Capítulo 3: Steve

Publicado: 16 febrero, 2014 en Némesis

Capítulo 3: Steve

Estaba de suerte. Steve me había dicho dónde se encontraba, y era cerca de una de las paradas que hacía el autobús en el recorrido. Al parecer le habían dado un aviso a él y su nueva compañera para dar apoyo a unos novatos, y ya llevaban un rato allí. De ese modo, lo único que tuve que hacer fue bajarme cerca y caminar hasta el lugar, que simplemente estaba a un par de manzanas a distancia de la parada. La calle no estaba bien iluminada por culpa de alguna que otra farola en mal estado, y en ese momento además estaba poco concurrida. No era muy tarde, pero el frío y la mala previsión del tiempo ya había hecho que la gente buscara cobijo en sus casas. Desde lejos pude ver un par de coches frente a una tienda, uno de ellos era el reglamentario del cuerpo de policía y el otro estaba sin rotular.

Una vez más cerca ya pude ver a Steve, que parecía estar mirando a la nada mientras se apoyaba en la puerta abierta del coche que no estaba rotulado. Mi amigo llevaba puesto uno de sus trajes baratos que usaba para trabajar, con unos zapatos, y por supuesto la americana abierta. La compañera de mi amigo estaba a unos metros de distancia, junto a dos policías de uniforme que parecían estar cacheando a dos hombres vestidos con ropa negra variada. Supuse, que estos últimos eran los que habrían intentado atracar la tienda.

-¡Steve! –exclamé al verle y alcé una mano.
-¡Jack! –exclamó él tras girarse hacia mi dirección y percatarse de mi presencia.

Una vez a su lado, nos estrechamos la mano y luego nos dimos un rápido abrazo. La verdad es que le favorecía el pelo corto y la perilla que últimamente se estaba dejando, incluso teniendo el pelo tan oscuro y la piel bronceada, fruto de sus raíces de Centroamérica. El problema era la barriga que cada vez se le iba notando más, y que Marcus siempre se lo achacaba a «la vida de casado».

-¿Qué tal hermano? –preguntó mientras mantenía una mano en mi hombro.
-No me quejo –contesté-, algo liado, diría.
-¿Liado? ¿En serio?
-Estoy metido en un caso.
-Me alegro, Jack.
-Oye, quería comentarte…

La compañera de Steve se acercó para interrumpirnos, y entonces fue cuando la pude ver bien. Era una mujer que seguramente pasaba la treintena, con el cabello largo y rizado, y de un dorado tan natural que no había visto nunca. Sus ojos eran azules como un cielo despejado, tan bellos que podría competir con los verdes de Karen, aunque su expresión ceñuda borró rápidamente esa imagen. Vestía un traje chaqueta con falda y unos zapatos de tacón, lo que me hizo suponer que quizá su trabajo era más de oficina.

-López, estamos aquí para ayudar a estos agentes, no para hablar con transeúntes –dijo sin ningún tipo de problema.
-Tranquila Green –dijo Steve tras girarse hacia ella y alzar ambas manos-, Jack es un amigo.
-¿Un amigo? –preguntó ella y luego me miró.
-Sí. Te presento a Jack Tacker. Jack, ella es la detective Rebecca Green, mi nueva compañera desde hace escasas semanas.

La detective ni se inmutó cuando fui a darle la mano.

-No me mal interprete señor Tacker –dijo mientras me miraba a los ojos-, no es que no pueda decir que es un placer conocerle, es simplemente que estamos trabajando.
-Oh, sí… -dije tras meterme la mano en el bolsillo al ver que ella no me correspondió- Lo entiendo…

De repente un ruido nos alertó, pero no con suficiente antelación como para preveer lo que se nos vino encima. Al parecer uno de los atracadores que aún no tenía las esposas puestas empujó al policía que estaba a punto de esposarle, y este último cayó encima su propio compañero. El criminal aprovechó tan bien la situación que con el mismo empujón le robó el arma reglamentaria al policía, que había olvidado poner el seguro a su pistolera. Rápidamente Steve se abalanzó encima de los hombres de negro pero tan solo consiguió agarrar a uno, mientras que el otro salió corriendo arma en mano y como alma que llevaba el diablo. Intenté mantenerme al margen hasta que vi que la situación se descontroló demasiado, y entonces salí corriendo detrás del hombre armado mientras los tacones de la detective Green resonaban detrás de mí, intentando alcanzarnos. La mujer trataba de dar el alto con todas sus fuerzas pero no consiguió que el hombre se detuviera. Al final, este giró hacia una pequeña calle sin salida y se ocultó tras un contenedor de basura que había al fondo. Yo también giré como él, y aproveché la cobertura de un contenedor más cercano para poder observarle desde la distancia.

