Capítulo 1: El principio

Publicado: 30 enero, 2014 en Némesis

Capítulo 1: El principio

No había nada que odiara más que el sonido del despertador. Karen se había olvidado otra vez de cerrar la persiana y la luz entraba con mucha fuerza a través de la cortina. A veces la hubiese matado por ello, pero se me terminaban quitando las ganas cuando la veía dormir plácidamente. Tapada hasta el cuello y con la cabeza medio hundida en la almohada, hacía que su media melena pelirroja fuese lo único que podía ver de ella en ese momento. Pude ver en el reloj de la mesita de noche que eran pasadas las diez de la mañana, así que me levanté tras amagar un bostezo.

-¿Qué hora es? –preguntó Karen sin levantar la cabeza.
-Las diez pasadas, cariño –respondí.

Ella refunfuñó y luego se dio la vuelta para acabar dándome la espalda. No pude evitar esbozar una media sonrisa ante el gesto.

Mi cara era digna de un poema gris. Una vez frente al espejo del lavabo pude ver que aún tenía las ojeras que iba arrastrando desde hacía un par de días, y no solo eso, pues tampoco me ayudaba el hecho de no haberme afeitado por la falta de tiempo. Creo que ninguna de las dos cosas conjuntaba bien con mis facciones alargadas. Me tiré un buen rato ahí metido, ya que después de pegarme una ducha tuve que secar mi negra melena.

Al salir pude ver a Karen sentada frente a la barra de la cocina. Ella estaba desayunando un par de tostadas mientras movía una de las dos piernas cruzadas al ritmo de alguna música imaginaria en su cabeza. Tan solo llevaba puesto su pantalón corto de estar por casa junto a una camiseta de tirantes, aprovechando que estaba puesta la calefacción automática. Sus rasgos bellos y delicados se acentuaban con el sol que entraba a través de las ventanas, incluso recién levantada ella estaba preciosa.

-Buenos días dormilona –dije tras acercarme para darle un beso en la mejilla.
-¿Dormilona? –preguntó de manera retórica y luego continuó- Me levanté cinco minutos después de ti, pero al ver que tardabas decidí dejarte sin desayuno.
-Eh, eso no se hace.
-Tampoco tirarse una media hora en el baño y sin avisar –dijo esto último mientras me dedicaba una sonrisa y me miraba de reojo.

Intenté alcanzar la tostada que aún estaba intacta, pero ella me dio un leve manotazo.

-Ni hablar –dijo.
-Vale, vale…

Me acerqué a la tostadora y puse un par de rebanadas a calentar.

-El casting será al final de la semana, estoy segura –comenzó a decir tras acabarse la primera tostada-. ¿Me acompañarás?
-¿A qué hora es?
-Tarde. Antes de cenar.
-No hay problema, ya sabes que todavía estoy sin trabajo.

Ella asintió con la cabeza y luego dio un bocado a la segunda tostada. Entonces, el teléfono empezó a sonar justo cuando las mías salieron de la tostadora. Karen lo cogió para contestar, ya que era la que lo tenía más cerca de los dos.

-Residencia Tacker –dijo al descolgar-. Sí, Jack Tacker vive aquí. Ajá –asintió con la cabeza-. Y tanto, ahora mismo se lo paso.

No esperaba ninguna llamada a esas horas, y por la manera en que ella había contestado no parecía ser Marcus ni Steve. Reaccioné rápido al coger el aparato tras pensar que podría ser un cliente, no sin antes recogerme la melena con una goma del pelo.

-Jack Tacker –dije una vez tuve el teléfono pegado a la oreja.
-¿Jack? –preguntó la voz al otro lado a pesar de haber oído como me presentaba.

La voz me sonó en ese momento.

-Eh, sí… Soy Jack Tacker. ¿Y usted es?
-Susan –contestó la voz al otro lado.
-¿Susan?
-Susan Lee. ¿Ya no me recuerdas?

Y tanto que me acordaba.

-Oh, sí. Claro, perdona Susan. Verás, es que me acabo de levantar hace poco y…
-No, no te preocupes Jack… -interrumpió- Ha pasado mucho tiempo.

Se hizo un breve silencio. Karen me miraba de manera curiosa con sus ojos verdes, como una gata fascinada que observa las acciones de un humano.

