Capítulo 4: Marcus

Publicado: 24 febrero, 2014 en Némesis

Capítulo 4: Marcus

No había conseguido dormir mucho. Al poco de conciliar el sueño, ya escuché cómo Karen se levantó y luego se puso a hacer sus cosas. La pobre prefirió no molestarme, por lo que supuse que se hizo a la idea de que yo había llegado muy tarde. Pasado un buen rato, vino a darme un beso de despedida en la frente y luego ya oí que salió de casa. Fue entonces cuando decidí levantarme al ver que había evitado tener que explicarle lo que pasó, y de esa forma no preocuparla.

Me fui a la cocina tras pegarme una ducha con la intención de desayunar algo. Encima de la mesa encontré una nota escrita por la pelirroja, y decía: «Me voy al gimnasio. Dormilón». Debajo de la última palabra ella había dibujado un smiley que sacaba la lengua, y me sorprendió un poco la nota, más que nada porque había visto su bolsa de hacer deporte al lado del armario. Decidí no darle mucha importancia y me bebí un vaso de zumo, acompañado de un par de tostadas con crema de cacahuete. Me puse una camisa nueva y me deshice de la que tenía el agujero para que Karen no pudiese verla.

Seguía haciendo un tiempo horrible. En aquel momento aún no llovía pero estaba tan nublado que toda la ciudad parecía estar teñida de gris. Decidí ir a hacer una visita a Marcus aprovechando que era pronto, y con suerte podría encontrarlo en su apartamento antes de que se marchara a su despacho. Esa vez cogí el metro, pero no pude oír las noticias debido a que unos adolescentes que estaban a mi lado tenían música por el altavoz del móvil a un volumen desorbitado.

Mi amigo vivía en uno de los edificios más altos y caros de toda la ciudad, dejando claro su posición como abogado. En recepción, el portero avisó a Marcus de mi visita y pronto estaba metido en el ascensor. En algo más de un minuto y tras el «ding», la puerta del ascensor se abrió y me encontré de frente con una chica. Esta parecía inmersa en sus pensamientos y se sorprendió al verme, como si no me esperara. Su pelo era castaño y lo llevaba recogido de manera apresurada, algo que chocaba bastante con el vestido de noche y los tacones que llevaba puestos. A simple vista me pareció bastante guapa y más o menos me figuré que debía tener poco más de veinte años.

-Perdón –se excusó-, no sé si usted sube o baja…
-No, no. Tranquila… -dije sin prestarle mucha más atención- Me bajo aquí.

La chica asintió, y luego agachó levemente la cabeza como si buscara algo en su bolso. Entonces salí del ascensor y ella se metió rápidamente, para darme la espalda una vez dentro. Esperé a que la puerta se cerrara y luego me dirigí hasta la puerta del apartamento de Marcus. El mayordomo no tardó en abrir la puerta al poco de oír mis nudillos en ella.

-Buenos días señor Tacker –saludó.
-Buenos días Harris –hice lo propio.
-El señor Foreman le espera dentro –dijo antes de dejarme paso para entrar.
-Gracias.

Pasé hacia dentro y él cerró la puerta de manera delicada. Harris era el típico mayordomo que aparecía en los anuncios de la televisión, un hombre cercano a los sesenta, medio calvo, y de rasgos más bien delgados.

-Tome asiento, por favor –dijo acompañado de un gesto amable con la mano-. ¿Desea tomar algo?
-Sí. Agradecería una taza hasta arriba de café.
-¿Problemas con el sueño, señor?
-Más o menos…
-Enseguida se la traigo –dijo antes de asentir.

El mayordomo se marchó por uno de los pasillos y yo me adentré en el salón. A mi amigo le encantaban las cristaleras, y era algo que quedaba patente en el mismo momento en que uno pisaba el salón y se podía ver cualquier rincón de la ciudad a través de las transparentes paredes. Tenía un montón de cosas que la gente con dinero posee para hacer ver a los demás su nivel de vida, incluyendo cuadros, replicas importantes y caros adornos. Sus muebles de diseñador estaban hechos tal y como quería, aunque eran más bien pocos debido al estilo moderno y minimalista que a él le gustaba. Se escuchaba música clásica de fondo por los altavoces ocultos y distribuidos por el apartamento.

