Capítulo 2: El reencuentro

Publicado: 6 febrero, 2014 en Némesis

Capítulo 2: El reencuentro

Mis nudillos golpearon con energía en la puerta principal de la casa de Susan. Ya de camino aquí pude observar como quedaba poco rato de luz natural, con el añadido de que se podían apreciar varias nubes de color gris en el cielo.

-¡Hola! –saludó Susan con énfasis tras abrir la puerta.

Y ahí estaba Susan Lee tras casi diez años sin verla. Parecía que el tiempo no había pasado para ella, conservando esos rasgos ligeramente orientales heredados de sus abuelos y que le daban un cierto atractivo exótico. Llevaba su pelo negro y largo recogido con una cola de caballo, y vestía un grueso suéter de cuello alto, unos tejanos algo gastados, y unas zapatillas de color blanco.

-Cuanto tiempo –dije.
-Se supone que has de decir «Hola», o algo parecido –dijo ella tras sonreír levemente.
-Claro –me froté la cara-. Hola.

Ella se echó a un lado y con un gesto de la mano me ofreció pasar. Asentí con la cabeza en forma de agradecimiento y crucé la puerta principal, quedando ambos en la entrada.

-Te veo más delgado –dijo ella tras cerrar la puerta-, más de lo que estabas. Y esas ojeras…
-Olvídalo. Llevo unos días que duermo poco –dije mientras acompañaba mis palabras con un movimiento de la mano para restar importancia.

La entrada era más amplia que la que teníamos Karen y yo en nuestra casa. Al parecer a Susan le habían dejado de gustar los adornos, o simplemente llevaba poco tiempo viviendo aquí. Tenía un mueble con varias fotos cerca de las escaleras que llevaban al segundo piso, y de entre todas las que vi y dejando de lado las de familiares, la que más me llamó la atención fue una en la que aparecía ella junto a un hombre que yo no reconocí a simple vista.

-Quería comentarte que no vamos a estar los dos solos –dijo Susan antes de que yo pudiera preguntar sobre la foto.
-¿Qué quieres decir? –pregunté tras girarme hacia ella.
-Pasemos y lo verás –dijo a modo de respuesta.

Cruzamos la puerta que daba al salón y antes de que pudiera echar un vistazo analítico, lo que me llamó la atención fue otra cosa. Había un hombre sentado en una de las butacas cercanas a la chimenea, y este se levantó para recibirnos en cuanto nos vio entrar. Con él de pie, pude ver que se trataba de un hombre alto y con sobrepeso debido a la gran panza que le acompañaba. Su rostro mofletudo iba en conjunto con unas gafas grandes y redondas, y una barba poblada pero arreglada que no le favorecía nada con el pelo corto y peinado a un lado, pasado de moda. Era obvio que el traje que portaba era a medida debido a su físico, y en cuanto a edad, más o menos supuse que debería estar cerca de los sesenta debido al color grisáceo de su cabello.

-Permíteme que te presente al señor Karlheinz Ulrich –dijo Susan acompañada de un gesto con la mano.
-Es un placer para mí conocerle, señor Tacker –dijo el señor Ulrich-. La señorita Susan me ha hablado muy bien de usted.

Aunque el señor Ulrich me habló en un perfecto inglés a pesar de que los mofletes le jugaban una mala pasada para expresarse, su acento alemán quedó patente en todo momento.

-Bueno… -comencé a decir al mismo momento en que me giré hacia Susan, y luego, me volví a dirigir al alemán antes de continuar- No creo que estemos aquí para hablar de eso.
-Claro que no, no se preocupe –dijo él tras alzar levemente las manos a modo de disculpa-. Y por favor, puede llamarme Karl sin ningún tipo de problema, supongo que le resultará más fácil pronunciarlo.
-Se lo agradezco. Entonces Karl, perdóneme la indiscreción, ¿pero qué hace usted aquí?
-Por favor, sentaos y os traeré algo para beber –interrumpió Susan-.