-¡No te acerques! –gritó, resonando en toda la calle debido al silencio- ¡Dispararé!

La detective llegó justo en ese momento y se puso a mi lado. Fue más sorprendente para mí ver que sus tacones habían aguantado, que el hecho de que ya tuviese el arma en sus manos.

-Manténgase al margen de esto, señor Tacker –me dijo en voz baja-. ¡Suelte el arma y entréguese! –exclamó después en dirección al fugitivo.
-¡No pienso hacerlo! ¡Y menos acompañada de ese! –se escuchó desde el otro contenedor.
-¿De qué habla? –me preguntó ella, extrañada.

Steve se nos añadió y ya casi no cabíamos en la cobertura. Mi amigo también llevaba el arma en las manos.

-El otro ya está custodiado por los agentes. Hemos de hacer salir a este –dijo a Rebecca en voz baja.

Ella asintió con la cabeza, pero yo no estaba para nada convencido con la situación. Mi acto de salir corriendo detrás del criminal fue claramente impulsivo pero también por otro motivo, y es que me preocupaba que algún inocente se cruzara en su camino y acabara herido, o peor aún: muerto. Si dejaba que Steve o Rebecca se encargaran de esto, tenía serias dudas de que la situación llegara a acabar bien. Así que abandoné la cobertura tras alzarme con decisión y sin dudarlo dos veces, y acto seguido avancé unos pasos hacia el criminal.

-¡Vuelva señor Tacker! –exclamó Rebecca- ¡Maldito sea!
-¡Jack! ¡¿Qué cojones estás haciendo?! –hizo lo propio Steve.

Avancé un poco más y él disparó relativamente cerca de mis pies, a modo de advertencia. Es de estúpidos ponerse delante de alguien que maneja un arma cargada, pero había calculado que más o menos dejaría sin ángulo de disparo a mi amigo y su compañera. Conseguí poder ver mejor al atracador gracias a los pasos que había avanzado y entonces pude concentrarme en él. Automáticamente empecé a notar como mi piel se iba endureciendo mientras que la sangre bombeaba con fuerza y me hacía sentir con vigor y lleno de energía.

-¡No te acerques más! –gritó el hombre- ¡No te acerques más! ¡Joder! ¡Dispararé!

Levanté ambas manos lentamente, más o menos hasta la altura del pecho.

-No voy armado, ni me voy a acercar más –dije con un tono calmado-. Pero por favor, haz caso a los detectives y suelta la pistola.

Entonces salió de detrás del contenedor mientras no dejaba de apuntarme. Más que un hombre, era un joven que quizá llegaría a los veinticinco. Su complexión era fuerte, vestía de negro con ropa variada, llevaba la cabeza rapada, y su piel era de color claro. Podía oír a Rebecca y Steve discutir más atrás y en voz baja, me daba la sensación de que no estaban de acuerdo en cómo actuar debido a lo que hice.

-Sé quién eres –dijo-. Te vi por la tele hace muchos años, en las noticias.
-No sé de qué me hablas –dije-. Por favor, suelta el arma.
-¡No intentes joderme! –exclamó- ¡En las noticias dijeron que te dispararon y no te pasó nada!
-Cálmate, en serio.

Abrió fuego unas tres y hasta cuatro veces, y tan solo dos balas impactaron en mí. La primera me produjo una rascada en la frente y la segunda me impactó en el pecho, perforando entonces mi gabardina y la camisa. La tensión se apoderaba de mi cuerpo una vez más, porque aunque fuese la segunda vez que me habían disparado en toda mi vida: sentía que jamás podría acostumbrarme.

-¡No te acerques más, monstruo! –gritó totalmente nervioso y con el pulso tembloroso- ¡Vaciaré el cargador si es nece…!