-Jack –dijo Marcus al aparecer por otro de los pasillos.
-Hola Marcus.

Nos estrechamos la mano con fuerza, como siempre. Me mostró su dentadura perfecta al dedicarme una media sonrisa. Su cabello castaño y entrado en canas, que ahora ya se podía decir que combinaba bien con sus ojos claros al igual que su piel, estaba perfectamente peinado incluso a sabiendas de que seguramente se había levantado hace poco. Iba vestido con un pijama de invierno y un batín de terciopelo, ambas prendas también de diseñador y de un altísimo coste. A pesar de que ya empezábamos a tener una edad, Steve y yo aún teníamos que admitir que Marcus era el más atractivo de los tres. Aunque más bien eran las mujeres las que lo decían.

-¿Qué tal estás? ¿Le has pedido a Harris algo para tomar? –preguntó.
-Bien. Sí, tranquilo, le pedí una taza de café –respondí a las dos preguntas.
-Te va a encantar –dijo mientras me señalaba con el dedo-. Este café que vas a probar me lo han traído directamente de Indonesia -caminó hasta el sofá más cercano-. Se llama Kopi Luwak y es el más caro y bueno del mundo.

Observé a mi amigo y no hice ningún comentario al respecto porque no tenía ni idea, pero sí le dediqué una sonrisa como agradecimiento. Harris llegó en ese momento y consigo trajo una bandeja que sostenía perfectamente con su mano derecha. Marcus tomó una de las dos tazas que había encima, y acto seguido el mayordomo me acercó la mía para que yo pudiese cogerla. Después, el abogado y yo tomamos asiento mientras su sirviente esperaba paciente de pie, mirando a la nada.

-¿Y Karen? –preguntó Marcus tras beber un sorbo.
-Bien. Aunque, últimamente no tiene mucha suerte con los castings, la verdad –dije a modo de repuesta.
-Ya veo. Me sabe mal por ella, pero ya sabes mi opinión al respecto.
-Marcus, no he venido a hablar de Karen, así que dejemos esa conversación para otro momento.
-Vale, vale.
-¿Acaso quieres que hablemos de la chica con la que me he dado de bruces al intentar salir del ascensor? –pregunté mientras alzaba las cejas- ¿Qué ha sido esta vez?
-Un caballero no habla de esas cosas –dijo mientras miraba detenidamente su taza, evitando responder.
-Otra universitaria que necesita clases de refuerzo, ¿me equivoco?

Él se encogió de hombros y prefirió no responder.

-Pues te echará las culpas por el constipado que va a coger al ir tan ligera de ropa –dije mientras lo señalaba acusador, aunque se me escapaba una sonrisa.
-No me preocupa –hizo un gesto con la mano para quitar importancia-, mi chófer le dejará un abrigo. El suyo sin ir más lejos, si es necesario.

Negué con la cabeza, aunque no pude evitar sonreír.

-En fin –suspiré antes de continuar-. Estoy metido en un caso.
-¿Quién ha perdido el perro esta vez? –preguntó sin poder evitar sonreír.
-No, no –levanté levemente la mano para que me prestara más atención-. Es algo más complicado. ¿Recuerdas a Susan?
-¿Susan Lee? ¿Tu Susan? –preguntó muy extrañado.

Me rasqué las sienes al oír la misma pregunta que me hizo Steve la noche anterior.

-Sí… -respondí con pesar- «Mi Susan».
-Espera, espera…

Marcus se levantó y dejó la taza en la bandeja tras pegar un buen trago. Luego se puso bien el batín y carraspeó al final.

-¿Qué haces? –pregunté.
-Soy tu abogado y en ocasiones tu representante legal, me estoy preparando para lo que me tienes que decir porque me parece que va a ser complicado para los dos –contestó y luego miró al mayordomo-. Harris, por favor, tráeme la tablet para que pueda tomar nota de todo.
-Déjalo ya y escúchame, ¿quieres?
-Bien, explícate entonces.
-Estoy buscando al marido de Susan, y su nombre es Brandon Harper -dije esto último mientras le mostraba la foto del susodicho a mi amigo-. Lleva unos cuatro días desaparecido más o menos.