Él y yo asentimos y luego tomamos asiento. Aproveché el silencio momentáneo para terminar de echar un vistazo al salón. Detrás de mí pude ver un gran cuadro de boda donde aparecía Susan junto a un hombre. Este parecía tenerlo todo: era alto, sonrisa perfecta, bien peinado, piel ligeramente bronceada, y el traje de boda le iba como anillo al dedo en un físico envidiable. Tanto él como ella sonreían tanto que la felicidad de ambos se vería desde aquí hasta la otra punta del país. Entonces caí en que era el mismo tipo que había visto en la otra foto del mueble de al lado de las escaleras, y que no llegué a reconocer en aquel momento.

Enseguida llegó Susan con una bandeja y las bebidas, que como buena previsora que siempre había sido, quedó claro que ya había preparado las cosas de antemano. Tras servir todo, ella acercó una silla y se sentó junto a nosotros. Tanto Karl como yo intentamos evitarlo para cederle una de las butacas, pero ella se negó en rotundo, así que procedimos a continuar con el asunto pendiente.

-Escucha Jack –comenzó a decir Susan-, Karl y yo pagaremos tus honorarios. Es algo que hemos pactado.
-Hablemos primero de lo que tenemos entre manos, y ya habrá tiempo para hablar del dinero -dije claro.

El alemán miró a la mujer y ella emitió un suspiro. Luego, este se sirvió un vaso de agua y tomó un trago justo antes de que Susan empezara a relatar.

-Mi marido, Brandon Harper, desapareció hace tres días. Fue a trabajar y no volvió a casa tras acabar su jornada.
-¿Y qué hay de sus compañeros de trabajo? –pregunté directo.
-Verá, señor Tacker… -comenzó a decir Karl antes de que yo le interrumpiese.
-Por favor, llámeme Jack, y más si yo a usted puedo llamarle Karl.
-Pues verá, Jack, el señor Harper trabaja para mí desde hace unos cuantos años –continuó-. Es por eso que yo quiero pagarle los honorarios conjuntamente con la señorita Susan. Para mí, él es un hombre muy valioso como persona y como trabajador, y Lance Chemicals creo que podrá verse resentida con su ausencia si no lo encontramos pronto. Por lo que sé de lo que me ha preguntado, sus compañeros de trabajo aseguran haberse despedido de él como otro día habitual en la última vez que lo vieron.

Hace mucho tiempo había leído una noticia de que Lance Chemicals fue comprada por un empresario de Europa. Me quedó claro que era el hombre que tenía delante.

-Es típico que en todos los casos haya un gran vacío de información. Es algo que va con el oficio –dije antes de dedicarle una media sonrisa-, y es por eso que hay que llevar a cabo una investigación.
-Entiendo, Jack.

Giré mi cabeza hacia Susan y la miré fijamente a los ojos antes de preguntarle.

-¿Qué hay de la policía? ¿Por casualidad es un caso que esté llevando Steve?
-¿Steve López? –respondió ella con una pregunta, para asegurarse de que tanto ella como yo nos referíamos a la misma persona.
-Sí, Steve. Ya sabes.
-La verdad es que no, y me temo que la policía poco va a hacer. Supongo que para ellos no es más que otro caso de desaparición o secuestro en la gran lista que deben de tener.
-Me lo imagino, y lo siento.
-Por eso hemos recurrido a ti.

Asentí lentamente con la cabeza y luego me frote las sienes. Después suspiré.

-¿A qué se dedica el señor Harper en vuestra empresa? –pregunté a Karl.
-Es uno de los científicos más brillantes, está al cargo de un grupo de desarrollo.
-Un empleado modelo.
-En efecto.
-¿Y en qué trabajaba?

Karl echó una mirada a Susan y luego me miró a mí.