-Bueno… ¿Y qué tal todo? –pregunté, aunque realmente no supe que preguntarle.
-Verás, leí y vi en el periódico a qué te dedicas ahora. Ahora eres investigador privado, ¿verdad?
-Sí. A eso me dedico ahora. Imagino que viste algún anuncio por ahí.
-Lo cierto es que sí.
-¿Y bien? ¿Qué necesitas?
-Se trata de una desaparición, o quizá un secuestro. Aún no lo tengo claro.
-¿Está la policía de por medio?

Susan se quedó callada mientras yo esperé una respuesta a la pregunta.

-Escucha Jack –dijo sin responder a la pregunta-, si pudiésemos vernos y hablar, creo que sería lo mejor.

Aguanté el teléfono con una mano mientras que con la otra tapaba el micrófono. Luego suspiré y finalmente mi mirada se cruzó con la de Karen. Ella me miró e hizo un gesto de «¿Qué pasa?».

-No hay problema, Susan –dije tras volver a colocarme el teléfono en la oreja-. Dime dónde y cuándo.
-De verdad, muchas gracias –agradeció ella, y luego tomó algo de aire para continuar-. Llevo unos años viviendo en el 140 de North St.
-Ahora anotaré la dirección –dije mientras buscaba un papel y algo para escribir-. ¿A qué hora?
-Te esperaré en casa después de comer. Gracias de nuevo, y hasta luego.
-Hasta luego.

El teléfono colgó con un sonoro «bip», y luego lo dejé encima de la mesa. Anoté la dirección en un papel y luego me giré hacia Karen. Ella, que ya había acabado hacía rato la tostada, apoyó la cabeza en un puño y seguía con la mirada clavada en mí.

-¿Y bien? –preguntó.
-Era Susan –dije a modo de respuesta.
-Sé que era Susan. Oí como decías su nombre y ella me dijo quién era antes de pasarte el teléfono.
-Pues eso…

Karen alzó un poco ambas cejas.

-¿Y qué quería? –preguntó otra vez.
-Al parecer quiere que le ayude con una desaparición o un secuestro.
-¿Así tal cual? ¿Sin pensártelo?
-¿Qué de malo tiene? La trataré como a una clienta.
-Entiendo. Como a una clienta habitual.
-Sí, claro.

La pelirroja asintió lentamente con la cabeza, y luego se llevó ambas manos a los muslos.

-¿Y no te parece un poco raro?
-¿El qué? –respondí con una pregunta, mientras separé las manos de mi cuerpo en un gesto de no entenderla.

Entonces ella suspiró sonoramente.

-¿No te parece extraño que te llame tu ex después de tantos años sin molestarse por saber algo de ti? –preguntó mientras arqueaba una ceja.
-Karen, ya sabes como acabó la historia. Y no la culpo ni la culparé por ello.
-Tan solo trato de decirte que quizá quiera aprovecharse de ti, ya que hay infinidad de investigadores privados en esta ciudad.
-Ya te he dicho que voy a tratarla como a una clienta. ¿Vale?

Ella volvió a asentir y luego se levantó del asiento. Después empezó a caminar en dirección al baño, hasta que entró en él. Yo sabía que no se había quedado muy convencida por lo que dije, pero también era consciente de que cualquier cosa que pudiese decir en ese momento iba a crear una discusión sin sentido. Así que, en un alarde de inteligencia matutina preferí mantener la boca cerrada al contrario de lo que hubiese hecho en otro momento.

Mi mente divagó entre recuerdos mientras me vestía. Pensé en ponerme algo fuera de lo habitual, pero al final acabé como siempre: camisa por fuera acompañada de una corbata sin apretar del todo, un pantalón de vestir, un par de zapatos negros, y una gabardina clásica de color beige para encima. Habían pasado casi diez años desde la última vez que había visto a Susan y pensaba en qué sería de ella y cómo le iría la vida.

Pude escuchar la radio de algún viajero durante el trayecto en transporte público y se anunciaban lluvias para los días venideros, eso haría que diesen pocas ganas de salir a la calle pues ya empezaba a hacer bastante frío al estar a mediados de otoño. Una vez llegado a la zona, me acerqué al restaurante más cercano y ahí estuve esperando hasta la hora de la cita. No veía bien su casa, pero al menos me podía hacer una gran idea de cómo sería debido al resto de edificios que poblaban la calle. Quedaba claro que durante estos años: Susan había tenido un buen sueldo.

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