El abogado tomó la foto y la miró con detenimiento, luego mostró una expresión de no tener ni idea de quién era.

-Aquí viven más de ocho millones de personas, no esperes que pueda reconocer a ese hombre a simple vista –dijo antes de devolverme la foto.
-Lo suponía, y más siendo un científico. La cosa está en que no solo es Susan la que me ha contratado para encontrarle. Hay un alemán de por medio, un tal Karlheinz Ulrich.
-¿Un alemán? –preguntó tras arquear una ceja.
-Sí. Y además es el actual dueño de Lance Chemicals. Brandon trabaja para él.

Harris trajo la tablet y mi amigo la tomó sin apartar la vista de mí. El mayordomo se retiró y Marcus empezó a escribir en el dispositivo con la ayuda de un puntero. Yo hice caso omiso de lo que él estaba haciendo y decidí continuar.

-¿Sabías algo de eso? –pregunté.
-No tenía ni idea. Como ya sabes han pasado muchos años desde que tuve que enfrentarme al señor Lance, y luego ya no sé qué fue de ese lugar.
-No recuerdo cuándo fue, pero un día mientras ojeaba Internet leí una noticia sobre la compra.
-Los europeos se creen capaces de llevar cualquier empresa y la mayoría no tienen ni idea. Aunque puede que ese tal Ulrich sea bueno para los negocios y quizá haya pensado en una inversión aquí ahora que Alemania vuelve a estar en una especie de auge.
-Marcus, ¿podemos centrarnos? No quiero que te me vayas por las ramas, ya que no me importa ni la economía ni la política.
-Puede ser importante, Jack.
-No, escucha, necesito que me ayudes con esto. Ya le he pedido un favor a Steve y ahora te lo tengo que pedir a ti.
-¿Y bien?
-Búscame información sobre ese tal Karlheinz Ulrich y lo referente al traspaso de Lance Chemicals.
-¿Qué esperas encontrar?
-Mira, Ulrich me dijo que Brandon estaba trabajando en un importante proyecto que aún está por clasificar. Cualquier móvil es válido, y podría ser que estuviésemos ante el caso de que una empresa rival quisiera «absorber» los conocimientos de manera forzada. Es por eso que quiero saber qué cosas movía el alemán, porque puede que esté metido en algo importante y que no quiera que salga a la luz.

El abogado se quedó algo pensativo ante mis palabras y luego asintió convencido. Después caminó hasta la cristalera más cercana y comenzó observar la panorámica de la ciudad. Fui hasta él y me quedé a su lado, manteniendo la taza con las dos manos para no desaprovechar el calor.

-Me sabe mal por Susan pero creo que deberías decirle que no va a volver a ver a su marido –dijo sin apartar la mirada del paisaje urbanístico-. Han pasado demasiados días. No olvides que soy abogado y sé cómo funciona todo esto.
-Eso suena pesimista incluso para mí.
-¿Sabes? Cada día miro a través de estas paredes de cristal y me encanta ver que todo es tan insignificante. Es como si fuese un dios mirando desde el cielo.
-Sí, ya sé lo que te gusta mirar por aquí –dije antes de pegar otro trago.

Marcus se giró hacia mí y me dedicó una sonrisa perfecta antes de volver a articular palabra.

-Amigo mío, la vida son dos días y hay que aprovecharlos.
-Supongo que sí –dije tras echar un vistazo al fondo de la taza.
-Tengo que irme al despacho –dijo tras posar una mano en mi hombro-, hablaremos cuando tenga algo.

Tras eso, caminó unos pasos hasta el pasillo más cercano y se encontró de frente con su mayordomo.

-Harris, que el chófer lleve a Jack a su casa. Encárgate también de que lleven el mejor ramo de flores a Karen, a la misma dirección.
-Ahora mismo, señor Foreman.

Eché un último vistazo a la ciudad desde aquella perspectiva y luego miré la taza antes de pegarle el último trago.

-Hasta pronto –se despidió Marcus-, amigo mío.
-Nos veremos, y gracias por el café –me despedí mientras le mostraba la taza en forma de agradecimiento.

