuestro querido amigo Franklin…

Se miraron la una a la otra y después la rubia intentó coger el billete. Claro que, como yo ya sabía lo que iba a ocurrir fui más rápido y lo aparté antes de que ella pudiese ponerle la mano encima.

-¿Quieres jugar? –preguntó ella antes de morderse el labio.
-No. Quiero algunas respuestas.
-Espera, ¿eres poli?
-De ningún modo. Aunque eso da igual porque seguro que más de una vez habéis tratado con policías.
-O sea, que lo eres.
-Ya he dicho que no.

La morena empezó a hacer tirabuzones con un mechón de su pelo mientras observaba detenidamente mis movimientos. Al mismo tiempo saqué la foto de Brandon y se la mostré a las dos.

-Veréis… resulta que mi amigo es de los que le gustan los buenos servicios. ¿Lo habéis visto por aquí? Le encanta emborracharse y me preocuparía que no sepa volver a casa.

Dieron un vistazo a la foto y ambas pusieron cara de no haberle visto nunca, o al menos fue lo que me pareció.

-No me suena.
-A mí tampoco.
-Bueno, entonces Franklin volverá a mi bolsillo… -dije con tono despreocupado mientras guardaba la foto y el billete.
-¡No, espera! –exclamó la rubia.
-O me decís algo interesante o buscaré a otras que puedan ayudarme.
-¿Y qué es para ti algo interesante? –preguntó la otra.
-Si no sabéis nada sobre mi amigo, decidme… ¿De qué van los rumores sobre las bandas?
-Ayer me tiré a un cliente que estaba enfadado porque no le habían pasado su blanca. Nosotras no nos metemos pero sí nos relacionamos con gente que lo hace.
-¿Y bien?
-Lo escuché hablar por teléfono con alguien y comentó que hoy se van a reunir en el viejo almacén de Cheban Boats para hablar de eso.
-¿Dónde está ese sitio?
-Mira, si sigues recto –se giró para poder señalar al horizonte-, más o menos llegarás en unos quince minutos. Te chocarás con él porque es el edificio que corta la calle.

Al acabar la frase, la otra sacó su teléfono móvil y empezó a teclear. Luego miró al horizonte, después a su compañera, y finalmente a mí. Entonces extendí el brazo y les entregué el billete.

-Gracias. Id a un bonito restaurante y descansad por una noche –me despedí.

Se puso a llover y en menos de quince minutos llegué al final de la vía. El almacén se encontraba frente a mí y la puerta estaba abierta. El edificio tenía unos cuatro pisos de altura y se notaba que llevaba años abandonado. No había ninguna luz, por lo que supuse que si realmente iba a haber una reunión la gente aún no había llegado y eso me daría la oportunidad de esconderme dentro. Desde la puerta eché un vistazo al interior y no me pareció ver a nadie. Me adentré con cautela y pude ver que aún había cajas rotas y en mal estado por el paso del tiempo, que obviamente estaban saqueadas. Las enormes estanterías de metal aún estaban atornilladas al suelo y en su gran mayoría habían sido presas del óxido, que era lógico porque en muchas zonas el agua de lluvia entraba sin problemas.

Escuché como la puerta se cerró de golpe justo cuando estaba llegando a la mitad del edificio. Luego oí una especie de ruido parecido al que hacen los motores al arrancar, e instantes después algunos de los focos del techo se encendieron para iluminar pobremente el lugar. Tuve que taparme los ojos para evitar que el cambio de luz me cegara ya que mi visión se había acostumbrado a la oscuridad. Discerní vagamente como varias siluetas salían de sus escondites y se iban acercando hacia mí. Uno de ellos se adelantó más que el resto y habló antes de que yo me quitara la mano de los ojos.

-Será mejor que nos digas dónde está nuestra droga antes de que te arranquemos las tripas.

Había tentado demasiado a la suerte.

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comentarios
  1. taniki dice:

    jajajaja sí! no se debe tentar a la suerte en barrios con problemas de drogas! desando saber que clase de paliza les pegará (Jack al resto claro…)

    • Josephe dice:

      Va de listo, “el jackie”. Le avisó su colega Steve, pero como no escucha. Aunque es inmune a las balas, no? pues no me preocuparia porque le quieran currar media docena de malotes, o sí? jeje 😉

  2. J. M. Lobo dice:

    Dentro de poco lo averiguaremos… 😛

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