Se escuchó otro sonido de disparo que procedía de detrás de mí, y la bala impactó directamente en la cabeza del joven. Este cayó como un peso muerto en el sucio asfalto y la sangre empezó a brotar del orificio, formando un charco poco a poco. Me giré y pude ver que la detective aún mantenía el pulso firme tras haber abierto fuego. Tras eso, cerré los ojos lentamente mientras me sentía totalmente decepcionado por lo que acababa de ver. Mi cuerpo se relajaba y la piel dejaba de estar dura, sintiendo también una especie de descanso para mis músculos cuando la sangre dejó de bombear con fuerza. La rascada de la frente me quemaba, el impacto del pecho me dolía como si me hubiesen golpeado con una piedra pequeña.

-Jack –dijo Steve tras acercarse y zarandearme un poco- ¡Jack!

Abrí los ojos y lo miré fijamente.

-¿Qué? –pregunté con tono apagado.
-¿Estás bien?

Asentí sin mediar palabra.

Rebecca había ido hasta el cuerpo del criminal y ni tan siquiera se molestó a tomarle el pulso tras ver el impacto que había conseguido. Por lo menos se dio cuenta de lo que había hecho, o al menos me lo pareció tras ver que se quedó unos instantes pensativa delante del cuerpo. Después se acercó a nosotros y cogió los restos de ambas balas que me habían impactado, para examinarlas con suspicacia antes de mirarme fijamente.

-¿Está bien señor Tacker? –preguntó mientras guardaba ambas balas dentro de su puño.
-Que sí, joder. –respondí de mala gana.

Ella cogió aire y lo expulsó lentamente. Luego se dirigió a Steve.

-Hay que notificar todo esto, López –dijo ella.

Steve asintió.

Pasado un buen rato y tras responder a decenas de preguntas por parte de los sanitarios, me encontraba inmerso en mis pensamientos, tapado con una manta, y sentado en la parte trasera de una ambulancia. Tomaba algo que decían que era café, pero para mí era lo peor que había probado en mi vida. Steve vino hasta mí tras acabar toda su faena. El pobre se tiró un buen rato entre papeleos, explicaciones, y demás cosas con otros policías que llegaron tras los hechos.

-¿Qué tal? –preguntó.
-Asqueroso –le dije tras mostrarle la taza, y acto seguido, vaciarla en el suelo.

Esbozó una débil sonrisa.

-Me refiero a eso –señaló mi frente-, y eso –señaló el agujero de la gabardina.
-No te preocupes. Esto de aquí –me señalé la frente-, es como si algo de metal caliente me hubiese rascado un poco. Y esto –me señalé el agujero-, hará que mañana tenga un cardenal.
-¿Quieres hablar sobre lo que ha pasado ahí detrás? –preguntó mientra señalaba al callejón con el dedo pulgar.
-¿Qué esperas que te diga? –respondí con una pregunta tras encogerme de hombros- ¿Qué tu compañera es de gatillo fácil? Por no decir otra cosa…

Rebecca irrumpió en escena. Y aunque sabía que había escuchado mis palabras, me importaba una mierda.

-Lo hecho, hecho está, señor Tacker. Mi deber era protegerle tras los disparos que él fugitivo efectuó sobre usted –dijo firme, aunque en cierta forma parecía intentar excusarse.

Miré hacia otro lado y suspiré profundamente mientras me frotaba las sienes. Quería que ella se marchara y nos dejara en paz, entre otras cosas porque yo no me encontraba de humor.

-Me gustaría saber qué es usted, si no le importa. Porque esto… -dijo tras abrir la palma y mostrarme las dos balas chafadas que había cogido antes- No es normal.
-Más humano que tú –respondí tras girarme para mirarla-, desde luego.
-Señor Tacker, en el callejón no se mantuvo al margen faltando el respeto a la autoridad con tal acto. ¿Quiere acabar en comisaría? Lo pregunto porque las faltas de respeto no me gustan. Además…

Ella se calló de golpe al ver que yo le mostré las muñecas de manera que pudiera colocarme las esposas, entonces frunció el ceño y sin dudar ni un segundo hizo ademán de sacarlas. Steve se puso delante de la mujer, frenándola con ambas manos.