Aproveché el trayecto en limusina para pensar en mis siguientes movimientos, y una vez en casa empecé a llevarlos a cabo. Busqué la nueva dirección de Lance Chemicals para ir a hacer una visita al lugar y las cercanías, más que nada porque desde la recompra de la empresa esta también se había reubicado. Sin embargo, antes de eso decidí ir a visitar el antiguo emplazamiento de la empresa dónde yo había trabajado.

Empezó a llover al poco de llegar. El edificio industrial de dos plantas estaba en un estado lamentable. La fachada estaba caída en varios sitios y tras entrar pude ver que la mayoría del techo se había caído, dejando que la lluvia entrara sin problemas. Por ello no era un buen lugar para que los vagabundos lo utilizaran como cobijo, y más cuando en esta zona había más de un edificio abandonado en mejores condiciones.

Me adentré con la ayuda de una linterna porque la luz natural era insuficiente en algunos rincones, y entonces me di una vuelta por dentro hasta que llegué a la parte de almacén dónde solía trabajar. La puerta preparada para recibir carga de camiones se encontraba delante de mí, y aún permanecía cerrada debido a que sin energía eléctrica era imposible moverla. Eché un vistazo por las esquinas sin encontrar algo interesante o señales de movimiento. Desde abajo pude ver la zona de laboratorios y oficinas situadas en el piso superior, que también habían sido afectadas en gran parte por el desprendimiento. Sentí que estaba perdiendo el tiempo y por ello decidí marcharme a la nueva Lance Chemicals.

Perdí la noción del tiempo con tantas cosas en la cabeza. Pasado medio día y de camino al lugar, tuve que hacer una parada para comer algo y de paso aprovechar para avisar a Karen de mi ausencia. Guiado por los mapas que había impreso, encontré el edificio que estaba buscando casi en las afueras de la ciudad. Al parecer no eran más que unas oficinas modernas que habían sido reformadas para disponer también de un buen almacén de químicos y varios laboratorios. Los empleados disponían de un buen y exclusivo aparcamiento, y los camiones no tendrían ningún problema para maniobrar por el recinto. Karl había tomado una buena decisión al escoger este lugar, si es que él mismo no había sido el que se encargaría de las reformas. No encontré nada tras hacer una batida por la zona de los coches: ni huellas de neumático, ni manchas, ni alguna señal de forcejeo… nada. Evité conversar más de la cuenta con uno de los guardias de seguridad al decirle que me había equivocado de lugar. Al final y antes de volver, eché un vistazo desde la lejanía, para una vez más observar el lugar desde un plano más general.

Mi teléfono móvil sonó y me metí dentro del coche para contestar la llamada. Me lo pensé varios segundos al ver que era un número que no conocía.

-Jack Tacker.
-Buenas tardes Jack –dijo la voz del otro lado que reconocí como la de Karl.
-Buenas tardes Karl.
-Quería decirle que ya estamos acabando de reunir toda la documentación que nos pidió, y mañana a primera hora mi secretaria se la acercará sin falta al lugar que me indique.
-Perfecto. Que la traiga a Woodward St, esquina con Grand St., no tendrá problemas para encontrar la casa porque pone el apellido en el buzón.
-De acuerdo. Que pase buena tarde y tenga buena noche.
-Igualmente, Karl.

Colgué el teléfono y después grabé el número en la agenda. No tardé en ponerme a conducir dirección a casa.

Se había hecho tarde y la ausencia de luces encendidas me indicó que la pelirroja no estaba, algo que terminé de comprobar una vez dentro. Karen me había dejado preparado algo de cena en la cocina, justo al lado de un jarrón con un ramo de flores que supuse que era el que Marcus había encargado. Encontré una pequeña nota pisada por el plato de comida, y esta decía: «He ido a ver a mi hermano y mis sobrinos. Intentaré volver ponto. Gracias por las flores, eres el mejor». Suspiré, y entonces me maldije a mí mismo al darme cuenta que incluso leyendo la nota: estaba pensando en el caso.

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comentarios
  1. taniki dice:

    las empresas químicas ya se saben que no son buenas… siempre puede haber alguna fuga o algún “contratiempo”….. esperando con ganas el próximo!!

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