-El señor Harper trabajaba en un importante proyecto de carácter aún sin clasificar.
-¿Sería posible que estemos ante el primer acto de una guerra entre empresas? ¿Qué tal la competencia?
-Abrumadora, diría. Incluso en los malos tiempos que corren para la resentida economía.

Asentí a las últimas palabras de Karl y luego cogí aire.

-Bien. Me gustaría en la medida de lo posible que me pasara toda la documentación sobre la situación actual de Lance Chemicals en el mercado, y también la de todos sus competidores directos. ¿Han tenido problema con alguien en particular?
-No tengo constancia de ello, al menos de manera pública.
-Entonces por esa parte –dije tras volver a asentir-, ya podría empezar. También necesito información personal del señor Harper, así que me gustaría tener un poco de charla a solas con Susan si no le importa.
-Desde luego que no –dijo él tras alzar las manos-. Y aquí le dejo mi teléfono para todo lo que pueda ayudar –sacó una tarjeta del bolsillo de la americana y con un dedo la deslizo por la mesa hasta mí.
-Estaremos en contacto entonces, Karl.

El hombre asintió y pronto cogió su abrigo. Acto seguido se despidió de nosotros, y Susan lo acompañó hasta la puerta mientras yo aprovechaba esa pausa para reflexionar un poco. Ella no tardó en volver, y tras coger su bolso se sentó en el lugar donde había estado Karl. Antes de que yo pudiese articular palabra, Susan cogió un cigarro de dentro del bolso y lo encendió con un mechero que había encima de la mesita.

-¿Qué haces? –pregunté.
-Estoy muy nerviosa –se excusó tras la primera calada.
-Dejamos de fumar juntos hace años, Susan.

Ella emitió un suspiro y yo negué con la cabeza. Estaba claro que la pobre mantuvo la compostura delante de Karl.

-Estoy nerviosa, me siento sola, y temo mucho por Brandon –dijo antes de pegar otra calada.
-¿Estabais bien? ¿Hay alguna razón por la que él pudiese haber querido desaparecer?
-No creo. Nunca hemos tenido problemas salvo lo típico de las parejas. Y estamos felizmente casados.
-Entiendo. ¿Y sabes de alguien que podría querer hacerle daño? ¿Tenía enemigos?
-No lo sé. De ser así yo no sabía nada al respecto. Y Brandon y yo tenemos una relación en la cual nos explicamos todo.
-¿Absolutamente?
-Absolutamente. Además él siempre ha sido un buen hombre y no creo que nadie quisiera hacerle daño.
-¿Y últimamente tenía algún problema o se comportaba de manera extraña?
-Mucho trabajo, pero supongo que hoy en día es lo habitual. Por el resto en casa se comportaba como siempre.
-¿Qué hay de su teléfono móvil?
-Apagado y fuera de cobertura.
-¿Y cuánto hace que trabaja en Lance Chemicals?
-Al poco de que el señor Karlheinz comprara la empresa. De hecho, Brandon recibió un par de ofertas antes de aceptar trabajar para él.
-¿Sabes algo de la relación que tenían?
-Según Brandon, el señor Karlheinz es un hombre que mira mucho por su dinero pero de igual manera por sus trabajadores. Y aunque no han tenido una relación más allá de lo laboral, siempre me ha dado la sensación de que se llevaban bien. De no ser así, no creo que el señor Karlheinz tuviese tanto interés por encontrarlo, ¿no crees?
-En mi opinión, Karl sabe que tu marido es un diamante en bruto y creo que no quiere perderlo.
-¿Insinúas que es solo por eso?
-Es pronto para que yo insinúe o me haga mis propias conjeturas, pero ya llegaré. No nos desviemos. ¿Tienes idea de qué va el proyecto aún sin clasificar que mencionó Karl?
-Me temo que no –negó con la cabeza, y luego pegó otra calada antes de continuar-. A Brandon no le gustaba perder mucho el tiempo hablando de trabajo en casa, siempre decía que no le ayudaba a desconectar si hablaba de su jornada.
-Necesitaré alguna foto o algo similar. ¿Tienes algo que me pueda servir?