-Green, ya basta –dijo-. Jack, lo mismo –me dijo luego a mí tras girarse levemente.
-López, estoy cansada de tu amigo y no pienso tolerarle ninguna más.
-Mira Becky –pronuncié el diminutivo de su nombre con cierto tono despectivo-, ya has hecho bien tu trabajo y yo no tengo más ganas de seguir aquí. Quiero hablar a solas con el detective López, que es para lo que en un principio vine aquí.

Ella me señaló y antes de que dijera nada, Steve la mantuvo de nuevo. Me dedicó una mirada fulminante y luego se dio la vuelta, dejándonos a solas por fin.

-Menudo carácter –dije-. A su lado, tu mujer parece todo un ángel.
-Dímelo a mí –dijo tras suspirar-. Ahora tendré que explicarle lo tuyo.

Bajé del borde de la ambulancia y dejé la manta a un lado, después avancé unos pasos hasta mi amigo y saqué la foto de Brandon de dentro de uno de los bolsillos de la gabardina.

-¿Quién es? –dijo Steve tras tomar la foto.
-Brandon Harper, el marido de Susan Lee –respondí.
-¿Susan? ¿Tu Susan?
-Sí, «mi Susan» -maticé las comillas con un gesto de la mano-. Al parecer lleva unos tres días desaparecido, y me preguntaba si sabías algo.

Steve miró con detenimiento la foto, pero me la devolvió pasados unos segundos.

-Si está denunciado, estoy seguro que el caso le habrá caído a otra comisaría –dijo tras poner morros, junto a una expresión pensativa.
-Mi gozo en un pozo.
-¿En serio me estás diciendo que Susan te ha contratado?
-No solo ella. También hay un alemán de por medio, que no es más que el jefe del tío este –hice un tic con el dedo encima de la foto-. ¿Y sabes quién es? Su nombre es Karlheinz Ulrich, actual dueño de Lance Chemicals.

Por la manera en que Steve abrió los ojos de golpe, quedaba claro que se había sorprendido al oír mis palabras.

-Menuda coincidencia –dijo tras parpadear-, no sabía que Lance Chemicals se había alzado de nuevo. Mira, puedo tratar de dar con los detectives que estén llevando el caso si es que los hay –dijo Steve tras cruzarse de brazos-, aunque no creo que suelten prenda.
-No importa, olvida eso. Lo que necesito, Steve, es que me hagas un favor.
-Pide por esa boquita, hermano.
-Búscame todo lo que haya en vuestra base de datos sobre este tal Brandon Harper. ¿Podrás?
-Claro, será un descuido. Te llamaré cuando tenga la información.
-Gracias amigo, te debo una cerveza.

Él asintió mientras me dedicaba una sonrisa. Yo me giré para comenzar a marcharme.

-Dale recuerdos a Andrea, y a las pequeñas Lily y Rosa –dije mientras alzaba una mano a modo de despedida.
-Lo mismo para Karen, Jack.

Decidí volver a pie. La noche era oscura, fría, incluso había empezado a llover muy débilmente. Me arropaba como podía con la gabardina, y veía como el vaho salía con cada respiración. Me paré en un restaurante de comida rápida cuando me entró hambre con la intención de echarme algo al estómago.

No fui consciente de lo que tardé en llegar a casa porque no miré el reloj en ningún momento, aunque supuse que era bastante tarde porque Karen ya se había acostado. Ni siquiera había pensado en llamarla para decirle que no iba a ir a cenar porque me había pasado todo el camino dando vueltas a lo que pasó en el callejón. Me metí en al cama de la manera más silenciosa que pude y luego me arrimé a la pelirroja para abrazarla por detrás. A pesar de que sabía que ella iba a seguir durmiendo como un tronco, deslicé mi mano libre hasta su cabello para jugar con él entre mis dedos con la intención de relajarme. La envidié en ese momento, porque para mí era imposible conciliar el sueño. No dejaba de pensar, porque al fin y al cabo, ¿qué habría pasado si las balas me hubiesen atravesado?

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comentarios
  1. taniki dice:

    oh! me ha encantado!! pero deja de buscar al marido que esta muerto fijo!!!

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