Susan asintió con la cabeza, y luego se levantó del asiento. Salió del salón durante un momento y volvió con una fotocopia en blanco y negro de una foto de Brandon.
-La policía me recomendó hacer copias para cuando preguntara por él –dijo después de entregarme la hoja.
-Bien –dije tras doblar la fotocopia y guardarla en un bolsillo de la gabardina-. Creo que con esto ya puedo comenzar a moverme.

Acto seguido me levanté y Susan aprovechó para apagar la colilla en un cenicero.

-Oye, al margen de todo esto… -comencé a decir mientras la miraba apagar el cigarro- ¿Qué le dijiste exactamente a Karl sobre mí?
-Que eras un investigador privado con mucha reputación en la ciudad, y que habías resuelto muchos casos.
-¿Y sabes que no es así, verdad? –pregunté tras aguantarme la risa.
-No lo sé. Dímelo tú.
-Llevo unos cinco años con la licencia en activo para trabajar como investigador privado, y en todo este tiempo solo he resuelto unos seis casos. Podría ser generoso y decir que más, pero creo que no sería justo añadir a ese número los casos de mascotas perdidas. Debo ser lo más patético de las estadísticas de la profesión, si es que las hay.
-Supongo que es un trabajo complicado y con mucha competencia.
-¿Le dijiste algo sobre que yo estuve trabajando en Lance Chemicals? –pregunté cambiando de tema.
-No lo creí necesario. Al fin y al cabo cuando tú trabajaste allí la empresa estaba dirigida por el señor Scott Lance, y no creo que eso tenga alguna relación con lo de Brandon después de tanto tiempo. Es más, no quería arriesgarme a que el señor Ulrich tuviese algún prejuicio sobre ti por ese detalle.

Llené un vaso de agua y luego me lo bebí de un trago.

-Verás Susan, me gustaría saber por qué contactaste conmigo.
-Necesito alguien en quién confiar, Jack.
-No he sabido nada de ti durante muchos años.

Ella emitió un profundo suspiro tras mirar a un lado, pero después me miró para continuar.

-Estuvimos mucho tiempo juntos, Jack. Sabes que nos conocemos bien, y no dejaría la vida de mi marido en manos de un desconocido si puedo tener una opción mucho mejor. Además, siempre dijiste que lo que querías era ayudar a la gente…

Tenía lo de Susan muy superado, pero aún así sus palabras retumbaron en mi cabeza. No la culpaba por lo que pasó años atrás y no la culparía en ningún momento, pues de haber sido la situación a la inversa seguramente yo también hubiese pasado mucho miedo en ese momento.

-Es lógico –dije.
-Como te podrás imaginar, no me encuentro muy bien mentalmente. De hecho, todo esto está siendo muy estresante y me gustaría intentar descansar algo.
-Claro –dije tras asentir-. Si hay algo más que creas que pueda servir para esto, llámame y házmelo saber sin falta.

Ella se levantó y me acompañó hasta la puerta de la entrada. Una vez allí, abrió y yo salí.

-Descansa, Susan –dije tras dedicarle una débil y fugaz sonrisa.
-Oye, Jack –dijo algo dudosa-. ¿Todavía tienes…?
-Sí –contesté sin dejarla acabar-. Y no me impide llevar una vida normal.

Susan asintió con la cabeza.

-Me alegro. Cuídate Jack, nos veremos pronto –dijo antes de cerrar.

El sonido de la puerta fue como un punto y final a la tarde. El cielo estaba oscuro y el frío ya se empezaba a notar. Me arropé como pude con mi propia gabardina y caminé hasta la parada más cercana del autobús que podría llevarme hasta casa. Una vez allí, saqué mi teléfono y me dispuse a llamar a Steve. Tenía claro que iba a tener que tirar de contactos, y mi viejo amigo del instituto que era detective: sería de una gran ayuda.

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